Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gastar con Placer
Eduardo García Gaspar
22 mayo 2007
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Digamos que Pavarotti decide dar un nuevo concierto y que usted compra boletos para asistir. Ello requiere un intercambio: usted da cierta cantidad a quienes organizan el concierto a cambio de asientos para escuchar al cantante. Todos ganan.

Usted hizo lo que quiso con su dinero y Pavarotti, quizá, dedique parte del dinero ganado a comer buenas pastas o pagar la cuenta del médico, lo que él quiera.

Esos gastos son decididos por usted y por Pavarotti de manera libre y voluntaria, lo que nos lleva a otro tipo de gastos que no son así. Por ejemplo, los gastos del gobierno del DF para dar playas a sus habitantes, o para dar dos uniformes escolares a los alumnos de esa ciudad. Allí ya no hay esa admirable decisión libre.

Para que ese gobierno regale playas a sus habitantes o dos uniformes escolares a alumnos de primaria y secundaria, tuvo que emplearse la fuerza del gobierno: la autoridad cobró impuestos forzados a los ciudadanos y con ese dinero, que no era de ella, decidió gastar en playas artificiales y en uniformes.

Fuimos los contribuyentes los que pagamos eso, pero el que hizo la caravana con sombrero ajeno fue el gobierno de esa ciudad.

Las diferencias son muy grandes. Usted quiso gastar para ir al concierto y a ello dedicó su propio dinero, el que usted ha ganado con su esfuerzo. Y el que Pavarotti después cobró por su trabajo para gastar luego en lo que él quiera. No hay aquí problema alguno. Pero sí lo hay cuando la gente gasta dinero ajeno en sí misma, o dinero ajeno en terceros. Me explico.

Los gobiernos no producen nada. Ellos tienen ingresos por medio de impuestos que cobran por la fuerza, o por medio de monopolios como Pemex. Es dinero que no ganaron por medio de su esfuerzo y por eso se gasta de manera mucho menos cuidadosa para beneficiar al gobierno antes que a otros. Por eso se tienen playas artificiales y uniformes gratuitos, en lugar de mejor policía y tribunales.

La motivación al gastar dinero ajeno es distinta a la de gastar dinero propio. Se realiza con menos cuidado y se suele ser mucho más manirroto con el dinero ajeno. Peor aún, ese dinero se gasta siempre para beneficio propio, es decir, de la misma autoridad antes que para beneficio del ciudadano. Ante playas y uniformes gratuitos, pagados por dinero cobrado por la fuerza a terceros, el gobierno espera sembrar semillas de votos para las siguientes elecciones.

Se trata, explícitamente, de compras de votos futuros para el partido que regala esas cosas con dinero que cobró por la fuerza y que podía haber sido usado en obras de mayor prioridad. Nadie le preguntó al contribuyente si prefería playas a policías, o mayor seguridad a uniformes gratuitos.

Esta es la misma razón exactamente por la que quienes trabajan para el gobierno suelen tener mejores condiciones de trabajo que quienes trabajan en el sector privado.

Recuerde usted, por ejemplo, las continuas quejas acerca de los sueldos de los legisladores federales  y estatales: ellos mismos se elevan sus ingresos usando dinero que no es de ellos… pocos placeres más grandes que ése puede haber.

Para que nos entendamos, los gobiernos son como los parientes compradores compulsivos a quienes damos una tarjeta de crédito que nosotros tenemos que pagar todos los meses. Esas personas vivirán en un mundo de fantasía que les financiamos y por eso es que hacen locuras. A estos les podemos cancelar las tarjetas, pero con el gobierno no podemos hacer lo mismo: si no pagamos impuestos, nos meten a la cárcel.

En el el DF, su gobierno construye playas y da uniformes, en Nuevo León el gobierno estatal realizará un foro de culturas universales. Le aseguro que si el dinero usado en eso fuera propiedad de los gobernantes, no se desperdiciaría de esa manera.

Y es que todo radica en eso. El gasto que usted dedicó a ver a Pavarotti fue pensado y analizado con cuidado porque usted lo ganó con su trabajo, lo que no sucede con los gobernantes.

Ellos ganan dinero independientemente de su trabajo y resultados. No tienen porqué ser cuidadosos con él. Peor aún, existe la idea en muchos mexicanos de que cuanto más gasta un gobierno él es mejor, lo que el gobernante aprovecha para verse bien sin necesidad de realidades, las meras apariencias le bastan.

POST SCRIPTUM

• El gasto gubernamental tiene más ángulos que el tratado arriba. Por ejemplo, ese gasto implica una sustitución de decisiones y por eso una pérdida de libertades personales. El dinero que se paga a la seguridad social obligadamente podría ser dedicado al pago de seguros privados de salud si la persona fuera libre de decidir el gasto. Véase Estado de Bienestar para las ideas de los Friedman sobre los tipos de gasto.

• Además, ese gasto altera los mercados. Si el dinero cobrado en impuestos fuera quemado, nada pasaría fuera de la posible caída de precios de los bienes para ajustarse a la nueva cantidad de circulante. Pero el gasto de ese dinero se traduce en una alteración de la demanda de bienes y servicios que no es ocasionada por los deseos de la gente, sino por los deseos del gobierno.

• El gasto, además, crea malos hábitos en la gente, la que se acostumbrará a recibir y sentir tener derechos solamente, sin las respectivas obligaciones. Es decir, quita a las personas los deseos de mejorar por medio del esfuerzo propio.


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