Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ganar sin Trabajar
Eduardo García Gaspar
2 octubre 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Fue reportado hace unos días algo extraordinario. No porque fuese desconocido, sino porque a pesar de todos saberlo, poco o nada se hace para corregirlo. Al contrario, se piensa que es algo positivo.

En México existe una cosa que se llama “contrato-ley” y que es una especie de ley laboral específica aplicable a una industria concreta. Entre ellas están las industrias textil, eléctrica, cinematografía, hule, azúcar, minería, metalúrgica y siderúrgica, hidrocarburos, petroquímica, cemento y demás que son de competencia federal solamente. Veamos una de ellas.

La industria azucarera tiene entre otras cosas prestaciones de vacaciones para los trabajadores sindicalizados: 26 días de vacaciones, igual a unas cuatro o cinco semanas, superior al resto de los trabajadores. Pero además, tiene permiso de 48 faltas, 13 días en caso de casarse y 11 si llega a fallecer un familiar. Si todo esto llega a presentarse en un año, el total es de casi cien días de no trabajo.

Ver que eso es ridículo no necesita mucho poder de percepción, pero lo que sí lo requiere es entender qué es lo que creó ese sistema de privilegios. La gran duda es ésa: qué pasó por la mente de quienes decidieron esa tontería. Desde luego, lo decidieron porque pensaron que era bueno. Es obvio también que lo decidieron porque hubo una buena dosis de egoísmo.

Pero también es claro que quienes aprobaron tal disparate no vivían en la realidad. Quizá pensaban vivir en un mundo diferente y raro, en el que todo puede hacerse. De haber sido físicos, ellos habrían decretado que los sindicalizados no fueran afectados por las llamas en caso de estar en medio de un incendio.

Además de esas vacaciones, los obreros del azúcar, pagan la mitad del precio de ese bien y de la electricidad de su casa. La idea detrás de todos eso es creer que las prestaciones no tienen costo, que son gratuitas.

No lo son, por supuesto. Alguien tiene que pagar todo eso. El azúcar que así se produzca necesariamente costará más y al final es el consumidor el que paga tales vacaciones y subsidios.

Es decir, hay un traslado de recursos del bolsillo de las personas al bolsillo de los trabajadores ordenado por la autoridad. Usted, yo y el resto de los mexicanos pagamos las vacaciones y la luz de esos trabajadores al comprar o consumir azúcar a precios mayores.

El mecanismo no tiene lógica y de implantarse en todas las industrias haría que los precios de todos los bienes se elevaran notablemente dañando a quienes no pudieran lograr tales prestaciones.

En el fondo, se trata de una forma de manipular precios: con mayores precios del azúcar, las ganancias se dedican a pagar esas prestaciones excesivas, que no se dan en otras industrias y causan falta de competitividad.

Disposiciones laborales como ésta presuponen que quien paga las prestaciones es la empresas y que el consumidor no se ve afectado. La realidad es que es el consumidor la víctima de todo esto.

El objetivo de quienes aprueban prestaciones y privilegios a trabajadores sindicalizados, como en este caso, es admirable. Ellos piensan que están buscando elevar los ingresos de esos trabajadores y que la forma en que lo hacen es la adecuada. No lo es.

Si en verdad se quiere elevar los ingresos de los trabajadores, debe hacerse lo opuesto: hacer flexibles las leyes laborales y facilitar la creación de empresas, que es lo que hace que se incremente la demanda de trabajo y así suban los ingresos.

Más aún, al facilitar el funcionamiento de las empresas se eleva la productividad y eso lleva a mayores ingresos. Los ingresos no pueden elevarse por decreto de gobierno. Si ello fuese posible, la pobreza habría dejado de existir hace siglos. Esas prestaciones por decreto en realidad logran lo opuesto: crean pobreza a muchos dando privilegios a unos pocos.

Esos contratos-ley son causa de subdesarrollo. Si ellos se mantienen, no es por otra cosa que por egoísmo sindical y miopía política. Usted no puede fincar avances económicos en la elevación de los precios de los bienes, que es lo que esos contratos producen.

Post Scriptum

Los datos de las prestaciones fueron tomados de Grupo Reforma, 26 septiembre. La misma fuente el 1 octubre menciona el precio de la tonelada de caña en México: 40 dólares; en Brasil, 15.

En Generación de Desempleo hay una explicación más sistemática de esta paradoja, leyes que buscan hacer el bien causan males terribles.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





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