Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Estudiantes, Armas y Clisés
Eduardo García Gaspar
20 abril 2007
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Lo sucedido en Virginia Tech ha causado gran impresión, pero también ha generado explicaciones que son demasiado fáciles, especialmente la del control de armas. Ir más allá vale la pena en una segunda opinión que se salga fuera de los comentarios fáciles.

Sin duda, lo primero en lo que se piensa es qué hacer para evitar sucesos como el de esa matanza. Es una buena sugerencia, pero las propuestas son las estándares: cámaras de video, prohibición de armas, reportes de señales adelantadas en personas, preparación para catástrofes y similares. La principal letanía es la de la prohibición de armas, lo que suena bien, pero no necesariamente es el remedio.

Otro caso de otro clisé que merece la pena ver más de cerca.

David Kopel, del WSJ, da ejemplos de casos en los  que la prohibición de armas hubiera provocado más daños. En Utah, un loco disparando fue posible de detener gracias al arma que llevaba un ciudadano normal. Casos similares se dieron en Mississippi en 1997 y en Virginia en 2002: locos disparando fueron posibles de detener gracias a armas en manos de personas comunes.

Un lugar en el que no pueden llevarse armas, es un paraíso para el que las consigue y usa. Y si no me cree piense en México: asesinatos diarios con armas prohibidas por ley. Mi punto es sencillo, la propuesta de prohibir armas no va al origen del problema y sólo hace quedar bien a quien lo propone.

Un economista de Quebec ha estudiado el tema y concluido que las matanzas son raras donde las armas son permitidas y se han vuelto comunes en donde son controladas. Un ejemplo de esto fue otra matanza, en Escocia, donde la restricción de armas es mayor que en los EEUU. Al menos, creo, se puede concluir que el prohibir armas en un clisé al que se recurre sin riesgo de violar lo políticamente correcto.

El estudiante asesino, del que sabemos que estaba trastornado, es en realidad lo opuesto de otro suceso, sucedido durante esa matanza en Virginia. Reportó el Jerusalem Post que un profesor, Liviu Librescu, de 76 años se sacrificó por sus estudiantes impidiendo la entrada del asesino mientras daba tiempo a sus estudiantes a huir de la clase. Hay una gran diferencia entre Cho Seung-Hui y Liviu Librescu, que no es la nacionalidad, ni la disponibilidad de armas, ni la edad.

La psicología pop, la sociología rap y muchas de las pamplinas científicas que intentan encontrar culpas colectivas y remedios absurdos, dejan de ver que la causa de lo que hicieron Cho Seung-Hui y Liviu Librescu está dentro de ellos.

Un arma en manos del primero era un peligro, pero en manos del segundo hubiera sido una bendición. Escuché una explicación que decía que la sociedad era culpable de lo hecho por el estudiante… si eso es cierto, también la sociedad tendría el mérito del sacrificio del profesor.

A lo que le temo es a las explicaciones fáciles y ellas son las que no ponen atención en la persona individual. Son las que quieren remediar el asunto prohibiendo armas, grasas que engordan, tabaco, drogas, alcohol como si quitando la ocasión de la culpa se remediara la moral. “Si se prohiben las pistolas ya no se necesitaría el quinto mandamiento”, parecen decir.

La situación ideal es ésa en la que a pesar de las oportunidades de hacer el mal, el propio individuo se limita y por voluntad propia no lo hace. O bien, por medio de penas legales, la persona se limita aún más. Y en esto convienen separar al estudiante, trastornado, de los asesinatos en México, intencionales y deliberados, en un país en el que está prohibido portar armas. La prohibición de las armas, mucho me temo, es la respuesta del superficial.

No es que esté en favor de un mercado abierto de armas, seguramente es muy deseable tener registros de propietarios y prohibir algunos tipos de armas. Pero poner la atención en ellas solamente es perder de vista que el protagonista principal de todo es la persona humana y los valores que cada una sostiene, que es lo que marca la diferencia entre Cho Seung-Hui y Liviu Librescu.

El nuestro es un mundo imperfecto, de personas con fallas y aciertos. Intentar prevenir sucesos como ése es una obligación. También es obligación hacerlo buscando las soluciones de fondo, no las fáciles ni las políticamente correctas.

POST SCRIPTUM

• El material del WSJ fue el de ‘Gun-Free Zones’ By DAVID B. KOPEL, April 18, 2007; Page A17 y el de Cho’s Madness The Virginia Tech massacre, guns and pop sociology. Wednesday, April 18, 2007 12:01 a.m. EDT

• Otro comentario fuera de la caja fue el de W. H. Auden, quien escribió

we continue to wallow in the world of if only. If only it were not so easy to get a hand gun. If only those hapless campus police had locked down the school. If only there weren’t all those video games where you can mindlessly shoot people at the push of a button. If only it weren’t so easy to kill. Bronze made it easier. The broadsword made it easier. The crossbow. The musket ball, the bullet. The revolver, the Winchester, the Gatling, the Maxim, the Browning. Brass and powder and lead, packaged and propelled so rapidly by physics and man’s inventiveness. But whether the tool is a rock or a 9mm. pistol, the “easier” part comes from a man’s heart. Technology will always make it ever easier to live and die. And its “proper control” will continue to be the first refuge of those who find it difficult to believe, let alone deal with, the truth of an evil or demented mind, a dark heart, a hellishly bent soul and its capacity to surprise, horrify and confound us”.


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No hay comentarios en “Estudiantes, Armas y Clisés”
  1. María Elena Rodríguez Dijo:

    Intentar explicar a través de la psicología este tipo de actos es asumir que con la simple terapia de modificación de conducta se evitarán. “El ser humano es un ente bio-psico-social”, aleccionan algunas escuelas de psicología. Y es cierto, pero hay una cuarta rebanada en el pastel de la fría gráfica: somos seres espirituales. No le saquemos la vuelta a la realidad del bien y del mal, de la voluntad de hacer una cosa, dejar de hacerla, o hacer exactamente lo opuesto.





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