Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Histeria y Ciencia
Eduardo García Gaspar
16 octubre 2007
Sección: ECOLOGIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es opinión personal mía que el tema del calentamiento global es demasiado serio como para ser tratado por medio de cintas, conciertos y propuestas, incluso por parte del Premio Nobel, que no consideran costos y efectos de las medidas propuestas. Tampoco puede ser dejado en manos de la opinión pública, ni de políticos que hacen películas. Tan serio es que debe ser debatido y visto como una cuestión sujeta a análisis e investigación.

Una de las cosas que hacen sospechosas a los reclamos que hablan de crisis terribles es la negativa de Al Gore para aceptar un debate. De seguro usted ha oído de Gore y su película y el reciente premio, pero es poco probable que haya escuchado de Vaclav Klaus, el presidente checo que ha solicitado a Gore un debate personal sobre el tema y que Gore no ha aceptado. Y tampoco ha aceptado discutir el tema con otras personas que piensan que ese calentamiento ha llegado a nivel de histeria.

Klaus sostiene que los pronósticos apocalípticos, sobre los que no existe consenso científico, son usados para promover medidas que ponen en riesgo la libertad humana por medio de medidas intervencionistas de resultados dudosos. Dice que una minoría muy ruidosa es la que ha producido ese clima de histeria que quiere lograr un poder tal que pueda planear nuestras vidas globalmente.

Más aún, un profesor de la Universidad de Pennsylvania propuso a Gore una apuesta, la de cada uno de ellos dos arriesgar 10 mil dólares que serían pagados dentro de 10 años a quien tuviera la predicción más exacta de las temperaturas en ese tiempo. Gore no ha aceptado y eso para mí es un mal indicador: me dice que Gore está más interesado en sus propias ideas y negocios que en la búsqueda de la verdad.

Cuando cosas como ésas suceden, la más sana posición es la del escepticismo: no aceptar con facilidad ninguna de las tesis opuestas y esperar que las discusiones que siguen aclaren el asunto. Pero si Gore insiste en no debatir, su tesis comienza a ser sospechosa. No es por querer ir en contra de alguien, o de alguna idea, sino por desear poner a la verdad como centro de la discusión.

Pongo un ejemplo muy terrenal, el de un amigo totalmente convencido de que la humanidad se dirige a su final en pocos años debido a terribles lluvias, deshielos, huracanes y demás. El apocalipsis climático, según él, es una realidad cercana y no hay manera de hacerle ver que es al menos algo dudoso. Y sin embargo, cuando se le piden pruebas y demostraciones, su alcance máximo es el de la película de Gore, documentales del Discovery Channel y su odio al presidente Bush.

Es contra eso que me declaro. Porque si en realidad alguien desea saber de temas como ése y apoyar sin restricciones una postura, la que sea, tiene la obligación de ir más allá de sentimientos y documentales sesgados. Que él crea que es una realidad ese apocalipsis climático es una opinión personal bastante endeble. Es mucho más válido y razonable declararse ignorante o escéptico.

Voy ahora a una vieja idea, de Tocqueville, que tiene aplicación en esto. Escribió él que las personas acostumbradas a una sociedad en la que no existe libertad de expresión, cuando tienen esa libertad suelen ser convencidas de inmediato por quien primero habla o por quien más fuerte lo hace. Pero para quienes la libertad de expresión es una costumbre, también lo es el descartar las opiniones que consideran malas o infundadas.

Todo se reduce a la habilidad de razonar las opiniones que se escuchan y examinarlas siquiera con un sentido común mínimo… un hábito muy poco desarrollado en países como México en el que la libertad de expresión es muy nueva y aún no produce esa costumbre. Todo radica en el uso de la razón comprendida como una herramienta imperfecta, pero de gran ayuda.

El asunto es importante por una causa: si mi amigo se pone a hablar sobre el tema no aceptará ninguna otra posición que la imposición total de su opinión, es decir, igual que Gore no aceptará debatir ni profundizar. Eso es una lástima porque producirá dos resultados. Uno, será imposible saber más. Dos, la única solución será la imposición por la fuerza de una de las opiniones.

En un caso, perderemos el avance del conocimiento. Y en el otro, perderemos la libertad. Vaclav Klaus tiene la razón.

Post Scriptum

El artículo al que hago referencia es el de Bonner R. Cohen Ph.D, Gore Dodges Repeated Calls to Debate Global Warming, 28 Sep 2007, Wall Street Journal. El 12 de este mes, James Taranto, del mismo periódico, escribió:

On Tuesday the Nobel Foundation announced that Albert Fert of France and Peter Gruenberg of Germany had won the Nobel Prize in Physics for the discovery of giant magnetoresistance. This morning Al Gore won a Nobel Prize for his global warmist propagandizing. But despite Gore’s scientific pretensions, his prize was not in physics, or in any other scientific discipline. The best he could do was the Peace Prize.

Gore became only the second former U.S. vice president to win the Nobel Peace Prize. The first was Theodore Roosevelt, 101 years ago. (A sitting veep, Charles Dawes, also won in 1926.) A comparison between Roosevelt’s prize and Gore’s shows how far the Nobel Peace Prize has strayed from its original purpose: Roosevelt won the prize for negotiating a peace treaty between Russia and Japan. Gore won it for something that has nothing to do with peace.

But if you look at the list of Nobel Peace Prizes, you’ll see that in recent years it has often gone to people or organizations whose work, while often worthy, has little to do with the promotion of peace per se. Last year the prize went to a Bangladeshi banker and a bank for their efforts to make credit available to the very poor. In 2004, it went to Wangari Maathai for planting trees in Kenya.

… When the Nobel Peace Prize was established more than a century ago, wars were largely fought between traditional nation-states over material interests. But the 20th century saw the rise of a series of aggressive ideologies–communism, Nazism, radial Islam–that render old-fashioned notions of war and peace quaint. Determined ideologues cannot be appeased; peace through strength is the only alternative to war.

The Norwegian Nobel Committee rejects strength as well as war–hence its failure to award a Nobel to Ronald Reagan for winning the Cold War (Mikhail Gorbachev got one for losing, in 1990), or, say, to the North Atlantic Treaty Organization for averting armed international conflict in Europe for half a century after World War II.

But why Al Gore? Here’s one explanation: Global warmism is an all-encompassing ideology, but one that, unlike communism, Nazism and radical Islam, has yet to inspire anyone to take up arms. Maybe in defining “peace” the Norwegians have simply decided not to set their sights too high.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





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