Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Tercer Hombre
Eduardo García Gaspar
7 mayo 2007
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Uno de los deportes nacionales mexicanos, quizá el de mayor afición, es la realización de marchas de protesta. Somos un país que no lee pero que protesta, no razona pero interrumpe la vida de terceros. Buen ejemplo de esto fue reportado el jueves pasado.

Desde luego, todo sucede en la Ciudad de México. Hacer una marcha de protesta en Teocaltiche, Jalisco, no sirve. Se dijo que marchistas de diferentes instituciones educativas desquiciaron esa ciudad, con pérdidas calculadas de 400 a 500 millones de pesos. Curiosamente, la nota que reportaba eso terminaba con esta frase, “Durante la manifestación no se registraron incidentes mayores”.

Es decir, perder cientos de millones no es un incidente que deba preocupar. Interesante es ver tal pérdida de proporción. Fue calculado que en el centro histórico de la ciudad se perdieron 100 millones: la actividad económica se detuvo, pero eso no es importante según el reporte.

Me puedo imaginar que las ambulancias no pudieron transitar y que eso produjo consecuencias serias, pero que no son consideradas incidentes dignos de mencionar.

La cosa empeora aún más. La nota a la que hago referencia (Excelsior) reportó que las autoridades de esa ciudad implantaron un operativo “en el que participaron mil 500 elementos de la Dirección General de los agrupamientos Fuerza de Tarea, Policía Montada y Policía Femenil, para contener el efecto de las marchas y vigilar la seguridad de los participantes”.

Sí, leyó usted bien, el operativo fue diseñado para “contener el efecto de las marchas y vigilar la seguridad de los participantes”. Obviamente no tuvo éxito, pues se perdieron cientos de millones de pesos, aunque del otro lado, no hubo incidentes: no le sucedió nada malo a los marchistas. Kafka se sentiría en casa en esa ciudad, toda ella ha sido metamorfoseada en una cucaracha.

Tengamos un poco de sentido común. Lo que las autoridades de esa ciudad están haciendo y han hecho por años es olvidarse del ciudadano normal que paga sus impuestos y obedece las leyes, para proteger a las personas que violan los derechos de terceros. Y, si no me cree, vea lo que el reportero escribió, “no se registraron incidentes mayores”… aunque la ciudad fue vuelta un caos.

Mi punto es simple: este país está al revés. No, mejor dicho, existen personas muy confundidas, que ven las cosas al revés. Lo malo es que la mayoría de ellas ocupan puestos de gobierno, muchas en esa ciudad. Y existen personas que no saben hablar y que por ello se dedican a caminar obstaculizando la libre circulación de terceros.

Es el problema del tercer hombre, la persona que no cuenta para la autoridad: el que paga impuestos, el que obedece la ley, el que no detiene la circulación… éste no vale. El que importa de verdad es el que viola la ley, el que detiene la circulación, el que vuelve a las ciudades un caos, al que la policía protege en sus actos contra inocentes. Vaya, es como si las autoridades se hubieran vuelto escoltas de los delincuentes.

Pero contra el tercer hombre también conspiran otras personas, como el reportero que después de narrar que se han perdido cientos de millones de ingresos de ese hombre, termina su reportaje diciendo que “no se registraron incidentes mayores”. Para él y para gente como él, esas violaciones de la ley son nada. Los terceros no cuentan tampoco y nada digno de reportar hay de ellos.

La situación es en verdad llamativa: poco a poco el mundo político de este país se ha puesto con los pies para arriba. Ni la autoridad se ha dado cuenta, ni algunos de los medios tampoco, que su mundo está bocabajo. Vaya, el mundo detrás del espejo de Alicia es más razonable que el mundo de esos para los que los terceros no cuentan.

Abramos el panorama para entender estos sucesos. El que se ignore a los terceros obedece a lo que en realidad sucede en la política y eso que sucede es una lucha por el poder entre las diversas facciones que lo disputan. Usted y yo somos como unas ovejas dentro de una jaula de leones que pelean entre sí… aunque no nos pongan atención salimos lastimados.

Y si nos vamos al lado filosófico, podemos entender ese caos en una ciudad como explicado por Nietzche y su idea de la nueva moral, la voluntad del poder.

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