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Globalización: ¿Camisa de Fuerza?
Selección de ContraPeso.info
17 enero 2007
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta un texto de Johan Norberg. Agradecemos a Johan Norberg el gentil permiso de traducción y publicación. Norberg es sueco y esta conferencia fue dada en Suiza, lo que explica las reiteradas referencia a esas dos naciones. Su gran tema es la globalización.

Globalización

¿Camisa dorada de fuerza o mina de oro?

Lecture at the Progress Foundation, Zürich, Switzerland, 1 December 2004.

Johan Norberg

¿Qué es la globalización? Hé aquí una descripción del presidente de Francia, Jacques Chirac:

“Globalización significa que el efecto mariposa funciona en todas partes. Los errores de un corredor de bolsa en Singapur o la caída de la Baht en Bangkok, las decisiones de una empresa finlandesa o lo que decide hacer con su deuda el gobernador de Minas Gerais en Brasil, tienen consecuencias en el mundo como un todo”.

Chirac piensa en el efecto mariposa como una popularización de la teoría del caos, que dice que el aleteo de una mariposa en el Amazonas puede iniciar una serie de eventos que produzcan un huracán en Texas. Es una manera de mistificar el proceso de globalización haciéndolo parecer incompresible y caótico, como si la globalización fuese en extremo sensitiva y que el más mínimo cambio enviara grandes olas de choque a todo el resto del sistema.

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Y ésa es una mala comprensión ya que la globalización ha elevado las oportunidades de dividir los riesgos y ha descentralizado las decisiones de manera que cada decisión individual es menos vital para el resultado final. Ciertamente eso puede parecer caótico, pero sólo porque ninguna persona en particular controla todo el sistema. En su lugar, las decisiones de millones de personas a diario hacen que el sistema trabaje.

Sin embargo, el efecto mariposa es una metáfora adecuada en esta visión de la globalización, porque sucede que es un mito. Como nos dicen los meteorólogos, ninguna mariposa es capaz de crear un huracán sea que sea lo que haga y cualquiera que sean las circunstancias. Desde luego, lo que sucede en un lugar tiene efectos en otros, si están conectados, como mostró la crisis de Asia del Este.

Pero como ha señalado el meteorólogo irlandés, Brendan McWilliams. el efecto mariposa lo entiende todo al revés. Las mariposas están más afectadas por el clima que el clima por las mariposas. “Las mariposas requieren luz de sol para moverse. Son criaturas de sangre fría y necesitan del sol para mover sus alas y volar”.

Creo que este es el mejor lugar para comenzar a hablar de globalización. Acerca de cómo crea un clima más liberal e internacional para que trabajadores y emprendedores florezcan. Para mi, la globalización es el hecho de que los trabajadores vietnamitas que caminaban durante horas para llegar a sus trabajos hace diez años y que usaban bicicletas hace cinco, ahora usan motocicletas. Los trabajadores vietnamitas congestionando calles en Saigón con motocicletas chinas, ésa es la más física de las expresiones que he experimentado de la globalización.

Porque ellos pudieron pudieron pagar esos medios de transporte cuando los consumidores suecos o suizos compraron ropa y zapatos a la empresa estadounidense que los contrató —Nike.

Cuando visité al proveedor de Nike in Saigón, el líder sindical local me dijo que incluso los miembros del partido comunista usan a las plantas como ejemplos positivos de buenos negocios, en los que los trabajadores obtienen sueldos más altos y un lugar de trabajo bueno y saludable. El asunto más escuchado por la administración de la planta proveniente de los trabajadores se refería a si ella se ampliaría, de manera que sus parientes también pudieran conseguir empleos.

Para nosotros, esos trabajos nos parecen lúgubres y horribles —algo que los opositores a la globalización aprovechan al máximo— porque tenemos 100 años de productividad elevada detrás de nosotros, pero para los vietnamitas ese el primer paso para salir de la pobreza y miseria. La pobreza absoluta en Vietnam ha sido también reducida a la mitad en 10 años y gracias a ingresos más altos, 2.2 millones de niños han dejado de trabajar y comenzado a estudiar.

