El Tercer Mundo y las multinacionales. Un examen de su imagen como depredadoras económicas y como aliadas para el desarrollo de los países pobres.

Introducción

Un texto de James C. W. Ahiakpor. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de reproducción. El tema tratado por el autor es el de las empresas multinacionales como depredadoras o contribuyentes al desarrollo del Tercer Mundo. 

Corporaciones multinacionales en el Tercer Mundo

¿Depredadoras o aliadas para el desarrollo económico?

Las corporaciones multinacionales realizan muchas acciones defendibles útil y moralmente en en Tercer Mundo, por las que ellas reciben muy escaso crédito.

Importantes entre esas actividades están sus ampliaciones de oportunidades para tener mayores ingresos como también para el consumo de bienes de calidad y servicios para las personas en las regiones más pobres del mundo.

Pero estas firmas han sido falsamente descritas usando malas y terribles imágenes por los marxistas y los proponentes de la «teoría de la dependencia».

Ya que muchas de estas empresas provienen de los países industrializados, incluyendo los EEUU, la Gran Bretaña, Canadá, Alemania, Francia e Italia, ellas han sido vistas como instrumentos para la imposición de valores culturales occidentales en los países del Tercer Mundo, en lugar de ser vistas como aliadas en su desarrollo económico.

Por tanto, algunos proponentes de esas opiniones reclaman la expulsión de esas firmas, mientras otros menos hostiles, han argumentado su cercana supervisión o regulación por parte de los gobiernos del Tercer Mundo.

Incidentes como el uso inadecuado de leche infantil en el Tercer Mundo, producida por Nestlé, la filtración de gas de una planta de Union Carbide en Bhopal, India, y la supuesta involucración de empresas extranjeras en el derrocamiento del presidente Allende en Chile, han sido empleadas para perpetuar la fea imagen de las CMN.

La realidad de que algunas multinacionales posean activos con mayor valor que el ingreso nacional de sus países anfitriones en el Tercer Mundo refuerza también su imagen de temor. Y ciertamente, hay evidencia de que algunas de ellas han pagado indebidamente a oficiales de gobierno para evitar obstáculos en contra de la operación redituable de sus empresas.

Algunos gobiernos, especialmente en América Latina y África, han sido receptivos a las imágenes negativas y han adoptado políticas hostiles en contra de las multinacionales.

Sin embargo, después de un examen cuidadoso de la naturaleza de las multinacionales y sus operaciones en el Tercer mundo, se revela una imagen positiva de ellas, especialmente como aliadas en el proceso de desarrollo de esos países.

Es importante que las contribuciones positivas de esas firmas en sus economías sean más ampliamente conocidas para el bienestar de la mayorías de los pobres del mundo que viven en el Tercer Mundo.

Incluso con las multinacionales principalmente motivadas por las utilidades en su inversión en el Tercer Mundo, no debe ser oscurecida por percepciones erróneas la moralidad de sus actividades al mejorar a vida material de muchos de estos países.

Bajo jurisdicción nacional y efectos locales

El primer punto a reconocer acerca de las CMN es que, además de operar bajo más de una jurisdicción nacional, son por naturaleza muy similar a las empresas locales no multinacionales produciendo en más de un estado o de una planta.

Podemos llamar a éstas corporaciones multi-plantas uninacionales (CUN).

Por tanto, una CUN con plantas en Alaska como en algunas otras partes de los EEUU habría sido conocida como multinacional en caso de que Alaska continuara siendo un territorio no de los EEUU.

En verdad, la experiencia de los países europeos, prontos a ser más unificados económicamente, o la ex-URSS ahora fragmentándose en diferentes naciones soberanas o cuasi soberanas, debe hacernos ver el hecho de que los EEUU o Canadá podrían sencillamente haber sido varios países y que algunas actuales CUN podrían haber sido multinacionales.

Como las CUN, las multinacionales son propiedad de accionistas que esperan retornos anuales o dividendos en compensación por los fondos que han hechos disponibles para la producción de la empresa y actividades de venta.

Para permitir que las CMN paguen esos dividendos es que sus administradores buscan a los trabajadores más eficientes por los salarios que pagan, compran los materiales a los más bajos costos posibles, buscan producir en países que tienen los menores impuestos a las utilidades y venden en mercados en los que pueden tener las máximas utilidades después de costos.

(No es diferente de quien busca empleo con el más alto salario con el mínimo de tedio, el mejor ambiente de trabajo y localización y las mejores prestaciones).

