Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Incentivos y Estímulos
Leonardo Girondella Mora
6 marzo 2007
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Una columna de hace poco (20 febrero, Grupo Reforma) de Salvador Kalifa, un economista, trató un tema que de ser comprendido por siquiera una parte del sector público, resolvería problemas sin fin, el de los incentivos o estímulos.

Y cita uno de los muchos ejemplos que se tienen de esto —el de los barcos de prisioneros que iban de Inglaterra a Australia.

El ejemplo fue tomado de Russell Roberts —y cuenta de esas malas condiciones que daban a los pasajeros los encargados de tal transporte carcelario. Se está a fines del siglo 18 y los ingleses no han encontrado a tan lejanas tierras otro uso que el de servir de prisión. El servicio de transporte era ofrecido por particulares.

Muchos de los pasajeros morían en el trayecto. Dice Roberts: A lot of convicts died along the way, from disease due to overcrowding, poor nutrition and little or no medical treatment. Between 1790 and 1792, 12% of the convicts died, to the dismay of many good-hearted English men and women who thought that banishment to Australia shouldn’t be a death sentence. On one ship 37% perished.

El reto es imaginar que uno mismo enfrenta ese problema grande de muertes durante el viaje y debe ofrecer una solución —ante lo que, por supuesto, saldrá el optimista que apele a los sentimientos y los deberes de los transportistas; les dará un sermón sobre la compasión, el valor de la vida, las obligaciones humanas.

Otro, quizá más optimista aún, decretará una ley por la que una parte del costo pagado a los capitanes de los barcos debe dedicarse a servicios médicos. Y supongo que muy contentos con sus peroratas creerán haber resuelto el problema.

Sin embargo, aquel de pies más apegados a la tierra de seguro intentará otro enfoque, que es el que los ingleses implantaron —dieron estímulos a los transportistas: por cada prisionero vivo que llegaba a Australia recibían un bono.

Escribe Roberts: This simple change worked like a charm. Mortality fell to virtually zero. In 1793, on the first three boats making the trip to Australia under the new set of incentives, a single convict died out of 322 transported, an amazing improvement.

Sin sermones, sin apelar a otra cosa que al bolsillo de los transportistas, se logró un cambio sustancial en la conducta de las personas —es el terreno de los estímulos y llama a imaginar soluciones creativas a los problemas de las personas.

En este caso, más de uno podía haber imaginado una buena solución alterna, la de un descuento por cada pasajero muerto durante el trayecto. Si esto tan pedestre lograra ser comprendido, otra cosa sería de muchos de los gobiernos.

Y sin embargo, por lo que se ve, la gran mayoría de los gobernantes parecen incapaces de comprender este tema. S. Kalifa lo usa para demostrar un punto sobre el gobierno del ex-presidente Fox: …el pésimo incentivo que creó el gobierno de Fox con su inacción ante eventos como Atenco, la toma de la avenida Reforma y el Zócalo por las huestes de López Obrador, el problema con el sindicato minero y la situación anárquica de Oaxaca. En todos ellos se dieron diversas violaciones a la ley y al Estado de Derecho que quedaron impunes, lo que da un incentivo para que los grupos de presión consideren que la forma más rápida de obtener algún objetivo político o económico sea sumir a la ciudad, Estado o país en una situación de ingobernabilidad y anarquía.

Tiene toda la razón y me lleva a pensar que quien no sabe de estas cuestiones posee un severo handicap para gobernar —los humanos se mueven razonando sus circunstancias, aprovechando las oportunidades que se presentan. Son seres racionales, que piensan, como el criminal que lo es porque, sin hacerlo explícito, razona que las probabilidades de captura son mínimas. El más primitivo de los comerciantes sabe que las rebajas de precio elevan las ventas —por lo que resulta risible que todos conozcan de estas cuestiones, pero el gobierno y sus ocupantes no.

Kalifa, en una parte de su columna trata uno de los temas mexicanos, el del precio del maíz y la tortilla —donde el remedio gubernamental fue el de establecer topes de precios y desgarrarse las vestiduras por la existencia, según ellos, de acaparadores y especuladores. Si el gobierno hubiese consultado al pequeño tendero que sabe de ofertas, hubiera recomendado otra cosa.

Dice Kalifa: Un precio tope propicia, por un lado, un aumento en la demanda, pero al mismo tiempo desalienta la inversión para producir más bienes sujetos a control. Por otro, cuando se ponen los controles de precios, la gente se vuelve muy creativa al responder al cambio en incentivos. En el período inflacionario mexicano, cuando las autoridades establecieron precios topes [a] los bolillos, los panaderos no desaparecieron el producto de los anaqueles, simplemente produjeron piezas de menor tamaño.

¿Quiere alguien reducir precios, elevar calidades? Con facilitar la creación de oferta bastaría —pero eso significaría simplificar trámites burócraticos, bajar precios de licencias, reducir impuestos, abrir fronteras, hacer flexibles a las leyes laborales, cosas que de acuerdo a lo visto no pasan por la mente de los gobernantes.


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No hay comentarios en “Incentivos y Estímulos”
  1. lizbeth Dijo:

    esta bueno





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