Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gracias Pero no
Eduardo García Gaspar
1 febrero 2007
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Uno de los candidatos al Oscar de cine, un mexicano, fue entrevistado en la radio no hace mucho. En medio de una insoportable serie de melosos elogios mutuos entre el entrevistador y el entrevistado, el candidato a la estatuilla dijo que en realidad su triunfo, en caso de obtenerlo, no sería propio de él, sino “de todos los mexicanos”.

Me sorprendí, porque hasta donde yo sé, jamás tuve nada que ver en la producción de la película en cuestión. Es más, no la he visto. Y a pesar de eso, el cineasta dice que su triunfo es en parte mío. La única conclusión de lo dicho por él es que se trata de lo que en México  se llama “puro rollo”: un caso de información sin contenido que hace quedar bien al que lo dice.

Pero luego, por las mismas fechas, resultó que en otro noticiero me llamaron culpable de un asesinato. Todo empezó cuando un comentarista dijo que “todos somos culpables” de un hecho desafortunado, el caso de un joven acusado de matar a un menor y que ha sido la materia prima de un desperdicio notable de tiempo y espacio en los medios. Le juro a usted que yo no soy culpable. Es más ni siquiera conozco a los involucrados.

Desde luego, niego cualquier participación en el homicidio incluso a pesar de que como dijo el comentarista “todos” somos culpables. Y al mismo tiempo, debo aceptar que no participé en la más mínima actividad que llevara a esa película a ser candidata a un premio. En ninguna de esas cosas tuve que ver y hay testigos para probarlo. Y menos aún he tenido intervención en otras acciones.

Me refiero a lo establecido hace ya tiempo en una columna editorial en al que se escribió que “México optó en los años 70 por una política expansionista de gasto público”. Soy mexicano, pero le juro a usted que jamás nadie me preguntó por eso y yo no fui parte de esa decisión. Es más, creo que si me hubiesen preguntado hubiera contestado que el mejor gobierno es el que menos gasta.

Y, por si fuera poco, en una conferencia un tipo que hablaba como si no hubiera nada más que hacer que escucharle, aseguro que “todos hemos perdido valores”. Hasta donde sé, yo no creo haber perdido valores y si lo que dice el conferencista es cierto, entonces él también los ha perdido y lo que afirma no tiene mucho sentido.

Todo esto, me parece, es una mala manera de hablar. Es similar a la del político que dice “escuchar los reclamos del pueblo”, una frase que no sé a quién representa y me supongo es más la voz anónima de lo que el político quiere escuchar y no de la realidad. Si bien soy parte de la sociedad, yo había hecho ningún reclamo directamente a nadie y ese político estaba exagerando en el mejor de los casos.

Supongo que se trate del uso extremo de los sujetos colectivos. Usted y yo los hemos escuchado mil veces, como cuando se dice México compró a Alemania, o México vendió a EEUU tantos millones de dólares. No hay tal ente como México o como cualquier otro país. De lo que hablan es que alguien en algún país compró algo a otra persona en otro país. Es tan ridículo como decir que la Colonia del Valle vendió a la Colonia del Bosque mil cajas de cerveza.

El uso de los sujetos colectivos está justificado por razones de economía de lenguaje, es decir, para ahorrar palabras. Pero tiene sus peligros, pues puede hacernos creer que esos sujetos colectivos tienen vida propia. Un caso de esto es el de la opinión pública, cuando se reportan datos de alguna encuesta. La realidad es que no hay una opinión pública, sino muchas, millones de opiniones con algunas coincidencias.

Y es curioso que al mismo tiempo que nos quejamos de los clisés sobre las personas, los usemos en frases de puro rollo como esas que he mencionado. Si alguien dice que los mexicanos son perezosos que duermen junto a un cactus, muchos protestarán, pero no sucederá lo mismo cuando alguien dice que la sociedad es culpable de que los jóvenes beban tanto como ahora.

Las dos son generalizaciones exageradas y sin base, pero una suena mal y la otra bien. Ambas son falsas. De ninguna manera soy yo culpable de que los jóvenes beban hoy más que ahora. Es más, he actuado para prevenirlo y conozco a otros que tampoco son culpables de eso, a pesar de pertenecer a la sociedad “culpable”. Mañana sigo con el tema.


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