En realidad, quienes trabajan para una empresa estadounidense en países de bajos ingresos reciben 8 veces el promedio de salario de ese país. No es un acto de generosidad, es por la globalización. Las inversiones extranjeras traen ideas de administración, capital, entrenamiento y tecnología. Esto eleva la productividad y si un trabajador puede producir más, también vale más para la compañía y por eso puede recibir un salario mayor.

En el debate general esto es llamado explotación, pero si mejores salarios es explotación —entonces el problema de nuestro mundo es que los países pobres no son suficientemente explotados.

Y cuando los bienes intensivos en trabajo pueden ser producidos en otros países, Suecia y Suiza los pueden comprar allí y permitir que el capital y el trabajo vayan a sectores en los que son más eficientes. Los consumidores consiguen tener entonces más poder de compra y pueden comprar nuevos servicios y bienes, lo que significa que los desempleados pueden ser ocupados allí.

La globalización no es otra cosa que la economía de mercado —división del trabajo, fuerzas de competencias y lo demás— en una escala mayor. Algunas cosas que eran la propiedad exclusiva de algunos de los países occidentales han empezado a difundirse en el mundo, como la democracia, los mercados, las inversiones, las empresas, ideas, medios de comunicación, ciencia, tecnología y demás.

Cifras y hechos muestran que funciona. El reporte de Banco Mundial, Global Economic Prospects 2005, muestra que el crecimiento económico este año es el mayor en 30 años. En los países en desarrollo el pronóstico es de 6.1%; de 5.4 y 5.1% en 2005 y 2006. Esto significa un crecimiento per cápita de más de 4% anual.

Es más del doble de la tasa de crecimiento que países como Suecia y Suiza tuvieron durante su industrialización. Desde 1780 le tomó a Inglaterra 60 años duplicar su ingreso per cápita. Cien años después, Suecia hizo lo mismo en sólo 40 años. Cien años más tarde, Taiwán lo hizo en únicamente 10 años.

Los países pobres abiertos crecen más rápido que los países ricos abiertos. Es natural, porque ellos tienen más recursos latentes que aprovechar y pueden beneficiarse de la existencia de países ricos a los que pueden exportar o de los que pueden importar capital y más avanzadas tecnologías, mientras que los países ricos no tienen esa ventaja. Los economistas no habían encontrado antes esa relación.

La razón es simple: la economía en las economías proteccionistas no puede usar esas posibilidades internacionales y por eso crecen menor que los países ricos. Pero los países en desarrollo que se han abierto al comercio y a la inversión, es decir, los más receptivos a la influencia de las naciones industrializadas, crecen más rápido que los mismos países ricos.

En otras palabras, los ricos se vuelven más ricos y los pobres también. Pero los ricos no se enriquecen tan rápido como los pobres.

El número de pobres absolutos —gente con menos de 1 dólar al día—, de acuerdo con el Banco Mundial, ha sido reducido en más de 400 millones en las últimas dos décadas, aunque la población mundial ha crecido en más de 1,500 millones en ese mismo lapso. Y algunos argumentos convincentes indican que la reducción de la pobreza ha sido mayor a la de esa cifra calculada.

Otros indicadores de estándar de vida, de la ONU y del Banco Mundial, todos indican la dirección de que la humanidad nunca antes ha visto tan dramática mejora de la condición humana como la vista en las últimas décadas, una era en la que la globalización comenzó a ser realmente global. Durante los últimos 30 años la hambruna crónica y el monto de trabajo infantil han sido reducidos a la mitad. En el último medio siglo, la esperanza de vida se ha elevado de 46 a 64 años, la mortalidad infantil es la mitad y el analfabetismo se ha reducido de 70 a 23%.

El progreso es mayor en los países que se han globalizado, donde los mercados han sido abiertos y las inversiones extranjeras son bienvenidas.

