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Si hay consenso en el acuerdo de considerar a Adam Smith el padre de la Economía —también hay avenencia en aceptar muchas otras menciones anteriores que llevan en sí mismas una evidente intuición de principios económicos. García Gaspar (a quien agradezco las referencias bibliográficas) aportó parcialmente algunas de esas intuiciones económicas al resumir una idea de Pufendorf —en cuya presentación menciona:
Quiero agregar otra pieza de las que afloran en otras partes con intuiciones económicas —en una del Levítico (25, 10-16):
Se trata de la intuición del valor presente de las cosas futuras: el que compra muchos años antes de devolver las tierras debe pagar más por ellas que el que las compra poco tiempo antes de devolverlas. En un libro que investigó el pensamiento de los Escolásticos Tardíos, Chafuén menciona ideas de San Bernardino de Siena ”el agua es barata donde ella abunda y podría suceder que en un lugar en el que el agua escaseara ésta fuese más cara que el oro“. Y también, una idea de Luis de Molina: el precio depende de la relativa apreciación que cada persona tiene del uso de ese bien. (Chafuen, Alejandro Antonio (1986). Christians For Freedom : Late-Scholastic Economics. San Francisco. Ignatius Press. 0898701104) Una de las más grandes ideas de Adam Smith no es suya —la de la división del trabajo: pero lo que es muy suyo es el ver eso que es tan humano como causa del bienestar, de la riqueza y sus causas. No puedo imaginar la existencia de un grupo de personas, por pequeño que sea, que no registre siquiera el más embrionario germen de una división del trabajo: mientras tú haces esto yo hago lo otro. La misma idea exactamente se encuentra unos cuatro siglos AC en Platón —no sólo reconoce que la gente común tiene diversos oficios, sino que incluso separa las funciones de los vigilantes y los gobernantes: en un sistema diabólicamente autoritario. Pero finalmente, allí está esa división del trabajo. Y si hay división del trabajo se da como inferencia otro aspecto que para Smith es esencial en la naturaleza humana —la de su propensión al intercambio: el comercio, así sea el más rústico que pueda tenerse, tres vacas por cinco corderos. Porque la división del trabajo crea una situación especial, la de la abundancia de más de lo que cada persona necesita. La mente humana de inmediato entiende lo que debe seguir: si yo tengo más vasijas de las que requiero es una buena oportunidad ofrecerle un intercambio a quien no tiene vasijas, las necesita, y tiene el trigo que yo no tengo. La división del trabajo, cuando llega a niveles mayores también crea más bienes —y en esto entonces aplica la idea de Pufendorf y San Bernardino: la mayor abundancia reducirá los precios. Gracias a las máquinas que cosen, habrá más camisas y quizá ahora pueda comprar dos al año y no una cada cinco. Finalizo con una idea: en la Economía está la sistematización de muchas ideas sueltas desde hace muchos siglos y en ella se resumen y refinan muchos aspectos de la conducta humana —de maneras más sencillas que en otras ciencias que con menos base y más soberbia intentan hacer lo mismo. Addendum En la revisión de este manuscrito, me fue dada otra situación que descifra esas intuiciones económicas de hace siglos al mismo tiempo que ilustra alguna inmodestia presente. Cuando se habla de los tiempos de la colonización europea en América suele verse con desprecio los intercambios de oro por baratijas —si el intercambio era voluntario, ambas partes ganaban y para una de las partes era más valioso, por escaso, un espejuelo que el oro que poseía. Si algunos se burlan de esos intercambios y los ven como fraudes, conocen ellos de economía y de la naturaleza humana menos que muchas personas siglos antes.
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