grandes ideas

¿Es el humano un animal racional diferente a otros animales? ¿Es la diferencia entre un humano y un chimpancé una de grado o una esencial? Hay argumentos que demuestran que es un animal diferente, muy diferente.

Introducción

Adler hace frente a esas preguntas argumentado en pro de una diferencia esencial entre humanos y animales.

Es cierto que biológicamente las evidencias muestran grandes similitudes entre ambos, pero igualmente hay enormes evidencias que prueban grandes diferencias racionales entre ellos.

Los humanos son los únicos que pueden hacer ciertas cosas, como crear arte, heredar cultura, pensar en abstracto y otras que el autor usa para demostrar diferencias esenciales. Todo con una idea última en mente, dependiendo de lo que pensemos al respecto, nuestras sociedades serán muy diferentes.

La idea tratada en esta columna viene del libro de Adler, Mortimer Jerome, Weismann, Max (2000). How to think about great ideas. Chicago. Open Court, capítulos 9 y 10, pp. 78-96. El libro es producto de una recopilación de textos de programas de televisión.

La idea de Darwin

Adler da comienzo haciendo referencia a Charles Darwin y citando su argumento. No hay diferencia fundamental entre los hombres y los animales de orden alto en cuanto a sus facultades mentales. La diferencia que existe entre ellos es de grado, no de tipo.

Ahora Adler argumentará en contra de la idea de Darwin, para sostener que sí hay diferencia cualitativa entre las personas y los animales.

El argumento de Darwin dice que los animales razonan igual que las personas, aunque a un nivel inferior. Y que los animales usan herramientas y que tienen lenguaje también, aunque sea primitivo.

Los argumentos del humano animal racional diferente

Lo que el autor quiere demostrar es lo opuesto a Darwin. Que  hay diferencias entre animales y personas, no de grado, sino esenciales. Y para ello, dice, usará varios argumentos.

1. Solo los humanos tienen realización artística

Las arañas, los castores y las abejas construyen, incluso con belleza, sus obras. Pero esto no puede ser usado para mostrar la similitud de humanos y animales, pues hay grandes diferencias.

Puede haber excelencia en una telaraña, pero esa obra es realizada por instinto. Los humanos realizan arte que cambia. Las obras de los animales son siempre las mismas, pero no las de los humanos, que varían dependiendo de lugares y momentos.

Hay variabilidad en el arte humano que no es hecho por instinto y que tampoco se repite irremediablemente de generación a generación.

Nunca hay una mejora en la tela de la araña durante la vida de esta. Siempre teje lo mismo y lo hace como lo hacen otras arañas hace siglos. No tienen variabilidad.

Más aún, tiene razón Darwin, los animales usan herramientas, si bien rudimentarias, pero esto es muy diferente a usar máquinas. Un animal no piensa en términos de una línea de producción, que supone la separación entre la idea de lo producido y el proceso de hacerlo.

Los humanos no hacemos las cosas una por una, lo que es señal de arte en la mente humana, que entiende lo universal, las ideas separadas de la existencia individual.

Y, más todavía, solo el hombre produce bellas artes y no solo objetos de utilidad, sino también de recreación.

2. Solo los humanos piensan discursivamente

El ssegundo de los argumentos del humano que es un animal racional diferente al resto, acepta que los animales solucionan problemas sin duda, igual que las personas.

Pero, en realidad, la vida de los animales es una sucesión de solución de problemas. Problemas que surgen de necesidades biológicas y de supervivencia, que son resueltos por ensayo y error.

Las personas resuelven problemas de la misma manera, pero van más allá.

Las personas resuelven problemas para los que no existe necesidad biológica de hacerlo, como los problemas de matemáticas, los problemas filosóficos, e incluso escribir esto. Pero el enfoque dado a la solución de problemas es diferente.

Un animal que soluciona un problema tiene actividad física, la persona no necesariamente. El animal usa sus sentidos, pero la persona usa su mente.

Las personas piensan usando palabras que son abstractas. Los animales tienen un lenguaje también, palabras que son limitadas y que representan emociones y situaciones rudimentarias, pero los humanos van más allá con un lenguaje sintáctico que forma frases y usa palabras abstractas.

Esto es muy diferente y, dice Adler, el día que vea al primer chimpancé que emita una frase de ese tipo, entonces estará dispuesto a admitir que la diferencia entre humanos y animales es solo de grado.

3. Solo los humanos se asocian políticamente

No se debe confundir esto con el ser social o gregario. Los animales también pueden serlo, como las hormigas, o las manadas. Se trata de la asociación política única de los humanos.

El humano racional, dice este argumento, es el único animal político. Los animales sociales lo son por instinto y no cambian ni se modifican a voluntad de los animales.

En cambio los humanos crean convenciones sociales, las modifican. Usan la razón, crean leyes, constituciones y es por esto que hay tanta variedad de un sitio a otro, de una época a otra.

Solo los humanos crean las leyes bajo las que viven, lo que es prueba de ser libres y racionales, tanto que podría decirse que las personas más que animales políticos son animales constitucionales.

A esto podría objetarse la existencia de infantes que no tienen uso de razón y de personas con retraso mental. A ellos los tratamos como si fueran personas, reconociendo sus derechos y su potencialidad de razón. A los animales no concedemos lo mismo, ni creemos que tienen potencialidad racional.

Nada de esto significa que las personas sean siempre racionales ni que actúen de siempre de esa manera. Quizá sea la conducta racional más excepción que regla, pero eso mismo señala que las personas son las únicas que pueden ser irracionales, que pueden actuar no racionalmente.

4. Solo las personas tienen historia

O mejor dicho, solamente los humanos, animales racionales, tienen desarrollo histórico. Todos los animales reciben una herencia biológica de generación a generación, pero solo los humanos tienen una herencia cultural.

Hay una transmisión de instituciones y de ideas, que se acumula en el tiempo. Sin esta herencia no sería posible la herencia. El hombre es un ser histórico, dice Adler.

Solo las personas llevan dos vidas en este sentido. La herencia biológica de sus antepasados, igual que el resto de los animales. Pero también tiene una vida histórica, que resulta de la herencia cultural. Tienen, por tanto, animalidad y racionalidad.

Conclusiones

Llega ahora el autor a las conclusiones. Sin duda hay evidencia agotadora que señala que la diferencia biológica entre personas y animales es solo de grado. Sus cuerpos no presentan diferencias cualitativas.

Pero por el lado de la mente, existe abrumadora evidencia de lo contrario. Con igual nivel de certeza de que existe escasa diferencia corporal puede decirse que existe gran diferencia cualitativa en cuanto a la mente del animal racional humano.

La inteligencia animal es sensorial o perceptiva, incluso mejor que la humana, pero la inteligencia humana es abstracta y racional. Nada hay en la naturaleza que sea igual a la mente de las personas.

Esa inteligencia es cualitativamente diferente y nada hay parecido a ella en grado, lo que puede hacer pensar que esa inteligencia no evolucionó siguiendo un proceso natural. Lo que a su vez da cabida a la idea de causas sobrenaturales.

Incluso dentro de las ideas de Darwin es admisible la intervención de Dios. Darwin termina su libro con esta frase,

«Hay grandeza en esa visión de la vida, con sus diversos poderes, habiendo sido originalmente dada por el soplo del Creador a nuevas formas o una sola; y que, mientras este planeta ha ido en ciclos de acuerdo con la fija ley de la gravedad, de tan simple inicio innumerables formas muy bellas y maravillosas han sido y están siendo evolucionadas».

Las ideas tienen efectos

La opinión que las personas tengan al respecto tiene consecuencias muy serias, Si se piensa que los humanos no son personas diferentes, ellos no tendrían dignidad especial, ni una posición diferente en el mundo. Las cosas y los animales no poseen esa dignidad.

Los derechos y libertades que pedimos para los humanos, solo pertenecen a ellos en el monto en el que son vistos como realmente diferentes del resto.

Si se dice que la persona no es superior en términos de tipo, del resto de los animales, entonces las reglas de justicia con las que nos tratamos serían erróneas. Podría con facilidad argumentarse la existencia de razas inferiores, lo que nos permitiría explotarlas y matarlas.

Y habría consecuencias también en cuestiones religiosas. La validez del Judaísmo, Cristianismo e Islamismo sería puesta en entredicho, pues las tres se basan en la idea de que Dios creó a la persona a su imagen y semejanza, con una dignidad especial y un destino también especial.

La idea final que el autor quiere dejar es simple. Dice que cualquiera que sea la posición que cada uno adopte, debe tenerse congruencia. Creer o no que el humano es un animal racional cualitativamente diferente al resto de los animales es una decisión personal.

Pero, no puede mantenerse la idea de que el hombre no difiere de los animales más que en grado y tener las mismas ideas políticas, religiosas y sociales de quien mantiene la idea de que la persona sí difiere de los animales.

