Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Intervencionismo: una Definición
Leonardo Girondella Mora
19 noviembre 2007
Sección: Sección: Análisis, SOCIALISMO
Catalogado en:


Es común hablar de intervencionismo económico como si existiera consenso sobre su significado —y no creo que exista: esta es la causa por la que son bienvenidos textos como el de George Reisman publicado por Liberalismo.org.

La definición allí dada contiene elementos que apunto en lo que sigue —y sobre los que hago comentarios. Mi objetivo es dar los elementos de una definición de intervencionismo partiendo de algo de lo anotado por Reisman a lo que añado una fuerte dosis de mis ideas.

Lo primero es distinguir entre intervencionismo y socialismo —no son iguales, aunque en ocasiones son usados indistintamente. Reisman dice que el

“intervencionismo es cualquier acto del gobierno que representa el inicio de fuerza física y al mismo tiempo no llega a imponer un sistema económico socialista completo en el que la producción se desarrolla enteramente o al menos característicamente, por iniciativa del gobierno”.

El propósito es diferenciarlo del socialismo. La definición tradicional del socialismo indica que allí las empresas o medios de producción son propiedad del gobierno.

En el intervencionismo las empresas son propiedad privada, al menos en su mayoría, pero allí el gobierno interviene en mercados que de otra manera serían libres —el libre mercado se entorpece.

La distinción de Reisman es correcta, al menos en términos de exactitud en el uso de los términos, ya que no es igual tener propiedad estatal de los medios de producción que propiedad privada. Y también es rica en significado, pues abre la posibilidad de detectar diversos niveles de intervención del gobierno en la economía.

Visto así, países realmente socialistas son muy pocos —Reisman señala a la URSS, Cuba, Alemania Nazi y demás. Suecia y otros similares son en realidad países intervencionistas, como lo es México y países que pueden llamarse socialistas por equivocación popular.

Decir esto tiene una importancia académica y podría ser puesto de lado creyéndolo inútil —cuando no lo es, al contrario.

Mientras que el socialismo es un estado de sí-no —se es o no se es— el intervencionismo es un estado de cosas que admite gradaciones, diferentes niveles de intervencionismo: desde una tan ligera que puede pasar inadvertida hasta algo de tanta intensidad que constituya socialismo de hecho.

En un caso extremo, dentro del intervencionismo la propiedad de los medios de producción puede seguir siendo privada pero bajo una cantidad tal de regulaciones de mercado que los propietarios tengan un muy escaso margen de decisiones personales —así el gobierno estaría administrando las empresas de hecho, tomando las decisiones que en un mercado libre hubieran sido tomadas por los particulares.

Del otro lado, el intervencionismo puede ser tan escaso que se tenga de hecho una situación indistinguible de la de un mercado libre —una posibilidad poco probable, pero que para propósitos de análisis debe considerarse.

¿Debe verse toda intervención como entorpecedora e inconveniente? No, por supuesto. La labor de los gobiernos siempre involucra su intervención, que es lo que hace necesario establecer otra diferencia, la que separa al intervencionismo de la intervención deseable.

También aquí pueden examinarse dos extremos.

Del lado inconveniente y por eso posible de calificar como intervencionismo, está el ejemplo clásico de un control de precios, cuando al autoridad fija un precio obligatorio para compradores y vendedores de un bien o servicio, o varios de ellos.

Del lado conveniente, el otro extremo, está representado por la intervención para, por ejemplo, hacer cumplir contratos o impedir prácticas monopólicas abiertas —el castigo al ladrón es otro caso de intervención.

Lo que he hecho aquí es establecer una diferencia esencial —una cosa es intervención gubernamental y otra muy distinta es el intervencionismo. No puede ser equivalente el castigo a quien vende con engaño algún bien que la fijación de un precio de un bien.

La distinción tiene otro aspecto, el del quién da inicio al mecanismo de acción gubernamental —en el caso de un robo, el ladrón inicia la acción que genera a la intervención gubernamental, pero en el caso de la fijación de precios, es la autoridad quien da comienzo al intervencionismo.

El tema puede ser visto desde otra perspectiva, la de los intercambios —cuando ellos son voluntarios entre particulares, la entrada en ese intercambio por parte del gobierno es una acción intervencionista, pero no lo es cuando el intercambio entre particulares no es voluntario, es decir, entre ellos media la coerción.

De nuevo el ejemplo del ladrón ayuda: un asalto es un intercambio no voluntario entre dos, la cartera por la vida, y eso sí legitima la acción interventora de la autoridad, como no la justifica un acuerdo de compra totalmente voluntario.

Lo anterior lleva a entender mejor a los mercados libres —situaciones de intercambios voluntarios entre particulares en los que la autoridad nada debe hacer.

Pueden ser llamados así, mercados libres o economía libre, pero siempre implica que el gobierno toma una decisión, la de no intervenir y más aún, en caso necesario, hacer cumplir los contratos acordados libremente por particulares.

El intervencionismo es una política costosa. Sobre los EEUU, dice Reisman,

“Si al gobierno se le restringiera el uso de la fuerza sólo para casos de defensa o represalias, los únicos ministerios que quedarían serían el de Justicia… Defensa, Estado y Tesoro. Todos los demás serían eliminados… ni siquiera estos Ministerios continuarían tal y como están constituidos actualmente. Por ejemplo, el Ministerio de Justicia perdería su Departamento Antimonopolio, y el del Tesoro la IRS que también se cerraría”.

