Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobernantes y Problemas
Eduardo García Gaspar
27 febrero 2007
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Creo que bien vale una segunda opinión lo que está sucediendo en México. Verlo de manera esquemática ayudará a entender la conducta de los gobiernos, presentes y pasados. El primer elemento es uno muy sencillo e innegable. Es la realidad.

La realidad de México muestra problemas serios, difíciles y que merecen atención inmediata. Desde luego está la inseguridad, es decir, el reinado del criminal. El crecimiento económico no es el que debe tenerse, necesitamos tasas más elevadas. Las pensiones de empleados gubernamentales están a punto de explotar. Hay indicaciones de agotamiento de depósitos petroleros. La lista es grande y fuerte. Son problemas reales.

El segundo elemento es el de los gobernantes, los que ocupan puestos de decisión en el gobierno: ejecutivos, legislativos, judiciales. A niveles federales y estatales. Son los que han sido colocados en esos puestos bajo el supuesto de que tienen las habilidades para al menos coordinar las tareas necesarias para resolver los problemas.

Ahora contrastemos a esos dos elementos, la realidad con los gobernantes. Poniéndolos uno junto al otro es sencillo ver que no hay asociación. Los problemas subsisten e incluso crecen. No son solucionados. Y en muchos casos no se intenta ni siquiera la solución.

Esto lo vemos a diario y no es una cuestión de física cuántica entenderlo: los gobernantes no atienden los problemas serios y urgentes… con la excepción, por lo visto, del problema del crimen que por parte del Ejecutivo Federal y los operativos con el ejército mexicano.

Siendo de mente inquisitiva, ahora debemos buscar una explicación de este asombroso hecho: los gobernantes que son puestos en esos lugares no cumplen con lo que de ellos se espera. ¿Por qué? Podemos explicarlo por incapacidad e inhabilidad, pero aún así debemos reconocer que eso aplica a unos, no a todos. Los hay bastante cortos de luces, pero no todos son así.

En 1930 se dio una explicación a eso que nos ocupa. Está en un libro que se llama La Rebelión de las Masas. Lo escribió Ortega y Gasset. En una de sus partes dice que los gobiernos de las masas se limitan a eludir y rehuir los problemas. Si los confrontan es para esquivarlos y dejarlos sin solución de fondo, dejando esos problemas para el futuro cuando serán tropiezos mayores.

Nada mala es esa explicación: los gobernantes saben de esos problemas, no son tontos. Saben que la realidad existe, al menos la mayoría. Pero no los enfrentan. Los eluden. Los rehuyen. Ni siquiera inician soluciones.

Es decir, los gobernantes actúan bajo dos principios. El primero es ignorar los problemas grandes, los que requieren esfuerzo y talento. El segundo es atender los problemas pequeños, los que cualquiera podría enfrentar. Es igual a hacer una lista de problemas por orden de importancia y comenzar por abajo.

La cosa empeora por otra razón: cuando los políticos deciden atacar un problema de los serios tienen a su disposición soluciones alternativas y seleccionan no a la mejor, sino a la que menos dificultades les presenta. De esta manera es que México sufre de gobiernos que ignoran los problemas importantes y si acaso los enfrentan utilizan las soluciones equivocadas.

Si ponemos las dos cosas juntas en lenguaje sencillo, se reduce a tener gobernantes cobardes. Y esto a su vez merece una explicación. ¿Qué es lo que hace que los gobernantes actúen de manera miedosa ante sus obligaciones?

Ofrezco una explicación posible: desean el poder y temen tomar decisiones que les quiten popularidad masiva. Y ya que el voto es la manera de llegar al poder y lo que quieren es ganar elecciones, su nivel de aceptación de riesgo es mínima.

Pongo un ejemplo. Todas las evidencias que se tienen apuntan en la dirección de que el sector de energía en manos del gobierno mexicano debe privatizarse. Eso resolvería serios problemas. Pero no se hace por ser una decisión difícil a un problema serio y que de implantarse ocasionaría pérdida de popularidad. El resultado neto es dejar que el problema crezca.

A lo anterior debo añadir otra cosa: los puestos de elección popular tienen una duración determinada y conocida, lo que permite adoptar decisiones que posponen problemas y los dejan al siguiente. Así el gobernante puede salir airoso de su período y dejar al siguiente los problemas, el que también tratará de hacer lo mismo, heredar al siguiente los problemas serios.


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