Y unas cosas más…

Serán de interés La genética y la conducta humana y Animales y humanos, la diferencia.

Algo sobre las consecuencias y efectos de creer o no que el el humano como animal racional diferente a otros

¿Derechos animales?

Por Eduardo García Gaspar –   21 diciembre, 2009

Quizá todo comenzó en 1975, cuando fue publicado un libro titulado Liberación Animal. Se propuso una idea curiosa, la de los derechos de los animales.

Todo se basa en algo que se llamó especismo y que es, en pocas palabras, discriminación o racismo en contra de los animales. No es broma. Estoy tomando datos de Rice, C. E. (1999). 50 Questions on the Natural Law: What It Is and Why We Need It. Ignatius Press, p. 76.

Según la definición de Peter Singer, el autor de Liberación Animal, una persona es solo quien es racional y consciente de sí mismo, y esto da cabida a otros seres animales no humanos. Podría especularse sobre la posibilidad de que los pollos fueran personas.

Tampoco es broma. Esto pone en el mismo plano a Hitler y a Kentucky Fried Chicken: “Seis millones de personas murieron en los campos de concentración, pero seis mil millones de pollos morirán este año…” (Washington Post, 2 junio 1986).

Humano, un animal racional

La confusión es considerable y quizá pueda ser explicada. Comencemos con la naturaleza humana y si ella es igual a la de, digamos, un chimpancé, un oso panda, o una ballena.

No hay mucha necesidad de entrar en filosofía para aclararlo.

Basta pensar en la posibilidad de que una ballena escriba un libro, por malo que sea. O que un gorila descubra una ley de termodinámica.

Es claro que existe una superioridad pasmosa del ser humano. A ningún pollo se le ocurriría hacer una bomba. Los humanos somos los únicos que podemos hacer todo eso.

Y esa superioridad nuestra impone responsabilidades que están muy bien concebidas en el Cristianismo. Dios nos ha dejado a cargo de su Creación y por eso, somos algo como co-creadores.

La misma conclusión puede ser obtenida por otros medios meramente racionales. Y no está nada mal pensar así.

La conclusión es muy obvia: si tenemos a nuestro cuidado al mundo, entre las cosas que debemos cuidar están no solo los animales, sino también el resto de las cosas. Somos como una especie de administradores de lo que nos rodea.

Animales distintos al animal racional humano

Pero de allí a que los animales, o algunos de ellos, puedan tener un rango similar al nuestro, hay un abismo. Sencillamente no pueden ser personas como nosotros porque no son administradores.

No tienen la capacidad para serlo. Si los ponemos en igualdad con nosotros, desaparecería nuestra responsabilidad única del cuidado de la Creación.

Hasta aquí, podemos aceptar sin temor dos cosas. Una, somos esencialmente diferentes y superiores a los animales. Dos, el mundo está a nuestro cuidado.

Creo que no hay problema en aceptar esto, pero hay un peligro. ¿Qué es cuidar el mundo que Dios nos dejó?

Dependiendo de cómo sea definido, podemos llegar a conclusiones de que es inmoral comer pollos, reses, cerdos. Incluso, he escuchado que las plantas tienen derechos, lo que imposibilitaría comerlas.

Pero si «cuidado» es definido en concordancia con nuestra superioridad, las cosas cambian.

Y podemos aceptar que el mundo está a nuestro servicio y cuidado, que no podemos descuidarlo, pero que podemos aprovecharlo y eso significa poder criar pollos como alimento y cosas similares.

Lo que se nos exigiría sería lo natural para un ser superior, y que es el ser responsable y cuidadoso.

De allí, entonces, comienza el verdadero camino que no es el de tomar a los animales y afirmar que tienen derechos, sino el de decir que están a nuestro servicio y cuidado.

Podemos servirnos de ellos, como del resto de lo que nos rodea, pero hacerlo con responsabilidad.

Esa es precisamente nuestra labor, la de entender qué es eso de ser responsables y cuidadosos. Serlo sin dejar de pensar y salir con ideas que son absurdas porque dejan de reconocer que somos superiores al resto de la Creación.

Finalmente, para algunos esa idea de que somos superiores será dudosa. Cierto que hay casos en los que esa superioridad se puede poner en duda, pero ese mismo hecho nos demuestra la superioridad humana.

Dejar de aceptar nuestra diferencia absoluta es, al final de cuentas, volvernos irresponsables y descuidados y violentos, con pretextos ilógicos.

[La columna fue revisada en 2019-09]