Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Educación Por la Fuerza
Eduardo García Gaspar
26 enero 2007
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La frase es muy conocida, “quiero que mi hijo sea licenciado”, es decir, que vaya a la universidad, que supere al padre. El deseo es maravilloso. El problema es que el hijo puede no querer ir a la universidad, o no poder con los estudios superiores.

Una columna del WSJ de Charles Murray contiene datos interesantes (17 enero). Afirma que un IQ de menos de 110 es ya problemático en un alumno de educación superior. Se requiera al menos uno de 115, lo que significa entre 15 y 25 por ciento de la población.

Los datos para los EEUU indican que los alumnos universitarios en realidad llegan a estar en 104, es decir, muy por debajo del límite.

No sé los datos mexicanos, pero no creo que sea una situación muy diferente: hay estudiantes universitarios con inteligencia inferior a la requerida. Una explicación del fenómeno es esa frase, “quiero que mi hijo sea licenciado”: la idea de que ser alguien requiere de un título universitario. Es un clisé de búsqueda de status apoyado y financiado por el gobierno y sus amplios subsidios a las universidades estatales, las que por precios reducidos de colegiatura causan lo obvio: una demanda amplia por causa de colegiaturas bajas.

Llega a ser más barato estudiar una licenciatura que una carrera técnica. El adolescente, por tanto, recibe presiones para ir a una universidad, lo quiera o no, pueda o no estudiar.

Y esto tiene efectos: estudiantes con mal desempeño, tensos y frustrados, reducción del nivel de calidad de los cursos, oferta de cursos fáciles y profesionistas que no están a la altura. La autoridad y los padres fuerzan esta situación, con el estudiante como víctima que lastima al resto.

Dice Murray en otra parte de su columna que la educación universitaria da certificados de ocupación, con las ingenierías como caso concreto. Pero en otros casos como carreras de psicología, sociología, economía, historia, literatura, el título no es certificación de nada: lo que comprueba es que la persona estuvo varios años perseverando en una carrera. Son palabras duras que hieren sensibilidades pero que nos colocan de frente a un problema.

Para ese que dijo “quiero que mi hijo sea licenciado”, cuando el muchacho lo es, cabe la posibilidad de que haya cursado una carrera, que haya obtenido un título, pero que se encuentre en un campo de difícil contratación y que obtenga un empleo no por lo que aprendió, sino por mostrar constancia, un buen promedio y venir de una buena institución.

Su trabajo le implicará aprender de nuevo, otras cosas, sin aplicar sus conocimientos de carrera. Total, tiempo y dinero desperdiciado. Todo, por extremas facilidades para entrar a una universidad y la búsqueda de un status artificial.

Me relataron un caso, el de un graduado de psicología contratado en el departamento de recursos humanos. Allí aprendió de leyes laborales, de cálculos financieros, de administración de incentivos, nada de lo cual había visto en su carrera. Llegó a muy buenas posiciones aunque su título nunca lo certificó como con capacidad de administrar personal. Eso lo certificó su práctica diaria.

Otra persona me hizo el siguiente comentario. Habló de los graduados de Marketing: salen de licenciados, creen que pueden tomar grandes decisiones y terminan cometiendo errores serios de estrategia, manejo de presupuestos y selección de proveedores.

Si las empresas los contratan es porque sus sueldos son bajos y creen que están certificados para hacer Marketing saliendo de la escuela. “No lo están”, me dijo el tipo que lleva más de veinte años en el campo.

También, he escuchado que para diferenciarse, los graduados de licenciaturas prosiguen sus estudios a niveles mayores, donde los requerimientos son significativamente mayores. La consecuencia de esa acción es tornar a las licenciaturas en bienes genéricos que de poco sirven pues no diferencian a los capaces de los no tan capaces.

Desde luego, hay soluciones a estos problemas. Las conocemos, pero ellas van en contra de lo más difícil de cambiar. No es sencillo ir en contra de ideas arraigadas en la mente, ni en contra de quienes ven afectados sus bolsillos debido a los cambios que habría que realizar. El sueño de “quiero que mi hijo sea licenciado” es un caso de una posible pesadilla.

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Hay una argumentación en contra de partes de lo dicho por Murray en una columna de Arnold Kling.Por mi parte, el IQ me parece una medición confiable, pero que no posee un poder de explicación total, por lo que hecer depender todo de ella sería erróneo. Mi punto central está más en la exagerada promoción de estudios universitarios debida al estatus que se percibe en ellos y las facilidades de entrada por bajos costos. Esto ocasiona la entrada de un grupo de estudiantes sin la inteligencia que requiere la educación superior.


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No hay comentarios en “Educación Por la Fuerza”
  1. María Elena Rodríguez Dijo:

    Opino que el dato que nos da el Coeficiente Intelectual (QI) ha sido sobrevalorado. Es sólo eso: un dato.

    Definiciones de inteligencia hay muchas. Cierto autor la define como “la capacidad de resolver los problemas que se te presentan”. Hace pocos días se supo mundialmente de una joven nativa que fue encontrada (apareció) después de haberse perdido en la selva cuando nina, hacía 20 años. Al margen de la veracidad de esta noticia, me pregunto si un egresado de Harvard, o Bill Gates, o Neil Armstrong ¡o Einstein! hubieran podido resolver “esos” problemas.





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