Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ética y Tonterías
Eduardo García Gaspar
19 enero 2007
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


“La realidad es que uno está expuesto a tantas botaratadas, que se necesita estar al pendiente para no tragárselas”. Eso me dijo una persona a la salida de una breve (afortunadamente) conferencia de alguien que habló sobre ética, democracia y diversidad.

Habló de eso. No necesariamente dijo algo digno.

Curioso fue que hablara de esas cosas, ética, democracia y diversidad, sin una sola vez mencionar a la libertad. Curioso porque si usted ensalza la ética es porque supone que somos libres. Y lo mismo sucede con la democracia y la diversidad, que también parten del supuesto de la libertad. En fin, fue otra de esas conferencias de supuestos expertos que se vencen ante lo políticamente correcto.

Aunque en sí mismas esas conferencias carecen de valor, ellas son ocasión de un ejercicio mental que vitaliza. Por ejemplo, el conferencista recalcó varias veces la necesidad de tener y enseñar ética. Sin duda, no es nada nuevo.

Desde los griegos, al menos, se ha hablado organizadamente de esa necesidad. Todo porque resulta que los humanos somos libres y podemos decidir hacer cosas, lo que necesita de reglas para seleccionar lo mejor.

Pero el conferencista añadió a eso un concepto extraño: la necesidad de democracia y tolerancia por la diversidad. En resumen lo que dijo fue: necesitamos valores, pero si alguien no los tiene hay que respetarlo de igual manera que al que sí los tiene… y esos valores se establecen democráticamente. En otras palabras, la ética que necesitamos en realidad no la requerimos.

Con promotores así de la ética, no necesita ella enemigos. La ética, antes que nada, no es sujeta a procesos democráticos, es decir, no es una materia sujeta a votos y mayorías. Ninguna ciencia lo es. La democracia y sus reglas de mayorías son un mecanismo solamente, destinado a solucionar desacuerdos de detalles, no de principios. Los votos deciden quién llega al poder, o el presupuesto de un gobierno, pero no cuestiones de principios.

Y sin embargo, la persona que habló sostuvo que por acuerdos democráticos deben acordarse principios de comportamiento social. Arroje usted, por tanto a la basura a Sócrates, Platón, Aristóteles, la Biblia, San Agustín, Santo Tomás… todo al cesto, porque desde ahora las decisiones éticas serán democráticas. Lo que la gente opine será lo legítimo. Más botaratadas es difícil de escuchar.

Es un valor de nuestros tiempos, al parecer, sucumbir a lo políticamente correcto, es decir, a todo lo que nos puede hacer aparecer como intransigentes. Es la elevación de la flexibilidad a la posición de máxima veneración.

Bajo la exagerada exaltación a la tolerancia, todo debe ser admitido, porque todo es respetable… lo que nos manda a poner al mismo nivel a Sócrates que a Britney Spears: lo que ellos dos digan debe ser puesto en el mismo plano.

El conferencista no entiendió que el hablar de ética necesariamente implica emitir juicios y que al hacerlo se tendrán evaluaciones diferentes de las acciones humanas, unas mejores que otras. Y por eso mismo no sujetas a igual respeto.

La ética, por definición, implica discriminación, que es la separación de las cosas buenas y malas e indiferentes. Hablar de la necesidad de ética al mismo tiempo que de la necesidad de igual respeto por todo es tan absurdo como un triángulo cuadrado.

Se ha dicho que la libertad de expresión es buena porque logra un “mercado de ideas en competencia” en el que poco a poco las mejores ideas sobre viven, aunque no de inmediato. La conferencia fue positiva por eso mismo, porque dio oportunidad a ver las contradicciones de las ideas del conferencista, una víctima de la patología actual que tiene miedo a pensar.

Porque cuando se dice que todo es respetable por igual, resulta que ya nada más hay que hacer. Cesa el esfuerzo por conocer más, por estudiar, por investigar. La misma razón tiene el experto en la materia, que el más ignorante de los seres humanos. Decir que uno es superior a otro sería contrario a esa mentalidad actual de respeto a la mediocridad y la inacción.

No digo que no deba respetarse a la esencia de la persona, pero eso no es igual a decir que todo lo que ella haga es digno de la misma admiración. Dejar de evaluar es dejar de pensar y eso es lo mismo que dejar de ser humano.


ContraPeso.info es un servicio con antecedentes desde 1995, que funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.



No hay comentarios en “Ética y Tonterías”
  1. María Elena Rodríguezx Dijo:

    Por alguna razón esto me recuerda a los mapas que colocan en las puertas de hotel, que indican con una estrellita “Usted está aquí”, por si se presenta una emergencia tomar la ruta más conveniente. Dejar de emitir nuestras evaluaciones (juzgar) es como no tener ningún mapa y ¡no estar en ninguna parte! Y nuestros niños y adolescentes estarán más perdidos que nosotros. Claro, a menos que un “experto” nos subsituya.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras