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Educar a Amaretch
Selección de ContraPeso.info
23 enero 2007
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


ContraPeso.info presenta un texto del Doctor James Tooley, de su conferencia dada en a reunión de la Red Liberal de América Latina en la Ciudad de Guatemala, el 4 de Noviembre de 2006.

Agradecemos a la Fundación Friedrich Naumann el gentil permiso de reproducción.

Traducción: Joshué Rodríguez Silva.

William Easterly dedicó su último libro, “La responsabilidad del hombre blanco”, a Amaretch, una niña de Etiopía de 10 años, cuyo nombre significa ‘bonita’, y para los millones de niños como ella.

Los días de Amaretch transcurren recogiendo ramas para venderlas por una miseria. Ella quiere ir a la escuela pero sus padres no pueden pagarla. “¿Podrían ustedes —preguntó él a entrepeneurs de todos tipos— descubrir una manera de poner a una bonita niña cargadora de madera de Etiopía llamada Amaretch en una escuela?”

Hay empresarios en el mundo en desarrollo que muestran la manera. Ellos sostienen que niños como Amaretch necesitan billones y billones de dólares en ayuda para la educación pública. Y creen que los pobres deben ser pacientes, ya que los expertos en desarrollo opinan que la educación estatal debe ser reformada primero para librarla de corrupción e ineficiencias.

Sólo así, en algún tiempo distante, creen que podremos ayudar a niños como Amaretch para que reciban educación.

Pero este conocimiento está errado. Completa y enteramente mal encaminado. Ignora la realidad de que los padres pobres están abandonando en masa las escuelas públicas, para enviar a sus niños a las económicas escuelas privadas. Estas escuelas privadas cobran tarifas menores – tal vez uno o dos dólares al mes, asequible incluso para padres de un salario pobre.

Por los últimos tres años, yo he conducido una investigación en áreas pobres de África y Asia, financiada por la Fundación John Templeton y catalizada por una oportunidad en la reunión de la Mont Pelerin Society en Goa, India.

A donde miráramos, encontramos que la educación privada para los pobres es común. Por ejemplo, en los barrios bajos y miserables de Lagos, en Nigeria, en las áreas rurales pobres que rodean Accra, capital de Ghana, o en los barrios pobres de Hyderabad, India, la vasta mayoría de niños estudiantes –entre el 64 y 75 por ciento– están estudiando en escuelas privadas.

En mejores distritos de la India rural del sur, la mitad de los niños estudiantes están en escuelas privadas. Incluso en la lejana China rural un gran número de escuelas privadas existen fuera del radar oficial. Así, encontramos 586 escuelas privadas en las villas más remotas, aunque los oficiales nos dijeron que éstas no existían: los oficiales nos dijeron que las escuelas privadas para los pobres eran imposibles, lógicamente, porque en China tienen una educación pública universal.

¿Podría darse la misma situación aquí en Latinoamérica? No lo sé y doy la bienvenida a sus ideas sobre esto. Pero sé que en cada país que he visitado, la gente me ha dicho que eso no sucede en su país. Las escuelas privadas, me han dicho de Accra a Zimbabwe, son para los ricos, no para los pobres. Aún cuando yo las he visto en los barrios más miserables de esos países. Así, todos parecen estar errados sobre este ubicuo fenómeno.

Las escuelas privadas para los pobres son una historia de enorme éxito que debe ser celebrada. Mi más reciente investigación ha mostrado que las escuelas privadas para los pobres son enormemente superiores a las escuelas de gobierno: los maestros parecían impartir mejor su clase cuando no avisábamos nuestra visita.

Las escuelas privadas estaban mejor equipadas, en general, con servicios como agua potable y sanitarios. Al respecto, la única aportación en la cual las escuelas públicas cumplían uniformemente es que todas contaban con patio de recreo.

Y examinando a alrededor de 24 mil niños, encontramos que la acreditación académica en matemáticas, inglés y otras lenguas, fue mayor en las escuelas privadas que en las escuelas de gobierno.

Lo importante es que todo esto fue alcanzado mediante una fracción del costo del maestro por estudiante. En Nigeria, por ejemplo, los profesores de escuelas públicas eran pagados cuatro veces más que los de escuelas privadas, aún cuando sus estudiantes alcanzaban calificaciones menores.

La existencia de este floreciente sector privado revela las formas en las  cuales la Amaretch de Easterly puede ser ayudada. La clave es ir en la dirección que los padres pobres están eligiendo. Ellos no quieren escuelas de gobierno, donde los maestros no demuestran si enseñan o no. Ellos quieren escuelas privadas, donde los maestros son responsables ante ellos, a través del director de ésta.

Extender el acceso a estas escuelas puede ser realizado fácilmente, tal vez  a través de vouchers específicos que ayuden a aquellos como Amaretch, cuyos padres no pueden pagar un lugar en una escuela privada. Los dueños de escuelas privadas ya están haciendo esto, ofreciendo lugares subsidiados o gratis para los más pobres, incluyendo huérfanos. En los barrios pobres de Hyderabad, por ejemplo, 18% de los cupos en escuelas privadas fueron provistos de esta manera.