Quizá la mayor diferencia entre las corporaciones uninacionales y multinacionales es que las últimas han sido más exitosas que las primeras, y como resultado han expandido sus actividades a muchas más regiones y estados soberanos.

Muchos, en efecto, reconocen a las CUN o firmas locales como agentes útiles en el desarrollo de las comunidades en las que operan. Importante en este reconocimiento es el empleo que ellas crean y los (más altos) ingresos recibidos por haberse establecido en la región.

Estas firmas también rentan edificios y terrenos, o algunas veces los compran, generando entonces mayores ingresos para sus propietarios.

Por ejemplo, en ausencia de los actuales propietarios japoneses habiendo ofrecido comprar Rockefeller Center en Nueva York, el precio que sus propietarios estadounidenses hubieran obtenido habría sido menor. Lo mismo aplica para los prospectos de ingresos de los dueños de los Marineros de Seattle si prospera la venta de ese equipo a los compradores japoneses.

Es precisamente de maneras similares que las multinacionales enriquecen el trabajo y a los propietarios de otros recursos en el Tercer Mundo. Es su ausencia, las personas habrían tenido menores trabajos, o con ingresos menores, y la demanda de bienes raíces y otros recursos locales habría sido menor.

Sin los operadores de hoteles como Holiday Inn, Sheraton, Hyatt, Four Seasons, y Hilton, habiendo comprado o alquilado propiedades de playa en diversos lugares turísticos del Tercer Mundo, sus propietarios (individuales o gubernamentales) habrían recibido mucho menos por su venta. Esas compras también liberan el capital de los propietarios de los recursos para inversión en otras actividades.

Algunos de quienes reconocen pocas contribuciones positivas de las multinacionales a la economía del Tercer Mundo podrían, sin embargo, reconocer que estas firmas pagan salarios mayores a sus empleados locales de los que ellos ganarían en otra parte, y más altas rentas por terrenos y edificios.

Pero a menudo argumentan que los salarios en los países del Tercer Mundo son más bajos que los pagados por las multinnacionales en países más desarrollados y que las condiciones de trabajo no poseen los mismos estándares.

Sin embargo, la comparación ignora varios factores clave. Por ejemplo, la habilidad o nivel educativo de los trabajadores en el Tercer Mundo y los de los países más desarrollados no son los mismos.

La cantidad de maquinaria y equipo manejado por los trabajadores en los dos lugares son también diferentes. En resumen, el monto producido generado por un trabajador en el Tercer Mundo es típicamente menor que el producido en el mundo más desarrollado.

Ciertamente, si las multinacionales pudieran contratar suficientes trabajadores de mayor calificación en los países desarrollados pagando los sueldos dados a los del Tercer Mundo, lo harían con gozo. Ganarían ellas entonces mayores utilidades vendiendo sus productos a menores precios.

Pero la realidad es que no lo permitiría el sistema de intercambio voluntario en el que las multinacionales operan. Adicional a quienes trabajan por caridad, pocos otros aceptarían por mucho tiempo salarios que ellos consideran menores a la contribución que hacen a la empresa.

La misma explicación aplica a los salarios pagados por las multinacionales en el Tercer Mundo. A menos que los trabajadores encuentren más provechoso trabajar para las CMN a los sueldos que ellas ofrecen, ellos optarían por emplearse en otras partes.

De manera similar, a menos que las CMN pueden tener tantas utilidades como en su país, como también compensación por lo riesgos adicionales de invertir en el Tercer Mundo, incluyendo el riesgo de confiscación de activos por parte de gobiernos hostiles futuros, ellas preferirían no aventurarse en esas partes del mundo.

Por tanto, deben existir beneficios netos para ambas partes en una transacción (trabajadores y multinacionales) para que ella se realice y sobre una base continua.

También puede ser valioso señalar que las investigaciones no han confirmado la afirmación frecuente de que las empresas extranjeras, incluyendo las multinacionales, tienen ganancias altas o excesivas por dólar invertido en relación a sus contrapartes locales.

Lo opuesto, las firmas privadas locales en promedio tienen más altas tasas de utilidades antes de impuestos que las empresas extranjeras (mostrado por la investigación en India, Brasil, Colombia, Guatemala, Ghana y Kenya).

