Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Francia y México
Eduardo García Gaspar
24 mayo 2007
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
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De México y Francia se han dicho cosas similares. Chirac, por ejemplo, dijo alguna vez que su política internacional era hacer lo opuesto a la diplomacia estadounidense. Lo mismo se ha dicho de México. Ambos países tienen tradiciones de gran poder gubernamental, de presidencialismo, de intervencionismo estatal, de beneficencia gubernamental, de sindicatos poderosos.

Y las dos naciones también parecen estar cambiando, o al menos mostrar disposición a hacerlo. La misión que enfrentan sus gobiernos es el desmantelamiento de todo lo que arrastran e impide su desarrollo.

Ambas naciones tienen un desempeño económico mediocre. Francia eligió a Sarkozy por encima de Royal, una socialista que ha ignorado la retórica marxista y admira a las empresas, siempre que no sean muy grandes. En una reciente columna se dijo que los partidos comunistas franceses han pasado a ser parte del folclor.

En México no hay partidos comunistas declarados, pero sí hay partidos con esas ideas, como el PRD y el PT, los que según los nuevos acontecimientos están haciendo lo mismo, yéndose al terreno de lo pintoresco. En fin, ambas naciones tienen cosas en común y sus gobiernos enfrentan la colosal tarea de desmantelar privilegios, corporativismo y regulaciones ineficientes.

La personalidad de Sarkozy va contra todo pronóstico. Admira a los EEUU y lo dice claramente. Juan Pablo II es una especie de héroe para él. Tiene raíces húngaras y judías. Habla de valores cristianos. Ha promovido privatizaciones. Están cosas no juegan bien con el progresismo de los medios franceses, más inclinados del lado socialista y políticamente correcto.

Pero vuelvo a mi punto, la misión dura y ardua que ha dejado el siglo 20: ese desmantelamiento de los grandes gobiernos y sus corporaciones privilegiadas. La tarea no es menor, como lo muestran las protestas contra el cambio en la ley del ISSSTE en México y como de seguro se tendrán opositores a reformas fiscales y de otro tipo, muy especialmente la laboral. Los favorecidos no caerán sin luchar con toda su fuerza.

O la reforma educativa. Francia y México tienen poderosos sindicatos de profesores opuestos a ser evaluados y depender de su desempeño. Quitarse de encima a estos obstáculos al crecimiento será tarea espinosa que requiere habilidad política en proporciones grandes y que quizá tengan ambos presidentes, Calderón y Sarkozy.

Pongámoslo en términos más pedestres: en ambos países hay muchos que están pegados a las ubres gubernamentales de las que depende su vida. Son grupos, sindicatos y empresas cuya sobrevivencia depende del mantenimiento del gran gobierno. Pero ese gran gobierno y sus dependientes resultan ser un obstáculo al progreso: la solución es deshacerse de esos dependientes para dejar libre a la iniciativa personal.

Durante el siglo 20 se montaron grandes gobiernos: estructuras gigantes que prometían cuidar a la gente desde la cuna hasta la tumba, a cambio de grandes impuestos y pérdidas de libertades. No funcionó la idea, pero se mantuvieron los privilegios de unos cuantos y esos van a defenderse con toda la fuerza de la que son capaces. Esa fuerza será la protesta callejera y las amenazas de huelgas, ya lo veremos más intensamente.

Pero hay que hacerlo si queremos salir adelante y elevar el bienestar de todos, para lo que hay que agregar otro esfuerzo importante en el campo de las ideas. Los intelectuales de ambos países suelen ser socialistas e inclinarse por lo opuesto a lo que debe realizarse. E

stos intelectuales suelen querer más gobierno y no menos. Suelen proponer utopías sin poner los pies en el suelo. Y defienden sus libertades de expresión con el mismo celo que atacan las libertades económicas del resto.

Es decir, México y Francia tienen frente a sí dos retos mayúsculos, el práctico del desmantelar a los intereses privilegiados de grupos favorecidos por gobiernos previos, y el intelectual de deshacerse de lastres ideológicos del marxismo y el socialismo. Nos movemos en esa dirección, pero ella no está garantizada.

Mantener el rumbo correcto dependerá en buena parte del voto ciudadano, el que puede hacer virar y llevar al poder a gente con las ideas equivocadas, como en Venezuela. Sin duda nuestros tiempos son fascinantes.

POST SCRIPTUM• Los datos sobre Francia fueron tomados de una columna del WSJ, de Guy Sorman, Vive la Similarité, Abril 27, 2007; página A16


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