Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Imposible Planear Centralmente
Selección de ContraPeso.info
1 febrero 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
Catalogado en:


Lo opuesto de una economía libre es una economía planeada. ¿Cuál de esos sistemas es mejor y produce mejores resultados? Las evidencias empíricas que se tienen favorecen notablemente a la economía libre, a pesar de lo que aún se insiste en la opción de la economía planeada. La discusión es agria entre ambas posturas.

¿Cómo demostrar que también existen razonamientos teóricos que apoyan la superioridad de los mercados libres? A esta demostración se abocar un artículo de Ormerod que analiza en palabras sencillas ideas de Friedrich A. Hayek. De tener razón Hayek se probaría que los mercados libres son mejores en teoría y en la práctica.

La idea destacada en esta carta fue encontrada en el escrito de Paul Ormerod, The Hayekian future of Economic Methodology , en Towards a Liberal Utopia, The Institute of Economic Affairs, Londres, 2005, ISBN 0 255 36563 2, pp 222 y ss.

El escrito de Ormerod da inicia asegurando que Hayek se adelantó a sus tiempos y que la Economía actual está reconociendo las ideas del célebre economista como las correctas.

A continuación afirma que las pruebas que la realidad ofrece demuestran que los mercados libres funcionan mejor que las economías planeadas centralmente, pero que a pesar de esto ha persistido la idea de la planeación central de la economía.

Por ejemplo, puede argumentarse que los diseños de planeación central antes intentados tenían fallas que pueden corregirse. La realidad es que a pesar de la evidencia en contrario, la noción de la planeación central subsiste.

El mérito de Hayek, dice, es el haber demostrado que también en teoría es imposible lograr una buena planeación económica central, de tal manera que nadie pueda argumentar que los intentos anteriores tuvieron fallas que pueden remediarse.

La teoría económica convencional de un mercado libre no puede probar esto, pero las ideas de Hayek sí.

Lo que Hayek mostró fue que los buenos resultados de una economía no son producto de las acciones de personas aisladas, que es lo que dice la ortodoxia económica —sino del producto conjunto de las acciones de esos individuos dentro del marco institucional en el que funcionan.

Es decir, dentro de una economía libre hay procesos evolutivos y de competencia, que no pueden lograrse dentro de la rigidez de una economía centralmente planeada.

En una rápida visión histórica, todo comenzó con Adam Smith y sus famosos personajes, el carnicero, el panadero y el cervecero. Sus actos, buscando el bien personal, respondiendo a los incentivos existentes, terminaban por beneficiar a todos.

En la más moderna teoría económica del siglo 20 se vio que eso era posible para todos los mercados al mismo tiempo. Todo llegaría a un equilibrio general, cuyo modelo fue visto como el máximo logro que demostraba que los mercados libres funcionan mejor que los centralizados.

Pero aquí entra Hayek y observa que el modelo del equilibrio general tiene también implicaciones diferentes, pues puede ser usado para demostrar que funcionan mejor las economías planeadas, o que al menos tienen resultados igualmente positivos.

Todo, por un detalle: el equilibrio general supone que las personas y firmas tienen un conocimiento perfecto del mercado y que además son capaces de seleccionar la estrategia óptima de acción.

Se hacen, por tanto, demandas enormes de conocimiento a los agentes económicos y esas demandas al menos en principio podrían también ser satisfechas por un planeador central muy eficiente y quizá incluso hacerlo mejor que los agentes libres.

Y es cierto. Varios artículos académicos han mostrado cómo un planeador central insuperable podría dar mejores resultados que los del modelo de equilibrio al lograr la asignación eficiente de recursos  y lograr al mismo tiempo una distribución más igualitaria.

Visto así, el gran logro teórico de la economía libre podía ser usado para demostrar que el socialismo podía dar mejores resultados, al menos en teoría y bajo supuestos de conocimiento perfecto y selección de la estrategia óptima.

Lo que Hayek hizo fue salirse de la caja que encerraba al modelo de equilibrio general y ofrecer una explicación diferente, demostrando que las decisiones tomadas por las personas libres son siempre mejores que las tomadas por el planeador central, tanto así que los resultados de la planeación central son quizá el peor de todos los arreglos posibles que puede tener un mercado.

Hayek salió de la caja pensando diferente y anticipando la forma de pensar que se aplica en terrenos biológicos y sociales. De una visión simplista y mecánica, brincó a una visión de relaciones complejas.

Dentro de sistemas complejos, sus integrantes interactúan entre sí produciendo orden en el nivel agregado y sin tener reglas fijas —al contrario, son reglas que cambian cuando las personas observan las conductas de los demás.

Los patrones totales que emergen de estas interacciones son imprevisibles; no pueden ser predichas mediante la observación de las reglas. Es decir, en los sistemas complejos, el todo es diferente a la suma de sus partes, y la economía es un sistema complejo.

La filosofía del modelo teórico de equilibrio es la opuesta. Es una visión mecánica, de partes que no actúan entre sí, sino mediante el mecanismo de precios y además tienen reglas que no cambian, por lo que el resultado final puede ser predicho viendo actuar a sus partes.