Los datos son ilustrativos, especialmente si se les añade el costo en 2003:

“El Presupuesto Federal para el año fiscal 2003 prevé un desembolso Federal total de 2.140.000 millones de dólares. De esa suma sólo 364.600 millones están incluidos en la “Defensa Nacional”, 25.400 millones en “Defensa de la Patria”, y 18.300 millones en “Justicia”… está claro que la apabullante mayoría de los gastos del gobierno, esto es, los 2.140.000 millones menos los 408.300 millones que se agrupan bajo estas tres partidas, son gastos que representan la intervención del gobierno, gastos que no existirían bajo el laissez-faire”.

Eso es para un país considerado como de los más libres en economía —del presupuesto federal, casi el 90% es debido al intervencionismo. La cifra es extrema y lleva a pensar en la posibilidad de reducir los impuestos en esa misma proporción si acaso se estableciera realmente un mercado libre.

Las conclusiones para ese país sin duda son proyectables al resto: el intervencionismo tiene un costo directo muy considerable, al que debe añadirse otro, el que pagan los particulares por cumplir con las reglas del intervencionismo.

La justificación del intervencionismo, en cualquiera de las gradaciones que pueda tener, es la mejoría del bienestar de las personas bajo un cierto gobierno —no es un objetivo que pueda rechazarse, pero lo que sí pone en tela de juicio al intervencionismo es su costo, y que es altísimo.

Considérese que una persona que paga la tasa promedio de impuesto personal, quizá de 25%, podría incrementar su ingreso en más de 20% si su gobierno abandonara políticas intervencionistas.

Eso es meramente el costo de la implantación operativa del intervencionismo —faltando de considerar el costo que ese intervencionismo produce en la vida de las personas. García Gaspar enfatizó que

“Los datos del Banco Mundial indican que para una empresa de tamaño medio [en México] ella debe hacer 27 pagos anuales de impuestos, más de dos al mes en promedio y gastar en ello 552 horas, es decir, 14 semanas (8 horas diarias 5 días a la semana de una persona). Y tiene una carga fiscal total de poco más de la mitad sobre sus utilidades”.

Si el intervencionismo se anulara de un día a otro, la personas posiblemente elevarían sus ingresos en proporciones cercanas al 40%.

Suspender el intervencionismo sería una medida que elevaría el bienestar de la población, incluso por otra razón menos sencilla de comprender: el intervencionismo causa una asignación improductiva de recursos, la que mejoraría notablemente al desaparecer el intervencionismo. Rothbard ha tratado aún más este tema.

¿Por qué razón se ha llegado a tales extremos de intervencionismo? Existe una razón esencial que apunta Reisman: el intervencionismo tiende a crecer, se alimenta a sí mismo. No es nuevo esto, lo ha señalado antes, por ejemplo, H. Spencer —las regulaciones tienden a crear nuevos problemas, los que a su vez ocasionan nuevas intervenciones que generan más problemas.

Reisman dice al respecto que,

“..el gobierno impone un salario mínimo y una legislación favorable a los sindicatos, subiendo el precio de mercado de los trabajadores y generando paro. Luego se producen grandes quejas alegando que el capitalismo sufre un problema endémico de desempleo, y necesita un sistema de bienestar público y programas gubernamentales de creación de empleo”.

Es un círculo vicioso.

Con todas sus fallas, sin embargo, el intervencionismo subsiste e incluso es popular en varias partes. Para explicar esto, Reisman acude a Marx:

“Es en su teoría de la explotación donde subyace el supuesto que el intervencionismo no tiene ningún coste para nadie excepto para los ‘explotadores’ capitalistas; que de alguna manera sale del ‘valor sobrante’ o de los beneficios. Esta noción… se refuerza poderosamente por la capacidad del gobierno de crear dinero, que hace que los gastos parezca que no tienen coste para los ciudadanos, a los que no les suben los impuestos inmediatamente para pagar el gasto cuando ese gasto se puede pagar con el nuevo dinero creado”.

Pienso que esta cuestión va más allá —si bien el origen de la creencia de un intervencionismo sin costo puede provenir de un contagio de las ideas de Marx, debe agregarse que el intervencionismo también eleva el poder del gobernante y eso es una meta personal de cada uno de ellos.

Más todavía, si acaso la mente del ciudadano se acostumbra a entender al estado como un padre que le cuida, el intervencionismo crecerá por esa misma causa: un ciudadano que renuncia gustosamente a sus libertades sin darse cuenta que lo hace.

Todo lo dicho apunta en una dirección general, es necesaria la abolición del intervencionismo para poder elevar el bienestar de todos y resolver problemas de pobreza.

Addendum

Un video hip hop (en inglés) ilustra muy bien las opiniones de Keynes y de Hayek: entre el intervencionismo y el liberalismo. Cuidado en los más pequeños detalles.

ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.


3 Comentarios en “Intervencionismo: una Definición”
  1. Maricruz Dijo:

    Muchas gracias por la informacion. ;)

  1. Contrapeso » Lecciones Económicas Mexicanas
  2. Contrapeso » Desarrollo Estabilizador Mexicano




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