Un reporte reciente del Banco Mundial concluyó que 24 países en desarrollo con una población total de 3 mil millones se están integrando a la economía mundial ahora más que nunca. Su crecimiento per cápita también ha crecido de 1% en los años 60 a 5% en los 90. A la tasa actual, el ciudadano promedio de estos países en desarrollo verá su ingreso duplicado en menos de 15 años.

Algo se está haciendo bien en el mundo ahora.

¿Política sin poder?

Eso sucede por innovaciones tecnológicas y decisiones políticas. Y una muy popular conclusión es que se debe a que la política se ha quedado sin poder, ante las fuerzas tecnológicas, los inversionistas extranjeros y las instituciones globales.

Thomas Friedman del New York Times, un muy astuto observador del proceso de globalización, ha dicho que las naciones ahora son forzadas a la “Dorada Camisa de Fuerza”, formada por el control presupuestal y los mercados abiertos. Y dice que “La Dorada Camisa de Fuerza es la vestimenta político-económica definitoria de la globalización, Cuanto más ajustada se lleva, más oro produce”.

Thomas Friedman gusta de esta camisa de fuerza. Sobre todo, menciona el oro que produce. Yo mencionaría la libertad que da a la gente. A menudo confundimos a los mandatarios con los mandantes. El hecho que los mandatarios pierdan poder no significa que los mandantes también, es lo opuesto de hecho y significa que obtenemos más poder como consumidores e inversionistas.

Los más de los críticos de la globalización odian esta camisa de fuerza. Dicen que la liberalización y la privatización es una manera de vaciar a la democracia de su poder. Pero la democracia no significa que los gobiernos controlen lo más que sea posible. Significa que el gobierno sea controlado por mecanismos democráticos.

Pero hay otro problema con esta idea de la camisa de fuerza. No existe. Sí, cuando la gente y los capitales son más móviles, los gobiernos deben ofrecerles condiciones razonables para que se queden, pero en general la era de la globalización ha llegado porque los políticos que se han dado cuenta que costos de transacción más bajos, acceso a los mercados y producción y distribución globales, han logrado hacer que sea más redituable ser global.

En un mundo en el que otros mercados están cerrados para uno, donde el capital de los países ricos se queda en casa y donde es imposible llevar información o equipo a otros países en un tiempo razonable, no se tiene mucho que ganar tornándose global. Ahora sí se puede. Y, por tanto, más y más países han tomado la decisión.

La globalización no es una “Dorada Camisa de Fuerza”, es una mina de oro. Y es fácil ver las grandes recompensas que uno puede esperar al usar excavadores e ir a buscarlo. Pero uno puede quedarse en casa y seguir pobre.

Es más o menos obvio que nadie fuerza a Corea del Norte o a Burma a volverse global. Pero es también obvio que los países ricos estarán deteniendo el funcionamiento de la globalización en varios sectores. Mientras estén dispuestos a pagar el precio.

El proteccionismo agrícola de la Unión Europea —y a propósito, también de Suiza— es un fuerte ejemplo. Detiene en desarrollo de los países en desarrollo, congela capital y trabajo en uno de los sectores menos eficientes y fuerza a los consumidores a pagar el doble por comida de lo que pagarían en un mercado libre.

La racionalidad económica y la decencia humana, tan sólo, nos fuerzan a abandonarlo.

La UE ha detenido varios intentos para subsidiar a campeones nacionales, pero eso no es una extraña, nueva amenaza del exterior, es un proceso de desarme en el que los miembros han entrado porque saben que una guerra para dedicar los mayores recursos públicos a industrias no competitivas es una guerra en la que sólo hay perdedores.

Los grandes pasos hacia la liberalización y la globalización alrededor del mundo han sido decisiones unilaterales de países que han visto el potencial. En su libro “Free Trade Today”, el famoso economista de comercio Jagdish Bhagwati señala que la liberalización unilateral de comercio induce la imitación al mostrar éxito y por su creciente influencia en los exportadores de otras naciones. Naciones como Estonia, Australia, Nueva Zelandia, Chile, India, Singapur y Hong Kong han demostrado el éxito de reformas unilaterales de libre comercio.

Un ejemplo interesante es el de la UE y Japón rehusando negociar reducciones recíprocas de protección para sus sectores financieros y de telecomunicaciones. Pero cuando los EEUU abrieron exitosamente esos sectores, ambos la UE y Japón redujeron unilateralmente su proteccionismo en esos sectores.

La OMC ha sido capaz de progresar sólo porque los países miembros se convencieron del valor del libre comercio y se liberalizaron; y ahora falla la falta de interés de las naciones. La OMC es como un auto sin motor, tiene que ser empujado por las naciones para ir hacia adelante.

Porque los gobiernos se han liberalizado en sus propios términos y a su propia velocidad, entonces hay razón para preguntar si las cosas han ido demasiado lejos o si no ha ido lo suficientemente lejos.

Los críticos de la globalización dicen que el fuerte condicionamiento que el Banco Mundial y el FMI fuerzan en las naciones en desarrollo, a cambio de prestamos y rescates, significa que su independencia es una ilusión. Tienen que cumplir con las órdenes.

De seguro, si es que quieren los préstamos. Pero el hecho de que esos préstamos de ajuste estructural existan, es otra manera de incrementar las opciones de los países pobres, en lugar de limitarlas. Un país en desarrollo con un caos fiscal o una balanza de pagos en crisis tendría que implantar reformas radicales amplias para resolver la situación y restaurar la confianza. A menudo los préstamos del FMI son una forma de sustituir promesas vagas de reformas futuras con reformas reales ahora. Y ya que el FMI rescató inversiones fallidas, se asegura que los países pobres reciban capital aunque no hayan creado un ambiente amigable a los inversionistas.

Entonces, por qué algunos economistas piensan que los préstamos para ajustes estructurales del Banco Mundial y del FMI son rígidos, aunque ellos sean sistemáticamente ignorados. No resisto la tentación de citar a Bhagwati, esta vez de su “In Defence of Globalisation”, que no debe ser confundido con un libro anterior llamado “In Defence of Global Capitalism”.

“¿Por qué, entonces, economistas tan espléndidos como Stiglitz, que fue vice presidente senior del Banco Mundial, piensan en la condicionalidad como asfixiante, como si lo escrito fuera lo que se hace? Sospecho que eso se debe a su mala interpretación de lo que ven cuando visitan estos países clientes. Son recibidos con extrema cortesía y protocolo en los aeropuertos, se hospedan en suites ejecutivas de penthouse, se reúnen con primeros ministros y presidentes y terminan sintiendo que son más importantes de lo que en realidad son. La idea de que estos países están jugando un juego y manipulándolos porque llevan bolsas de dinero está más allá de sus egos, que se elevan como globos llenos de helio en los elevados peldaños de las instituciones de Bretton Woods”. (página 259)

Entonces, ¿por qué todos pensamos que los políticos han perdido poder? Creo que eso es lo que quieren hacernos pensar.

Cuando cayó la izquierda tradicional y los socia-demócratas aceptaron al mercado, ellos explicaron a los votantes que fueron forzados a liberalizar porque los inversionistas extranjeros lo demandaron. Dijeron que tuvieron que iniciar reformas de libre comercio para mantener feliz a la OMC, tuvieron que privatizar porque se lo habían prometido al Banco Mundial, tuvieron que bajar impuestos porque las empresas de otra manera se irían a otras partes —no porque era bueno en sí mismo y crearía grandes beneficios. Esa fue la salida fácil, una forma de convencer a los votantes sin tener que criticarse a sí mismos y explicar que tuvieron que revaluar todo lo que creían.