La economía es considerada por este modelo como una máquina enorme que puede ser manejada desde afuera —y contra esto, del lado opuesto, está esa visión compleja, en la que sus resultados no pueden ser anticipados.

Esa condición del sistema complejo, la de establecer relaciones complejas entre las personas es lo que causa una limitación consustancial al conocimiento que de ese sistema se puede tener a nivel total. Es decir, al nivel agregado el sistema tiene resultados que no pueden predecirse por causa de esas interacciones complejas entre los individuos.

Ya no es una cuestión de inteligencia del planeador, ni de la capacidad de procesar datos —el sistema complejo no puede predecirse.

Para apoyar esta idea, el autor usa el ejemplo de la escuela del Public Choice que ha mostrado que los planeadores son tan imperfectos como los mercados.

Y también el ejemplo de los resultados de la desregulación de las aerolíneas en los EEUU, que dio como resultado el sistema no previsto ni anticipado de aeropuertos hub: existen pocos vuelos directos entre las ciudades y por eso se dan escalas en un pequeño número de aeropuertos centrales.

Sobre esto, Vernon Smith dijo que nadie predijo este arreglo. Sencillamente nadie sabía qué sistema prefería y se llegó a él por procesos de experimentación cuyos resultado son imposibles de anticipar. Es el proceso de evolución y competencia del que habla Hayek.

Otro ejemplo es el de la predicción de cifras económicas, como el PIB y similares. Los pronósticos que se hacen son de baja calidad, especialmente cuando más se necesitan en épocas de inestabilidad. Una rama de las matemáticas modernas analiza esto y establece que se trata de la naturaleza misma de la economía.

Lo que hace este análisis es romper los datos en dos componentes, el que contiene información y el que se considera ruido, es decir, un componente sin información. Los análisis aplicados a esos datos económicos indican que el mayor componente en ellos es el segundo, el que no tiene información. La conclusión es la misma.La economía no puede ser predicha.

La tendencia del pensamiento económico desde los años 70 se mueve en esa dirección, la de reconocer al mercado como un sistema complejo.

Una de esas tendencias es el relajamiento de la hipótesis del conocimiento perfecto dentro de los agentes económicos de un mercado. Se reconoce así la idea de Hayek, la de que las personas no tienen poderes extraordinarios de conocimiento.

Otra de esas tendencias es la de reconocer que los gustos y preferencias de las personas cambian y que las acciones de unas influyen a otras.

En los 70, algunos economistas crearon la noción de la racionalidad acotada, por la que se trabaja bajo el supuesto de que todos o muchos de los agentes económicos no tienen información completa —a pesar de lo cual siguen buscando la solución óptima para ellos con las limitaciones de esa información incompleta.

Pero la idea de la racionalidad acotada deja la puerta libre a la entrada del planeador central, pues abre la posibilidad de un agente central que recolecte la información completa y haga un mejor papel que el de las personas interactuando por sí mismas.

La cuestión ha sido ampliada. Desee hace unos diez años o más ha empezado a añadirse otra idea. Las personas no sólo pueden carecer de la información perfecta, sino que también les es imposible llegar a seleccionar la estrategia óptima.

Ormerod usa un ejemplo: en ajedrez es imposible seleccionar la mejor salida en la primera jugada, pues las posibilidades siguientes son inmensas —para imaginar un mercado, puede usarse un juego de ajedrez en el que las reglas cambian durante la partida de manera impredecible.

Esto da cabida a un fenómeno conocido, el de la empresa dominante con productos líderes que no son los ideales —las videograbadoras VHS y Betamax, y también Microsoft suelen ser citados como ejemplos. Esto sería imposible de suceder en un sistema con conocimiento completo. Como en el caso de los aeropuertos, nadie sabe anticipadamente sus preferencias.

Sin información completa, tiene sentido observar a los demás y seguir el ejemplo de sus acciones, como el comprar VHS a pesar de no ser superior, lo que alimenta un ciclo de acciones que termina en un resultado que es virtuoso para unos y vicioso para otros. Se sabe que habrá orden en el sistema, pero se desconoce el producto que ganará una posición dominante.

Pueden entenderse así fenómenos como los éxitos y fracasos del cine, los cambios en tasas de criminalidad, la volatilidad de los mercados financieros y otros sucesos imposibles de predecir.

Lo que Hayek ha hecho es proveer una mejor base para entender el comportamiento de las personas, mostrando como mediante sus interacciones las instituciones mismas evolucionan.

La eficiencia de la economía no es alcanzada por la acción individual, sino por la acción conjunta de sus actos y las reglas de la estructura institucional bajo la que operan.

Hayek sabía esto. Nosotros empezamos a reconocerlo.

NOTAS

• Este enlace lleva a más información sobre Friedrich A. Hayek.

• Este segundo lleva a información sobre Vernon Smith, Nobel de Economía 2002, con acceso a su documento de análisis.

• Y este tercero lleva a una carta de AmaYi® publicada en noviembre de 1998 que trata el tema de los sistemas complejos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Imposible Planear Centralmente”
  1. Contrapeso » Libre Mercado




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras