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Iglesia y Globalización
Selección de ContraPeso.info
26 julio 2007
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Brian Griffiths. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de traducción y publicación. El autor es vice chairman de Goldman Sachs International desde 1991 y miembro activo de la Church of England y de la Conservative Christian Fellowship.

Lord Brian Griffiths muestra una posición única y ventajosa de la iglesia para actuar “desde abajo” en el incremento de bienestar, en contraste con el enfoque “desde arriba” de gobiernos e instituciones internacionales.

La Iglesia tiene el potencial de enfrentar la pobreza del mundo y cambiar la cultura de la globalización de maneras en las que los gobiernos y las instituciones internacionales no pueden.

No es muy fácil, al considerar los retos de la globalización y del desarrollo internacional, entrar en un debate secular —usando términos seculares— acerca de la globalización y el desarrollo internacional en los que la fe Cristiana tiene en apariencia una importancia limitada y es puesta al margen.

Sin embargo, Jesús no se hacía ilusiones con los reclamos que hacía cuando dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Mientras que Cristo “no es de este mundo”, la Escritura es clara en que el Reino de Cristo es aún así importante en cada aspecto de nuestra vida en este mundo. La Iglesia es un testigo de ese reino y, por eso, tiene gran potencial para influir mejorando el mundo.

Quiero dar dos ejemplos concretos de lo que eso podría significar: la Iglesia en África y el liderazgo en los negocios.

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Todas las iniciativas propuestas por los países del G8 para ayudar al África del sub-Sahara —tratando con deuda, ayuda, comercio y demás— son propuestas de-arriba-a-abajo. Las decisiones tomadas en Gleneagles, en 2005, fueron todas de-arriba-a-abajo.

El reporte de la Comisión sobre África hizo 80 recomendaciones. De éstas, 78 fueron dirigidas exclusivamente a los gobiernos africanos, los gobiernos de países donantes, o una combinación de ambos.

La pregunta que debe hacerse respecto a esas propuestas de-arriba-a-abajo es sobre la vida de las personas comunes en las villas y pequeñas ciudades del África rural. Tristemente, no se hace.

Es aquí donde la Iglesia resulta vital. Si tomamos al África del sub-Sahara como un ejemplo, la Iglesia Cristiana contaba con 60 millones en 1960. Esa cifra es ahora de 350 o 400 millones. La Iglesia en África está en más cercano contacto con los pobres —esos que viven con menos de un dólar al día— que cualquier otra institución.

Más aun, la Iglesia tiene una infraestructura administrativa estable a través de provincias, diócesis y parroquias, que no tiene rival y contrasta con las a menudo fallidas estructuras de los gobiernos locales. La Iglesia tiene un liderazgo altamente respetado (muy diferente al de la clase gobernante en África), que tiene entrenamiento, experiencia y vive permanentemente en las comunidades a las que sirve.

El contraste es muy vívido con los trabajadores sociales y los oficiales de las instituciones internacionales. Mediante la provisión de escuelas, hospitales, clínicas, despensarios y, más recientemente, iniciativas de micro financiamiento, la Iglesia tiene un récord probado de ayuda a los pobres.

No debe sorprendernos esto. En Deus Caritas Est, el Papa Benedicto XVI dijo,

para la Iglesia, la caridad no es una actividad de bienestar que podría ser dejada a otros, sino parte de su naturaleza, una expresión indispensable de su mismo ser.

La Iglesia en África es un gigante dormido con enorme potencial. El reto que enfrentamos los cristianos en los países ricos es como podemos servir a la Iglesia en África para que ella a su vez ayude con efectividad a su gente.

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Otra área de influencia potencial enorme es el liderazgo de negocios. Hemos argumentado que el sine qua non del desarrollo económico es un floreciente sector privado en los países en desarrollo. Compañías exitosas privadas proveen empleos, entrenamiento, exportaciones y compromiso comunitario.

Los cristianos deben comprometerse a formar empresas de maneras que permitan a la gente desarrollarse y alcanzar la excelencia. En los países del G7, hay millares de cristianos en posiciones de liderazgo de negocios, no menos que en esas empresas que son el corazón de la globalización. Habrá otros, quizá de otras religiones o sin religión, que tienen iguales altos ideales para la vida corporativa.

Una vez más, creo que la Iglesia está en una posición única para movilizar a sus miembros y tomar responsabilidad y liderazgo. Citando de nuevo a Benedicto XVI en Deus Caritas Est:

En la compleja situación actual, no menor por el crecimiento de una economía globalizada, la doctrina social de la Iglesia se ha convertido en un conjunto de guías fundamentales ofreciendo enfoques que son válidos más allá de los confines de la Iglesia.

Si la globalización no está para detenerse, ella necesita con urgencia legitimidad en términos de un marco moral que explique y promueva no sólo la creación de riqueza como un imperativo moral, sino también las maneras en las que los países pobres puedan beneficiarse y el medio ambiente pueda ser protegido.

NOTA DEL EDITOR

El texto es parte de la nueva monografía de Lord Brian Griffiths para el Acton Institute, Globalization, Poverty, and International Development: Insights from Centesimus Annus.


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