Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Mal Existe
Eduardo García Gaspar
8 mayo 2007
Sección: Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue en la película The Usual Suspects (1995) que dentro de un complicado argumento se habla de un misterioso personaje, Kaiser Sose, afirmando que el mejor truco que el demonio ha jugado es hacer pensar al mundo que él no existe. La idea tiene su base: no debe ponerse atención en eso que usted no cree que sea real.

Y con eso me regreso al tema del estudiante de Virginia Tech y la multitud de ideas que generó. Desde luego, el género humano es uno que tiene una característica que lo separa notablemente del resto: siempre está en busca de explicaciones, con una curiosidad inigualable. Queremos saber el por qué de todo. Recuerde usted al niño que pregunta con terquedad eso mismo.

Y en buena parte lo hacemos por otro de nuestros rasgos, el de querer saber lo que sucederá después. En el caso de la matanza de estudiantes, esto se ve con claridad. Deseamos explicar el suceso y queremos esto porque, además, queremos evitar que sucedan de nuevo cosas similares. Y aquí es donde las cosas se ponen interesantes, cuando queremos saber algo para evitar que ello suceda de nuevo, o para lograr que si acontezca.

Hay cosas que deseamos que pasen y hay cosas que deseamos evitar. Y podemos distinguir entre ellas. Quisiéramos haber evitado que sucediera lo de Virginia Tech. La cuestión es cómo distinguimos entre ambas cosas. Intuitivamente, cuando escuchamos eso reaccionamos esperando que no pasaran cosas así. Hay algo adentro de nosotros que nos permite distinguir siquiera crudamente entre lo que está bien y lo que no lo está.

Posterior a los sucesos de Virginia Tech sucedió lo esperado. Hubo decenas de explicaciones. Quisimos saber por qué. Las explicaciones fueron variadas: fue la sociedad, fueron las armas, fue un trastorno mental, fue lo que usted quiera, incluyendo las curiosas explicaciones de la psicología y la sociología pop, que culpan a todos menos al que comete el acto.

De entre todas las explicaciones, la mejor que leí y por mucho, fue la de un estudiante que fue testigo presencial de los sucesos y que salió solamente herido. Dijo de Cho Seung-Hui, que en él se veía la maldad, como si estuviera poseído por el mal. La verdad, esto explica más que la facilidad para adquirir armas, pues con ellas o sin ellas, el mal puede dominar. Y, entonces, quizá sea cierto que el mejor truco que el mal nos está jugando es hacernos creer que él no existe.

Cuando descartamos al mal de nuestras explicaciones, desechamos posibilidades realmente factibles y, desde luego, comenzamos a culpar a lo que se nos ocurra, incluyendo a la sociedad en general: el resto de nosotros somos los culpables de la matanza, aunque ni siquiera hayamos estado en el lugar, mucho menos apretado el gatillo. Quizá sea que nuestros tiempos son unos de ceguera. Queriendo no ver el mal, tampoco vemos el bien.

Los humanos buscamos explicaciones, somos curiosos, queremos saber qué sucederá en el futuro y, también en nuestra naturaleza, está una idea de lo bueno y de lo malo. Cuando nos olvidamos de esto último, perdemos parte de nuestra propia esencia. Creo que eso es lo que nos está sucediendo. Es la causa por la que tantas veces nos quejamos de la falta de valores… que es precisamente esa capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo.

Por eso se quieren tener sociedades justas, leyes justas, economía moral y toda una serie de ideas basura que quitan la responsabilidad al individuo: con una sociedad justa, se dice, la persona ya no tiene necesidad de ser justa. La persona desaparece y el gobierno la sustituye con, por ejemplo, la prohibición de armas para evitar asesinatos… sin darse cuenta que es en la persona donde puede trabajar el mal y no en las armas.

Mi punto es sencillo y supongo que muy poco popular: el mal existe, llámele usted como quiera, y si no lo reconocemos estaremos perdiendo una grande explicación de muchas de nuestras acciones. Poniendo de lado al mal, como explicación personal de nuestros actos indebidos, caeremos en una trampa.

En la trampa de las explicaciones vacías, ésas que culpan a la sociedad, a las leyes, a la falta de cámaras de vigilancia, a lo que usted quiera, olvidando que al final de cuentas somos seres libres y que esa libertad es personal, igual que la responsabilidad que la acompaña.


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