Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dos Ideas, Dos Libertades
Selección de ContraPeso.info
1 marzo 2007
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: AmaYi
Catalogado en:


Decir que las ideas tienen consecuencias es establecer una realidad innegable, que en el caso que ocupa esta carta resulta un ejemplo muy ilustrativo. En la actualidad existen agrias discusiones sobre la libertad, a las que podemos considerar un asunto de los tiempos modernos, pero que en verdad vienen de tiempo atrás. De hace unos siete siglos, cuando dos frailes crearon dos ideas sutilmente diferentes, cuyas repercusiones tiempo después llevaron a posiciones extremadamente diferentes.

Ha sido usado el ejemplo de dos aviones que parten de un mismo lugar a la misma hora y con una diferencia mínima de rutas. Si ambos mantienen su ruta, la distancia entre ellos se vuelve cada vez más amplia. Algo así sucedió con esos dos religiosos. Para muchos sus ideas podrán parecer elucubraciones inútiles y similares, sin embargo la realidad actual sería inexplicable sin las consecuencias de las ideas de Aquino y Ockham.

La idea de esta carta está tomada de la obra de Weigel, George (2005).The Cube And The Cathedral : Europe, America, And Politics Without God. New York. Basic Books. 0465092667, capítulo Two Ideas of Freedom, pp 78-86.

Aunque el tema general del libro es el clima cultural, moral y religioso de Europa, éste será puesto de lado para examinar la idea de dos nociones de libertad. La discusión se centra pues en las diversas ideas de libertad que se tienen en la actualidad.

Y lo primero que dice Weigel es que no se trata de una cuestión actual, ni siquiera inició en el momento de la Ilustración, sino tiempo antes, en la Alta Edad Media. Comenzó con las ideas de dos religiosos, Santo Tomás de Aquino y Guillermo de Ockham. La libertad del siglo 21 inició en realidad en el siglo 13, cuando dos frailes tuvieron dos ideas muy diferentes.

Primero, Aquino

Santo Tomás, nació en 1225, en Italia, de ascendencia noble. Murió en 1274. Es considerado un gigante intelectual, autor de obras magnas como la Summa contra gentiles y la Suma Theologiae.

Este dominico hizo la unión entre la teología cristiana y la filosofía aristotélica descubierta en sus tiempos. Este casamiento de ideas compatibles unió al pensamiento clásico con el mundo medieval y tuvo como resultado una rica visión humana, compleja, sutil y profunda acerca de la persona, sus bienes, la sociedad y el destino humano.

Dentro de las diferentes ideas creadas estuvo la de la libertad, entendida por Aquino como una libertad para la excelencia. La libertad es una herramienta para la excelsitud.

En Santo Tomás, la libertad es un medio para llegar a la felicidad y la felicidad es esa excelsitud. Es la libertad la que nos da la oportunidad de seleccionar lo que es debido, con sabiduría; es la opción decidida por actuar bien.

De acuerdo con esto, nuestra inteligencia y nuestra voluntad usan a la libertad para seleccionar lo que es natural en la persona humana: la verdad, el bien, la felicidad que es propia del ser humano.

La libertad está en nosotros y debemos desarrollar el hábito de usarla apropiadamente; este hábito se debe desarrollar en la persona mediante la educación y el buen ejemplo de los demás.

En otras palabras, para Aquino, la libertad es como un principio que organiza la vida moral de las personas, que es precisamente lo que las distingue del resto de los animales.

Es ver a la libertad como un rasgo humano únicamente, en el que la virtud juega un papel central. Para seleccionar en libertad necesariamente deben usarse las virtudes. La educación para la libertad requiere entender y aplicar ideas como prudencia y justicia.

La primera impresión es la de imponer límites a la libertad y por eso limitarla dejando de ser libertad. No, esa impresión es errónea y de hecho es lo opuesto, y un símil ilustra esto.

