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Un texto de la Heritage Foundation (22 diciembre 2006) contiene un par de párrafos interesantes al respecto de la Unión Europea:
Las cifras anteriores indican la emisión de casi 10 reglamentaciones diarias, incluyendo fines de semana. Eso plantea un problema para todo país que sea aceptado como miembro —no saber en realidad a los que se está comprometiendo, lo que el autor señala a continuación:
Si es más o menos exacta la cifra de nuevas disposiciones anuales, 2,500 al año, cada ciudadano se enfrentará a casi siete nuevas regulaciones al día, incluyendo sábados y domingos —el costo sólo de estar al día sería impresionante, sin incluir el costo de aplicar las disposiciones. El monto es de tal naturaleza que sucede algo obvio:
No importan realmente los detalles numéricos, si son 100,000 o 200,000 —lo que es digno de apuntar es la patología que detrás de eso se encuentra. Los gobiernos, si se pone atención, no producen nada y cuando lo hacen cobran por ello los precios fijados arbitrariamente: impuestos para servicios de policía, por ejemplo, o en caso de ser dueños de empresas, los precios de la electricidad por ejemplo. Pero lo que sí crean y producen son leyes y reglamentos. Ponerse en los zapatos de un gobernante ayuda a entender la proliferación legal —si una persona trabaja, por ejemplo, en una agencia de publicidad, ella estará creando anuncios; o acero si es que trabaja en una planta de ese tipo; o comida si se trata de un restaurantero. Pero un gobernante no tiene nada por crear y demostrar su trabajo. Nada excepto leyes y reglamentos. El contador muestra sus libros, el pintor sus obras, el músico sus composiciones —todos tienen algo que mostrar sobre su trabajo —todos menos el gobernante, al que sin duda mueven los mismos incentivos que al resto de los mortales. ¿Cómo demostrar su trabajo de gobernante? Dos maneras. Una de ellas es el tamaño del presupuesto que maneja, lo que le crea la inercia de elevar impuestos. La otra es la creación de leyes —reglas para todos, hasta para qué nombres ponerles a las mascotas, como en Francia. Sucede eso en una parte importante del mundo que el mismo columnista John Blundell señala:
La tendencia de acuerdo con eso es que cada vez más y más personas estarán entrando a una economía ahogada en regulaciones y por eso, paralítica y carente de la vitalidad de los mercados libres —pero presenta un reto a explicar, el de la causa por la que los países quieren unirse a la UE. Deben tener una motivación y ver en ello una ventaja, la que quizá sea la de las ayudas financieras y movimientos libres de personas y bienes, aunque quizá no hayan visto la renuncia a soberanía local y el sometimiento de sus ciudadanos a una cantidad de reglamentos y leyes de tal tamaño que garantizan que siempre estarán fuera de la legalidad los ciudadanos. A lo que debe agregarse un dato más de Blundell:
Termino con la propuesta de un concepto —el del mercado provisional: no es el mercado legal, pero tampoco es el informal, sino uno que quiere estar dentro de la legalidad y no puede, por lo que opera provisionalmente tratando de respetar regulaciones que superan su capacidad de actualización. ¿Qué economía puede funcionar con eficiencia si se le añaden reglas nuevas al ritmo de 7 o 10 al día?
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