Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Haz lo que Quieras Conmigo
Eduardo García Gaspar
3 diciembre 2007
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


He hecho más de una vez un experimento. He puesto a mis alumnos a pensar en los valores o principios en los que verdaderamente creen, los que para ellos son los más importantes. El resultado ha sido siempre igual: ellos nombran una serie de nociones conocidas y políticamente correctas.

Nombran cosas como: respeto, honestidad, tolerancia, amor, esfuerzo, trabajo, religión, paciencia, caridad, y una larga lista adicional. No está mal para una generación de personas sobre las que existe la idea de que carecen de valores. Pero lo notable de la lista no es lo que ella contiene, sino lo que ella no contiene. Muy pocas o nulas referencias he encontrado a la idea de la libertad.

Y eso es muy llamativo, porque todas esas cosas que dijeron presuponen que existe la libertad. Si usted valora el respeto eso se debe a que se tiene la libertad de no serlo. Igual con el resto, se puede dejar de ser honesto, de ser tolerante, de ser paciente. Las virtudes o valores que esos alumnos mencionaron necesariamente implica que se es libre. Si no fuésemos libres, no existiría ninguna de esas palabras.

Solamente puede serse paciente cuando existe la opción de no serlo. Sin libertad esas virtudes serían irrelevantes. Pero hay más, mucho más en eso. Si existe la libertad y se cree que existen y son buenas esas cosas, como el respeto y la caridad, eso quiere decir que poseemos ideas al respecto de lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer… es lo que se llama moral o ética.

Quizá usted quiera hacer ese mismo experimento informal y tal vez usted encuentre los mismos resultados. Por mi parte, insisto, me llama la atención esa falta de mención de la libertad. Puede ser que la den por hecha y debido a eso sencillamente la dejen de considerar por demasiado obvia. Pero también puede ser que la cultura mexicana sea una de escaso énfasis en la libertad.

Me inclino por la segunda hipótesis: ver la historia de México es contemplar una serie de eventos que enfatizan más la lucha por el poder que cualquier otra creencia. Las conquistas indígenas, la española, los conflictos posteriores a la independencia, la dictadura de Díaz, las luchas de la Revolución, la dictadura del PRI.

Cierto, ha habido escasos momentos de libertad, pero han sido mínimos y no son parte de la cultura que se bebe en México. Nuestro himno, por ejemplo, menciona muchas veces palabras bélicas y a la libertad, sólo un par de veces. Una cultura así es más fácil presa del político redentor que su opuesto. Creo que en el mexicano hay gran tendencia a aceptar a la figura del salvador de la nación y es por eso que el presidente suele entenderse como el ser en quien están depositadas las soluciones de todos.

El tema es importante y bien vale una segunda opinión, porque esto altera nuestras probabilidades democráticas. La democracia está sustentada en la libertad personal y si no se entiende a la libertad como el gran valor humano, la democracia será el camino de la llegada al poder de quienes aborrecen la libertad y quieren el poder absoluto. Sin considerar a la libertad, la democracia se torna una simple rendición del ciudadano ante la autoridad.

Y cuando se entrega la libertad personal al estado, suceden dos cosas. Primero, se pierde parte de la naturaleza humana. Segundo, se darán condiciones contrarias a la prosperidad. La asociación entre libertad y prosperidad es lógicamente necesaria: la naturaleza humana es libre por naturaleza, por tanto lo que la fomente tenderá a hacernos vivir mejor… y lo contrario.

Ésa es la razón de fondo por la que el socialismo no crea prosperidad, porque desdeña a la libertad. Quitarle libertad a los ciudadanos para darle poder al gobernante es la receta del fracaso seguro en lo espiritual y en lo material. Si esto que digo es cierto, entonces hay razones para preocuparse si es que la cultura mexicana es una que no ha cultivado a la libertad.

Puesto en otras palabras, nuestra democracia subsistirá en la medida en la que el ciudadano comprenda que lo mejor que le puede pasar es ser libre y deshacerse de un estado que todo lo quiere hacer y, peor aún, que en realidad cree que todo lo puede hacer bien. Sin libertad estaremos diciendo al gobierno, haz lo que quieras conmigo.


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