Usar la libertad es como tocar un instrumento musical. Sin educación ni aprendizaje, lo único que puede esperarse es golpear el piano sin mucho sentido. De allí no puede salir arte, ni nada humano propiamente. No tiene sentido esa libertad de tocar el piano.

Pero al educarse y aprender a tocarlo, incluso con lecciones monótonas que pueden verse como una carga, se va aprendiendo y descubriendo una libertad de interpretación e incluso de composición musical.

El símil puede ampliarse a cualquier educación, como el aprender estadística siguiendo principios muy reconocidos para después aplicarla con inteligencia.

Consecuentemente para Aquino, la libertad es una cuestión sencilla de exponer: la adquisición gradual de la capacidad para seleccionar lo bueno y realizar esos actos con perfección. Por eso es que en esta visión no hay oposición entre normas y libertad, al contrario.

Las normas no son algo artificial impuesto externamente, son parte misma de la libertad y hacen posible que optemos por el bien como un acto voluntario.

Desde luego, es necesario reconocer que puede optarse en libertad por lo opuesto, por el mal. Aquino sabía esto, pero aún sabiéndolo insistía en lo que los humanos poseemos internamente y que debemos desarrollar: el uso de la libertad como un medio para hacer el bien, lo correcto, lo debido y hacerlo con excelsitud.

Los humanos estamos hechos para la excelencia al educarnos en las normas de prudencia, sabiduría, justicia, valor, auto dominio.

Es la libertad el método para realizar nuestros más nobles instintos y lograr realizaciones buenas, como sociedades democráticas en las que exista tolerancia, civilidad, respeto a la ley.

Viene ahora Ockham

Nació en Inglaterra. Vivió de 1285(?) a 1349(?). Fue un monje franciscano. Es autor de la idea que conocemos ahora y que tiene mucho sentido, la “navaja de Ockham”, un principio que señala que de dos explicaciones posibles de un fenómeno, debe seleccionarse la más sencilla porque es más probable que sea la cierta.

Su línea de pensamiento lo coloca como el reconocido creador del nominalismo. Pensar de esa manera equivale a decir que sólo existen las particularidades y no los universales.

Por ejemplo, no puede pensarse en la humanidad porque eso es un concepto universal que no existe; en lo único en lo que puede pensarse es en cada una de las personas existentes.

El nominalismo es una escuela filosófica muy influyente. Ella argumenta que, como se dijo, no existe algo que pueda ser llamado “naturaleza humana”.

Esa expresión es solamente un nombre que se da a lo que creemos son rasgos comunes entre las personas; por esto es llamado nominalismo, por decir que únicamente son nombres. Lo único real que existe es la particularidad individual de cada persona.

La influencia de esta manera de pensar influyó en la ética y en la teología. Y por consecuencia también en la política. Su influencia estuvo basada en una de sus consecuencias lógicas.

Si es cierto que como dice no existe una “naturaleza humana”, resulta necesario aceptar que tampoco pueden existir preceptos morales basados en ella, pues no existe. Si no hay naturaleza humana, tampoco hay principios éticos sostenidos en esa naturaleza.

Pero, si existen normas que imponen obligaciones, ellas no pueden venir de reflexionar sobre la naturaleza humana. Esas normas sólo pueden venir de la ley civil y la voluntad de cada persona, las que son externas a la persona y no provienen de su misma naturaleza.

Los mandatos existentes, siendo externos, actúan como fuerzas de coerción e imposición sobre cada persona en lo particular.

Las ideas tienen consecuencias

Wiegel, el autor, se detiene ahora y afirma eso precisamente. Las ideas tienen efectos y cita a otro autor que equipara las ideas de Ockham a una bomba atómica, la primera en la historia moderna; no ha sido dividido el átomo físico, sino el mental.

Lo que Ockham hizo es crear una visión atomizada de la persona y de la sociedad. Creó no a la libertad para la excelencia, sino a la libertad por indiferencia.

