Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Empezar por los Principios
Leonardo Girondella Mora
22 agosto 2007
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
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Cuando me pongo a pensar en las razones por las que me considero un liberal en el sentido tradicional del término —al estilo de los que aman a la libertad humana y al mismo tiempo exaltan la responsabilidad que ella acarrea, creo que se debe a ciertas creencias. Son cosas que pienso son mejores que sus opuestos o sus aternativas. Lo que sigue es una lista de esas creencias.

Creo en la libertad humana. En nuestra capacidad de seleccionar lo mejor para nosotros mismos, porque para eso tenemos capacidad de pensar. Creo que la libertad va acompañada sin remedio de la responsabilidad —la aceptación de las consecuencias de acciones libres de acuerdo a un código ético de principios que hacen irremplazable a la moral.

Creo que esa moral no puede ser legislada, ni sujeta a encuestas de opinión. El gobierno no puede dictar la moral y debe limitarse únicamente a la aplicación de principios morales básicos destinados a la protección de la persona y sus posesiones de los ataques de terceros. El gobierno no debe sustituir a la persona donde ella sea capaz de valerse por sí misma.

Creo que las cuestiones de libertad y moral están siempre en desarrollo y que existen discusiones al respecto —pero que ellas surgen siempre de un principio central que es el de entender a cada ser humano como un fin en sí mismo, imposible de ser sacrificado en aras de terceros, independientemente de quien sea. Si cada ser humano es un ser en sí mismo, entonces la moral descansa en el principio mínimo de no hacer nada que no quiera que me hagan a mí. De esas discusiones pueden salir aciertos, pero también errores que debemos corregir.

Creo que los seremos humanos valemos, tenemos capacidades y podemos valernos por nosotros mismos como seres independientes en relaciones de interdependencia. Que debemos ser tratados de manera impersonal por las leyes y su aplicación y que ese mismo principio de “impersonalismo” debe ser llevado al resto de las actividades —tratando a cada ser humano como tal, sin consideración de su condición específica.

Creo que la libertad es una sola y se manifiesta en infinidad de campos —desde la política en la emisión de un voto electoral hasta en la compra de un dentífrico o la apertura de un comercio y la lectura de un libro. Que esa libertad no debe ser interferida por autoridad alguna mientras no dañe de manera directa a otros en esas mismas libertades. Creo que la real misión del gobierno es la preservación de las libertades de los seres humanos y no la limitación de ellas —porque existe una relación causal entre libertad y prosperidad, un ambiente en el que los sueños de cada ser humano tienen mejores oportunidades de ser realizados.

Creo que el poder gubernamental tiende por naturaleza a salirse de sus límites y que es preciso colocar frenos a esa autoridad. Que esos frenos están bien diseñados en los mecanismos democráticos que dividen el poder en diversas entidades que se frenan unas a otras. Creo que un gobierno demasiado activo causa pasividad en los ciudadanos y que ello anula la esencia humana, que es acción no inacción.

Creo que la religión es una fuente necesaria de moral y la moral es imperativa para los seres libres —pero que la religión debe ser aceptada por convencimiento personal y por ello permitirse labores misioneras libres. Creo que las manifestaciones religiosas de diferentes credos pueden ser públicas y abiertas, sin que ello puede interpretarse como atentados en contra de personas de otras creencias.

Creo que las ideologías que fomentan la envidia y los odios son un peligro serio y que causan miseria —y que deben combatirse con más libertad, no con menos. Que la democracia convertida en ideal es un error de consideración porque oculta al real valor a defender, que es la libertad. Creo que los gobiernos deben ser independientes de las religiones y que unirlos conduce a la dictadura.

Creo que la libertad es un valor universal, intrínseco al ser humano por su naturaleza y capacidades —y que es un suceso independiente la valoración de la libertad en cada persona y cada nación. Que la libertad es atacada sistemáticamente por ideologías equivocadas que son aprovechadas por seres sedientos de poder que quieren imponer en otros sus proyectos personales. Que la buena sociedad es la que permite que cada persona realice su proyecto propio y no el de otros.

Creo que la libertad puede ser abusada y que lleva a situaciones reprobables —pero que no hay otro remedio que aceptarlas o tolerarlas porque no es posible un término medio entre ser libre y no serlo. Creo que los seres humanos tenemos inmersa en nuestra naturaleza la compasión por el sufrimiento ajeno y que lo podemos aliviar con iniciativas privadas —que el gobierno convertido en agencia de caridad desestimula la caridad personal y nos vuelve dependientes de sus acciones.

Creo que ningún gobernante sabe lo suficiente de nosotros como para decirnos lo que es bueno y lo que es malo —que somos nosotros lo que debemos decidirlo incluso a riesgo de equivocarnos porque por medio de los errores aprendemos y mejoramos. Que ningún gobernante ni grupo de ellos sabe lo suficiente como para planear nuestras vidas, ni nuestras economías, ni nuestra educación —que son cosas que nos atañen a nosotros no a los demás. Que a través de los años los seres humanos han formado tradiciones y costumbres que acumulan la sabiduría de los tiempos y que ellas no pueden desecharse sin muy serias consecuencias.

Creo que existe la verdad y que el relativismo es una enfermedad producida por la exaltación exagerada de ideas contrarias a la dignidad personal. Que nuestra vida, la de quienes nos antecedieron y las de quienes nos seguirán, es una trayectoria en busca de esa verdad a la que estamos llegando paso a paso.

Creo en la buena educación y los buenos modales —que hablar con vulgaridades, insultos y agresividad conduce a desacuerdos. Que el fanatismo produce violencia y que la fe complementa a la razón. Que nuestra meta es la verdad y que a ella podemos llegar si prevalece la disciplina de pensamiento.

Y creo que los hombres necesitamos una explicación de nuestra razón de ser —la que yo he encontrado en la creencia en Dios y nuestra semejanza con él.


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