Y la explicación simple es que muchos gobiernos del Tercer Mundo imponen impuestos más altos a las utilidades de sus firmas locales que a las empresas extranjeras. Por tanto, las tasas de utilidad después de impuestos son similares para las empresas extranjeras y las privadas en el Tercer Mundo.

Más aún, la nueva riqueza creada por cualquier empresa debe cubrir los salarios, intereses, equipos y renta de tierra y edificios usados en la producción antes de pagar utilidades. Y esos pagos se quedan en la economía anfitriona del Tercer Mundo.

Si nos abstenemos de los instintos paternalistas hacia las personas más pobres en el Tercer Mundo, también respetaríamos su decisión de comprar los productos fabricados allí por las multinacionales en lugar de acusar a las firmas de vender productos inapropiados para ellos.

Ser pobre no hace que las selecciones hechas de productos sean menos defendibles o menos morales que las decisiones de los ricos.

Y sin suficiente demanda por los productos, las multinacionales no tendrían utilidades en las ventas al Tercer Mundo. En un régimen de comercio libre, los mismos productos podrían haber sido importados de no haberse fabricado por las multinacionales.

No hay por tanto razón válida por la que los gobiernos del Tercer Mundo deban requerir que las multinacionales fabriquen y vendan solo productos de baja calidad en esos países, como algunos analistas de países más desarrollados han sugerido.

¿Hay algo legítimo que los gobiernos del Tercer Mundo puedan hacer con respecto a las multinacionales en sus países? Sí, pero nada más de lo que legítima y razonablemente harían por las firmas locales, teniendo en cuenta que los impuestos excesivos de utilidades o que las regulaciones ambientales excesivas reducen las inversiones totales de ambos tipos de empresa.

Quizá, las multinacionales sean capaces de ofrecer pagos indebidos mayores que las empresas locales para escapar a las restricciones impuestas en ellas por parte de los gobiernos del Tercer Mundo.

Si es así, esas restricciones trabajan principalmente en contra del desarrollo de las firmas locales. La solución debería ser la flexibilización de las restricciones a los negocios para que ellos puedan crear más riqueza y en el proceso, facilitar el desarrollo de empresas locales y reducir la incidencia de corrupción en el gobierno.

Adam Smith, quien también era un filósofo moral, observó largamente que un individuo 

«dirigiendo… su trabajo de manera que su producto sea del mayor valor… busca sólo su propio beneficio, y él es en éste, como en muchos otros casos, guiado por una mano invisible para promover un fin que no era parte de él. Persiguiendo su propio interés con frecuencia promueve el de la sociedad, con más efectividad que cuando realmente lo intenta promover».

Estas observaciones son aplicables con igual fuerza a las actividades de inversión de las corporaciones multinacionales en los países del Tercer Mundo.

Y no es accidental que la gente de esos países cuyos gobiernos han sido más abiertos a la presencia de empresas multinacionales hayan experimentado mejoras significativas en sus estándares de vida (por ejemplo, Bermudas, las Bahamas, Hong Kong, Corea del Sur, Singapur y Taiwán), mientras que países hostiles a esas firmas continúan atorados en la pobreza.

Puede no ser la intención de los gobiernos del Tercer Mundo, pero la perpetuación de la pobreza en honor a la protección de su gente de la supuesta explotación de las multinacionales tiene poca justificación moral.

Nota

El texto apareció originalmente en octubre de 1992 en Religión and Liberty, volume 2, number 5. James C. W. Ahiakpor es oriundo de Ghana y naturalizado canadiense, es profesor de Economics en California State, Hayward, y ha sido mentor en las conferencias de “Toward a Free and Virtuous Society”.

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Y otras cosas más…

Convendría ver alguna de estas ideas:

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Corporaciones multinacionales: mitos y realidades

Introducción

Un texto de Gary M. Quinlivan. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de reproducción. Si se ha examinado el asunto de las multinacionales en el Tercer Mundo, conviene ahora examinar a esas empresas en sí mismas.

Los alegatos usuales

Muchos líderes religiosos se encuentran muy preocupados por la creciente presencia de corporaciones multinacionales alrededor del mundo, especialmente en las naciones pobres y en desarrollo. En verdad esa preocupación estaría justificada, pero solo si los alegatos en contra de esas corporaciones multinacionales fueran ciertos.

Tales alegatos incluyen el cargo de que las corporaciones multinacionales motivadas por las utilidades, se involucran en competencia destructiva e insidiosos planes para manipular económica y políticamente a economías enteras.

