Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Impreparación
Leonardo Girondella Mora
26 junio 2007
Sección: ECOLOGIA, Sección: Asuntos
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Un editorial aparecido el 6 de junio pasado en El Norte, en Monterrey, México, presenta un ejemplo que debe ser anotado —su autor, Ricardo Javier García Martínez, de profesión arquitecto y urbanista, tituló a su columna Efecto invernadero o neoliberal.

• La columna da comienzo con una aseveración que establece que “Casi todas las naciones industrializadas como Inglaterra, Japón, Estados Unidos y Canadá han fincado su avance tecnológico, científico y de calidad de vida en el neoliberalismo arrojando al aire, agua y tierra cantidades excesivas de anhídrido carbónico, metano, clorofluorcarbonos y óxidos nitrosos en aras de cubrir un mercado”.

Sí, en general es cierto que las naciones avanzadas han llegado a serlo por seguir sistemas más liberales que socialistas —estoy de acuerdo con el arquitecto, aunque debe ser aclarado que el término neoliberalismo no es el correcto aquí: sería más propio hablar de liberalismo sin más calificativos, regímenes de libertades que respetan la dignidad humana y generan altos niveles de bienestar.

A esa parte, que es real, el autor añade otra —esas naciones desarrolladas han contaminado el ambiente, lo que también es cierto, pero no sólo esas naciones, sino también y muy notablemente el sistema socialista soviético lo hizo. La contaminación no es privativa de un sistema económico, sino de una actividad humana intensa, específicamente la industrial.

Por consecuencia, la afirmación del autor es inexacta: la contaminación no es producto de un sistema económico, sino de la intensidad de trabajo humano —a lo que añado una impresión personal sustentada en esa forma de escribir: el autor ha salido a probar a como dé lugar lo malo de lo que el llama erróneamente neoliberalismo.

• Sigue otra afirmación: “Esos países que aventajan a México tienen un progreso que aumenta el calentamiento global, capitalizándolo en sus territorios al formar islas de bienestar para su población”.

Entonces, debe decirse que las consecuencias de la contaminación no alteran a los países desarrollados, sino a los otros. No se entiende —una empresa en Pittsburgh, o en Toronto, lanza al aire contaminantes que no alteran sus zonas inmediatas, sino las de otros. Ellos son capaces de aislarse de los efectos malos de sus acciones. Hay algo malo en su razonamiento —debe ser un error.

• Ahora viene una evaluación del arquitecto. Dice que, “El neoliberalismo, como sistema económico con intereses privados, se conduce bajo el egoísmo individual y colectivo de empresas e instituciones que buscan solamente sus propios beneficios con un patrón de producción que activa consumo de desperdicio y gasto de energías no renovables con consecuencias nefastas para muchas ciudades, regiones y países que sufren costos ocultos facturados en súbitos tornados, temperaturas extremosas, huracanes destructivos y humedades mas altas”.

El juicio sobre el neoliberalismo que él hace sigue el mismo patrón de muchos otros —supone que al estar basado en el egoísmo sólo busca beneficios a costa de daños en otros y que a eso debe agregarse que promueve consumo de desperdicio y gasto de energía. Desde luego, la actividad humana requiere energía y ella se busca y genera para elevar el bienestar humano, lo que no es propio del liberalismo, sino de cualquier arreglo social, incluso el del que vive en una cueva y quema leña.

Debe enterarse el autor que la búsqueda del beneficio personal no necesariamente implica dañar a los demás —un concepto que lleva siglos siendo tratado en economía y que, quizá él no consultó antes de expresar una opinión gratuita.

Dice que la actividad de consumo produce contaminantes —sin duda los produce y no hace falta repetirlo. El tema de fondo no es ése, sino el de las consecuencias y cómo resolverlas. Dice que ese consumo produce “súbitos tornados, temperaturas extremosas, huracanes destructivos y humedades mas altas”, a lo que debe agregarse la petición de pruebas —número de tornados súbitos antes y después del neoliberalismo, por ejemplo.

• A continuación hace suya la creencia de que México es liberal. Afirma que, “En México, desde 1988, paralelo a la entrada del neoliberalismo se dio un decremento de la calidad de vida, se acentúo el deterioro del medio ambiente con decrecimiento de los recursos naturales y su desperdicio, aportando su cuota al calentamiento mundial”.

Si hipótesis es directa —México es neoliberal y eso produjo lo opuesto a lo que él dijo que causaba en otros países. Antes había dicho que los países avanzados lo eran a causa de neoliberalismo y ahora dice que por el neoliberalismo México ha sufrido una caída en su calidad de vida. La contradicción es obvia.

Pero hay más —la noción de que México tiene un sistema liberal ha sido desmentida con datos y análisis. Si es que se ha acentuado el decrecimiento de recursos naturales, como Cantarell que es propiedad estatal y por eso no liberal, o se han desperdiciado recursos, eso debe tener otra explicación, no la de un régimen neoliberal.

• En una de sus partes. el autor dice que existe mucha contaminación, “Compruébelo observando la cotidianidad de la nata de polución sobre el perfil urbano [de Monterrey]. Ni siquiera hay estadísticas de ello”. Exactamente, sin cifras, ni datos, sólo con impresiones personales, no es posible argumentar, ni de la contaminación, ni del neoliberalismo.

La columna del arquitecto es una colección de impresiones personales, que son respetables sólo en la medida en la que ellas vienen de un ser humano —pero que en sí mismas no aportan nada.

• El resto de la columna es una perorata ambiental —tan chocante como las morales, porque ellas tienen el problema de reducir a basura temas que son vitales.

Por ejemplo, el autor sucumbe a la llamada estándar de tantos —“Debemos encontrar nuestro destino insertándonos con nuestra personalidad en el mercado, como país y como nación latinoamericana; sin fascinarnos por el derroche y consumo irracional de energía fósil y bienes materiales innecesarios para una calidad de vida digna concomitante a nuestra latitud geográfica y necesidad social”.

Adivine el lector lo que eso quiere decir —es la misma crítica que Spencer hizo en el siglo 19 sobre la definición de la felicidad del mayor número.

Y termina con, “El neoliberalismo resultó ser también una utopía devastadora que polariza a la sociedad y no le permite amplias oportunidades para ser saludable”. Total, otro ejemplo de rollo. ¿Utopía lo que se ha aplicado en la realidad en donde el mismo autor lo señala y que produjo elevaciones de bienestar y que produce aislamiento de la contaminación?

Es costumbre decir que no se duda de las buenas intenciones del autor al proponer sus impresiones subjetivas como en este caso —pero decir eso, quizá significaría caer en lo mismo que critico: cuando alguien hace aseveraciones en una cantina tomando cerveza no se necesita haber antes consultado nada, pero cuando se escribe una columna que leerán otros se requiere una disciplina que va más allá de la expresión de cosas dichas ya, pobremente organizadas y malamente justificadas.


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