La derecha cometió el mismo error. El argumento de Margaret Thatcher para la liberalización fue la doctrina NHA —No Hay Alternativa. Un gobierno sueco de centro-derecha fue eco de ella en el inicio de los años 90, cuando explicaron que sus reformas eran “La única salida”. Pero no mencionaron que esta era la manera deseable. Cuando el gobierno explica que las personas no tienen una alternativa y que las ideologías han muerto, se puede estar seguros de que las personas sospechan. Y con razón. Comienzan a buscar alternativas sobre cualquier cosa.

Y eso, por cierto, es es una de las explicaciones del movimiento anti-globalización. Los votantes podrían ser convencidos de que algo es necesario, pero cuando tienen la impresión de que ni siquiera los reformadores piensan que las reformas son deseables, desde luego comienzan a resentir a la globalización o a la institución en particular que “fuerza” esos cambios en nosotros. Y extrañarán a la vieja izquierda o a la derecha populista que sencillamente no aceptan lo “necesario”.

La globalización comienza en casa

Regresemos al presidente Chirac y su efecto mariposa. El experto en mariposas, Julian Donahue, ha sido interrogado al respecto de lo que se necesitaría para que las mariposas tuvieran un efecto en el clima, a lo que contestó: “Si todos los miembros de una de las especie de mariposa se coordinaran para formar una línea en un sólo plano, eso tendría un efecto”. A lo que añadió, “Pero eso requeriría un nivel de organización social que las mariposas no tienen”.

Interpretando eso en términos de la globalización, significa que la globalización comienza por casa. Hasta que los países realicen pasos de liberalización de sus economías y abran sus mercados, no tendremos globalización real. Son sólo las decisiones de miles de millones de consumidores e inversionistas, de cientos de gobiernos, lo que hace posible a la globalización.

Si la globalización no es más que una extensión de la economía clásica de mercado, como he sugerido, significa que el país debe construir instituciones liberales en casa y poner a sus economías en orden para poder beneficiarse. Y para esto hay muchos obstáculos.

Por ejemplo, débiles estructuras legales y de propiedad. El economista peruano Hernando de Soto ha mostrado que la gente pobre del tercer mundo tiene propiedades inmuebles (construcciones y terrenos) con valor de 10 billones de dólares [10 trillones americanos] más de lo oficialmente registrado. Esto es más que el valor combinado de todas las empresas listadas en las 20 bolsas de valores más grandes del mundo.

Sin tener claridad sobre quién es dueño de qué, la propiedad permanece como “capital muerto”. Las propiedades no pueden ser hipotecadas, lo que de otra manera proveería de capital para financiar la educación de los hijos o inversiones y expansiones de negocios. Millones de personas capaces con poder de iniciativa que podrían ser emprendedores en el futuro quedan entrampados en la pobreza.

En los países europeos hemos tratado esos problemas, pero por causa de una obsesión con la seguridad y la estabilidad, hemos dificultado el arranque de nuevos negocios que puedan reemplazar a los que fallan en la competencia internacional. Es un asunto de falta de competencia en nuestras economías, regulaciones de mercado de trabajo que desalienta a los emprendedores a contratar gente; impuestos, beneficios y costos laborales que elevan el precio del trabajo por encima de su productividad.

El alegato del dominio mundial del liberalismo-capitalismo debe ser atemperado al observar que tenemos hoy probablemente los más grandes sectores públicos y los más pesados impuestos que el mundo ha jamás tenido.

Para resumir: los hombres de negocios aún tienen que preocuparse del clima local de negocios, justo como la mariposa debe cuidarse del clima local. El hecho de que las instituciones multinacionales como la OMC hacen sólo lo que les dicen los países significa que una falta de interés en las reformas en casa no será compensada con un empujón desde el exterior, al contrario, endurecerá el interés en el nivel multinacional también.

La política nacional y la política local son aún las más importantes fuerzas para el bien o el mal. Aún es posible beneficiarnos de la globalización o arruinar todo el proceso. La globalización comienza con las decisiones locales. El capitalismo global comienza con el capitalismo local. No por camisas doradas de fuerza, sino porque allá afuera existen tantas minas de oro por descubrir y explorar.


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