Más aún, las corporaciones multinacionales son percibidas como eliminadoras metódicas de firmas locales para explotar así poderes monopólicos, exportar empleos bien pagados a países de salarios bajos, socavar el medio ambiente mundial, aumentar el problema de deuda externa de los países en desarrollo, perpetuar la pobreza mundial y aprovechar el trabajo infantil.

Pero, ¿son en verdad ciertos tales alegatos? Los líderes religiosos debían examinar los datos para que ellos puedan obtener conclusiones razonables sobre el impacto de las corporaciones multinacionales.

Tal examen revela que las corporaciones multinacionales en realidad han logrado numerosos objetivos morales: el avance de los derechos humanos, la mejora del medio ambiente mundial y, lo más importante, la reducción de las tasas de pobreza del mundo.

A menudo los críticos de las corporaciones multinacionales profesan tener una más alta visión moral y estar buscando un mundo con objetivos loables de salarios justos y un medio ambiente limpio.

Del otro lado, la extrema izquierda ignora con conveniencia la conducta socialmente destructiva de esas economías que descansan fuertemente en regulaciones gubernamentales y empresas monopólicas propiedad del gobierno.

Estas economías han incurrido en tasas extremas de pobreza, reprimido derechos humanos y causado severo daño ambiental. Por la razones mencionadas abajo, los países en problemas casi no tienen corporaciones multinacionales y están concentradas en África sub-sahariana, sur de Asia, Norte de África y el Oriente Medio.

Paradójicamente, la extrema izquierda está obstaculizando la tendencia para reducir las tasas mundiales de pobreza y es sorda al continuo sufrimiento de los pobres extremos.

La izquierda es rápida para ofrecer bienestar a los países en desarrollo, pero desafortunadamente, esto evita que los países pobres se conviertan en auto sostenibles. La extrema derecha, del otro lado, no ofrece ayuda y se une a la izquierda denunciado al comercio.

Para las mentes abiertas, debemos también considerar las visiones de las naciones en desarrollo, las que casi al unísono creen que el movimiento contra las corporaciones multinacionales no solo afectará su progreso económico sino que probablemente lo retrasará.

Como dijo Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz y ex-presidente de Costa Rica, en un discurso en la ONU en Agosto de 2000 ante delegados y jefes de estado. «Nosotros [los países en desarrollo] no queremos caridad de ustedes [las naciones desarrolladas]; queremos el derecho a vender nuestros productos en los mercados mundiales».

El presidente Arias se refiere al derecho poseído por todo los los países desarrollados e intencionalmente negado a todas las naciones en desarrollo por más de cinco décadas.

Ahora tratemos algunos de los mitos que los críticos de las corporaciones multinacionales afirman que son verdades.

Este artículo, sin embargo, no niega que existen casos específicos que son un mal reflejo en todas las corporaciones multinacionales (los problemas de Nike con el trabajo infantil y otra evidencia de medios mostrando un deliberado descuido de responsabilidades ambientales son sólo dos ejemplos). Esos casos, sin embargo, son raros, dado que existe más de 60,000 empresas multinacionales.

¿Poder monopólico monolítico?

La competencia no es destructiva; ha obligado a las corporaciones multinacionales a proveer al mundo con productos de alta calidad y bajo precio.

La competencia, dado el libre comercio, produce ganancias mutuamente beneficiosas por el intercambio y enciende los esfuerzos colaborativos de todas las naciones para producir bienes con eficiencia. Como una consecuencia, la competencia mejora el bienestar del mundo reduciendo el espíritu de nacionalismo y, por tanto, promoviendo la paz mundial.

¿Ha crecido el poder monopólico de las corporaciones multinacionales? Concedido que algunas corporaciones multinacionales son muy grandes: en 1998 ellas produjeron el 25% de la producción mundial y en 1997, las cien mayores controlaban el 16% de los activos productivos del mundo, con las 300 más grandes controlando el 25%.

Sin embargo, el tamaño y el poder de mercado son dinámicos. El Wall Street Journal reporta anualmente a las cien mayores empresas en cuanto a su valor de mercado.

Comparando los resultados de 1999 con los de 1990, hay cinco nuevas firmas (Microsoft, Wal-Mart, Cisco Systems, Lucent Technologies e Intel) entre las diez mayores y cuatro de ellas no estaban en las cien mayores de 1990. Más notable es que había 66 nuevos miembros en la lista de 1999.