No es la libertad de Aquino, sino la libertad definida solamente como una forma de decisión, de voluntad individual frente a las normas externas impuestas. La consecuencia es clara.

Con esta mentalidad, la voluntad es el rasgo que cuenta, la voluntad de cada persona. La vida es así un duelo de voluntades, entre la mía y la del resto, incluyendo la de Dios, cuyos mandamientos son una imposición externa arbitraria.

Este es al antecedente del proyecto autónomo actual y de Niezche como su profeta: las relaciones entre las personas son de poder, de imposición de voluntades; bajo esta mentalidad, los seres humanos son radicalmente autónomos, entes separados sin relación entre sí, excepto interacciones de poder.

La idea de Ockham, mucho tiempo después, por tanto, llevó a ideas como la de la voluntad de poder y sus efectos en la primera guerra.

Los argumentos y las discusiones sobre la libertad, si lo anterior es cierto, tuvieron su origen muchos siglos antes. Es muy diferente pensar como Aquino que como Ockham. Dice Wiegel que muchos en la actualidad piensan como Ockham y entienden a la persona como autónoma, no como virtuosa.

Para ellos, la libertad nada tiene que ver con el bien natural en la persona, ni con la verdad, ni con la felicidad. Para ellos, la libertad es una cuestión de voluntad, de hacer lo que se quiere, lo que sea, hasta no llegar al enfrentamiento con otra voluntad superior.

Si la voluntad lo es todo y por esta razón la libertad es únicamente la aseveración de mi persona, incluso con la condición de no lastimar a otros, la libertad no puede justificarse más allá de eso, de la imposición de mi voluntad.

Es una justificación en extremo débil, sobre la que no podría construirse una sociedad democrática que necesita una comprensión de la naturaleza humana que justifique sus leyes y sus valores. Son los que creen que pueden tocar el piano sin aprender las reglas.

Aunque el autor no lo trata, es obvio que implícitamente reconoce la superioridad del pensamiento de Aquino, la que sí incorpora la existencia de una naturaleza humana a la que reconoce existencia, derivando de allí la idea de la libertad como una herramienta para ser usada con la sabiduría que nos viene de esa naturaleza humana.

Sí, las ideas tienen consecuencias.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



4 Comentarios en “Dos Ideas, Dos Libertades”
  1. Mario Zuluaga Dijo:

    Es más realista la posición de Ockham.Una visión de la libertad que parte del individuo, tal cual es, conjuga los valores del liberalismo democrático, cómo lo conocemos hoy. Concluir que la voluntad individual, como gestora de la libertad, nos lleva a un enfrentamiento de voluntades y de allí al sometimiento del más fuerte es una distorsión. A lo que se llega es al pacto, al contrato, al convenio, a la constitución cooperativa. Todo aquello constituye el gran triunfo de la civilización occidental laica.

  2. Comentador ContraPeso.info Dijo:

    Sobre el comentario de Mario Z.: dice que Ockham es más realista y que se ha distorsionado su idea de que no existe la naturaleza humana. Distorsión o no, fue un efecto de su idea nominalista que es de lo que habla Wiegel. Es preferible Aquino por dar un fundamento natural externo y sólido que logra mejor que otros lo que el liberalismo desea, la libertad humana. La civilización occidental, por otro lado, tiene raíces cristianas innegables: la separación de poderes fue un concepto sustentado en la naturaleza humana.

  3. Drocatavior Dijo:

    Creo que el Sr. Zuluaga, en su comentario,ignora señalar que el pacto del que habla sólo puede lograrse cuando se piensa como Aquino y no como Ockham. En la mente de este último no existe la idea universal de un contrato.

  4. Juanjo J. Dijo:

    Gran ejemplo de los efectos que producen las ideas y en lo que pocos piensan. Cierto, Occam arrojó una bomba atómica en el terreno de las ideas y sin darse cuenta abrió la puerta a los más despiadados totalitarismos. Bravo por señalarlo.





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