Proporcionar a Amaretch un lugar en la escuela es un reto viable. Pero como las escuelas privadas para pobres son generalmente negocios, no caritativos, una nueva veta creativa para los accionistas está abierta a fin de ayudar a mejorar la calidad en la educación. Esto es crucial.

Cuando yo le he dicho a la gente acerca de estas escuelas, ellos piensan que los barrios pobres debe ser atendidos por beneficencias, ONG’s, apoyados de algún modo desde afuera. Pero no: la vasta mayoría de éstas escuelas trabajan como negocios – una escuela cobrando dos dólares al mes con 500 niños, puede incluso reunir dos mil dólares de utilidad al año.

A veces estas escuelas tienen nombres religiosos. Pero esto es porque a los padres les gustan. A veces éstas se encuentran en edificios eclesiásticos – pero en realidad sólo están rentando el permiso para ocupar ese terreno.

Como las escuelas son negocios, se puede notar como el mercado puede ser acelerado – pero la clave es que si no hacemos nada en este mercado, éste continuará creciendo. La oportunidad está ahí para que compañías micro-financieras puedan involucrarse a fin de ayudar a los propietarios de las escuelas a mejorar su infraestructura.

Por ejemplo, preparamos dos programas piloto de préstamos, en Hyderabad y Lagos, ofreciendo préstamos de 500 a dos mil dólares, con tasas comerciales, para ayudar a los empresarios escolares a construir letrinas, renovar salones o comprar terrenos. Las escuelas, aún sin tener derechos de propiedad formal o operando semi-legalmente, estaban hambrientas por este tipo de inversiones.

Los accionistas pueden ayudar a mejorar la calidad de enseñanza también. Agencias de ayuda han lanzado billones tratando de que las escuelas mejoren su currículum o su enseñanza. Estas intervenciones no son sostenibles, y se desvanecen antes de que los expertos donantes se den cuenta. Encontrarán continuamente las computadoras y los videos proporcionados en las casas de los maestros y directores, no en las escuelas.

Como sea, las escuelas privadas están operando intensivamente en mercados competitivos. Ellos están hambrientos también de innovaciones que demuestren mejoras en las clases, a fin de incrementar la contribución del mercado.

Accionistas pueden invertir en Investigación + Desarrollo para encontrar qué sirve para mejorar los resultados educativos en estas escuelas, luego trabajar en conjunto con entrepeneurs para asegurar que esos métodos exitosos sean traídos al mercado. Así, los problemas de sustentabilidad y escalabilidad que tanto endemonian cualquier intervención de ayuda están resueltos.

Educar a Amaretch es un problema resoluble. Empresarios que han creado escuelas privadas que sirven a los pobres están ansiosos de inversiones; ellos están esperando a los accionistas que los puedan apoyar en perseguir su rol central que es dar una mejor ‘educación para todos’.

Ha sido tremendo el tiempo de trabajo en este proyecto. Y he sido privilegiado en hacer un par de filmes al respecto, uno para la BBC y otro reciente en la PBS. Permítanme terminar con una historia sobre lo que pasó cuando hicimos el filme para la BBC en el barrio bajo de Makoko, en Lagos, Nigeria.

Pasó algo que yo había visto en varias escuelas públicas en África y en India, pero que nunca creí que pudiera ser captado por la cámara. Estábamos en la escuela bajo aviso, acompañados por el más antiguo administrador escolar de esa área.

Pero cuando recorrimos la escuela, encontramos a un joven profesor durmiendo, tendido en su escritorio, mientras una niña intentaba enseñar al resto de la clase con un harapiento libro. Imagínense la escena.

El camarógrafo de la BBC, el productor, el director y yo llegamos al salón. Los niños se callaron para saludar a sus visitantes. Ellos recitaron un “Sean bienvenidos, equipo de la BBC”. El profesor aún dormía. Un estudiante, avergonzado, trató de despertar al maestro. Él aún duerme.

Un poco descortés, la producción de la BBC dobló este fragmento de película con la voz del profesor Olakunle Lawal, el Honorable Comisionado para la educación del estado de Lagos, quien es un caballero muy distinguido, doctorado en la Universidad de Oxford, dando su punto de vista sobre los problemas pasados pero siendo benigno con la profesión de enseñar hoy en Nigeria.

Con anterioridad, nos dijo elocuentemente,”…los maestros no eran bien motivados para los retos inherentes a sus condiciones de servicio. A veces usted tenía pagos salariales al azar, y otras veces pagos incompletos. En los últimos 6 años las cosas han cambiado considerablemente. La escuela pública es muy buena ahora, se tienen recursos humanos bien capacitados”.

Eso fue un poco malicioso, colocando su voz sobre la imagen del profesor dormido. Pero eso me resumió el porqué un padre piensa que, en las escuelas públicas, “nuestros niños están abandonados”.

Y la razón por la cual otro padre, quien ha intentado dejar a su hija en las escuelas públicas gratuitas de Kenia, la ha devuelto a una escuela privada en los barrios bajos: “Si tu vas al mercado y ofrecen frutas y vegetales gratis, sabes que están podridos. Si quieres productos frescos, tienes que pagar por ellos”.


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