Igualmente, las Naciones Unidas reporta a las cien mayores corporaciones multinacionales no financieras de acuerdo a sus activos en el extranjero. Aunque no tan dramático como el cambio en la lista del WSJ, las Naciones Unidas reportaron un 25% de cambio en la composición de las cien primeras entre 1990 y 1997.

De acuerdo a la sabiduría convencional, una elevación del poder monopólico debe llevar a menor y más grandes corporaciones, pero, de acuerdo a las Naciones Unidas, el número de empresas multinacionales se triplicó entre 1988 y 1997.

¿Ha lastimado a la inversión nacional la inversión extranjera directa de las corporaciones multinacionales? (La inversión extranjera directa sucede cuando una firma localiza una planta en el extranjero o compra más de 10% de una empresa nacional).

El World Investment Report 1999 de las Naciones Unidas citó dos estudios recientes. El primero, de Eduardo Borensztein, José de Gregorio y Jong-Wha Lee, encontró que un dólar adicional de inversión extranjera directa eleva la inversión nacional en un factor de 1.5 a 2.3, dentro de una muestra de 69 naciones en desarrollo.

El segundo estudio, conducido por las Naciones Unidas, llegó a la misma conclusión que el primero para países de Asia, pero encontró alguna evidencia discutible de un efecto negativo en América Latina.

Es notable que las manipulaciones coordinadas de mercados rara vez son realizadas por grandes empresas multinacionales y que casi siempre son dirigidas y realizadas por gobiernos (por ejemplo OPEP, la Association of Coffee Producing Countries y la Cocoa Producers Alliance).

Más aún, los carteles patrocinados por gobiernos no se preocupan por los pobres. En los años 70, las distorsiones de precios de la OPEP fueron una fuente grande de no sólo una recesión mundial, sino también de la creciente deuda externa y la pobreza de países en desarrollo. Los mercados libres protegen a los pobres de los abusos prolongados de los carteles.

¿Explotación económica rapaz?

Las preocupaciones de las violaciones de la soberanía nacional por parte de las corporaciones multinacionales carecen de substancia. Esas empresas no operan con inmunidad; son fuertemente vigiladas por los EEUU y en el extranjero. De 1991 a 1998, de acuerdo a las Naciones Unidas, hubo 895 nuevas regulaciones de inversión extranjera directa decretadas por más de 60 países.

Más aún, las multinacionales no están llevando empleos de países con altos salarios a países con salarios bajos; de hecho, tienden a preservar empleos de ingreso alto en países desarrollados; en 1978, 75% de la inversión extranjera directa se llevó a países desarrollados.

Además, los costos laborales solos no determinan dónde basarán a sus afiliadas las multinacionales. Otras variables como la estabilidad política, la infraestructura, los niveles de educación, el potencial futuro de mercado, impuestos y regulaciones gubernamentales son más decisivas.

En 1998, las corporaciones multinacionales tenían 86 millones de empleados —19 en países en desarrollo— y eran también responsables, indirectamente, de otros 100 millones de empleos. Los trabajos creados en el exterior también tendían a ser mejor pagados que los trabajos creados por empleadores nacionales.

Basados en una discusión del 4 de agosto de 2000, entre el gerente general de Chesterton Petty y el administrador senior de Price Waterhouse Coopers en Beijing, sus trabajadores chinos promediaban aproximadamente 10,000 dólares por año —una pequeña fortuna en China, donde un profesor de tiempo completo en la clase media alta o un doctor en medicina lleva a casa poco más de 200 dólares al mes en la ciudad de Jinan.

La evidencia ofrecida por el Banco Mundial y las Naciones Unidas sugiere fuertemente que las corporaciones multinacionales son un factor clave en las grandes mejoras de bienestar que han ocurrido en los países en desarrollo durante los últimos 40 años.

En el África sub-sahara y sur de Asia, donde la presencia de multinacionales es nula, persisten severas tasas de pobreza y ellas muestran pocas señales de mejora.

Por ejemplo, de 1980 a 1988, las tasas de trabajo infantil (el porcentaje de niños entre 10 y 14 años que trabajan) cayó de 20 a 13%. De 27 a 10% en Asia del este y del Pacífico, de 13 a 9% en América Latina y el Caribe, de 14 a 5% en el Medio Oriente y África del Norte.

Es de interés que las regiones sin multinacionales tuvieron las peores tasas de trabajo infantil y las más pequeñas reducciones: África sub-Sahara y sur de Asia de 35 a 30% y de 23 a 16% respectivamente.

Esta reducción de tasas fue atribuible a ingresos familiares mayores, lo que ha permitido a las familias mejorar sus dietas, tener mejores casas y proveer a sus hijos con más oportunidades de educación.

Las tasas de ingreso escolar para las edades de 6 a 23 se elevaron en todos los países en desarrollo de 46% en 1960 a 57% en 1995. Sólo en África sub-Sahara tuvo una tasa menor al 50% en 1995.

Más aún, las corporaciones multinacionales no están comprometidas con la destrucción del medio ambiente mundial, sino que han sido una fuerza positiva en la difusión de las tecnologías «verdes» y en la creación de mercados para «productos verdes».

Los incentivos de mercado como el temor a demandas, boicots de consumidores y el impacto negativo en su reputación han forzado a las empresas a vigilar a sus afiliadas en el extranjeros y mantener un alto estándar ambiental.

El World Investment Report 1999 de las Naciones Unidas señala diversos estudios que confirman que las afiliadas en el extranjero tienen estándares ambientales superiores a los de sus contrapartidas nacionales en todos los sectores manufactureros.

Las Naciones Unidas también señalan positivamente los esfuerzos iniciados por las corporaciones multinacionales para ayudar a proveedores nacionales («sin importar propiedad») para calificar en eco-empaques y satisfacer estándares mundiales sostenidos actualmente por más de 5,000 corporaciones multinacionales.

Las corporaciones multinacionales también han iniciado varios programas (entre otros la Global Environmental Management Initiative y los Global Sullivan Principles) para establecer códigos de industria dedicados a lograr altos niveles de responsabilidad social.

Una encuesta de corporaciones multinacionales de la ONU reveló que la razón primaria por la que ellas no invierten en ciertos países es la presencia de extorsión y corrupción; no sorprende que la principal fuente de corrupción sea la de los servidores públicos.

Ambos, la International Chamber of Commerce y la International Organization of Employers han establecido códigos sociales y estándares que intentan determinar principios de administración responsable del medio ambiente.

El papel vital de la paz y la libertad

Cuando las corporaciones multinacionales logran utilidades, esto no significa que los países en desarrollo están siendo explotados. Los dos, las corporaciones multinacionales y las locales, están mejor —el país en desarrollo recibe empleos, la base fiscal se expande y hay nuevas tecnologías.

Si la inversión no es exitosa, la corporación multinacional puede perder su inversión y el país en desarrollo no recibe esos beneficios mencionados, pero el país en desarrollo no tiene obligación de restitución.

Como resultado, las inversiones de las corporaciones multinacionales no contribuyen  a los problemas de deuda de las naciones en desarrollo.

De acuerdo a las Naciones Unidas, en 1998, 166 mil millones de dólares, el 25.8% de la inversión mundial directa se dirigió a países en desarrollo. Sólo 2.9 mil millones de inversión extranjera directa fue obtenida por los países menos desarrollados, los que están primariamente compuestos por naciones del sub-Sahara.

Dadas las condiciones de riesgo, el capital fluye hacia donde puede obtener la tasa más alta de retorno. El premium de riesgo es mucho mayor cuando un país en desarrollo sufre guerras civiles, tiene una infraestructura débil, es políticamente inestable, mantiene a sus mercados cerrados de la competencia externa, tiene mercados laborales inflexibles e impone altos impuestos.

El Heritage Freedom Index mide el grado de represión económica y política en naciones en desarrollo. Como es predecible, la inversión extranjera directa es menor en naciones reprimidas. Basado en el índice de 2000, de los 18 países en el Medio Oriente y África del Norte, diez de ellos son mayormente no libres o reprimidos y el único libre es Bahrain.

Los resultados son más sombríos para la región sub-Sahara; treinta y cinco (mejor dicho, treinta y seis, dada la política de terrorismo arrebatando tierras de Robert Mugabe) de las cuarenta y dos economías de la región, son mayormente no libres o reprimidas.

Las naciones en desarrollo deben permitirse expandirse económicamente por medio de mercados libres y la expansión de corporaciones multinacionales.

Esos países quieren empleos, no caridad. Más aún, lo que es reconfortante pero no fácilmente entendido es que la promoción del comercio eleva el bienestar no solo de los países en desarrollo sino de los desarrollados; el libre comercio es un juego de suma positiva.