Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Apuesta por México
Eduardo García Gaspar
10 octubre 2007
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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Reúna a sus amigos y entre ustedes hagan una apuesta sobre quiénes serán potencias dentro de 500 años. Dejan el dinero en un fideicomiso y se le pagará a los descendientes de quien resulte ganador. Por poco que apuesten, el monto a ganar será considerable. Más o menos eso fue lo que hizo un historiador.

Paul Kennedy en su libro “The Rise and Fall of the Great Powers” plantea una apuesta similar partiendo de 1500 y, sobre lo que en ese tiempo se sabía, intentar adivinar a las grandes potencias dentro de los siguientes 500 años. En resumen, hace lo siguiente.

Toma a los europeos, a los chinos y a los musulmanes como los candidatos a convertirse en potencias grandes en los siguientes siglos. Viendo los datos de ese tiempo, la apuesta racional hubiera sido pensar que potencias serían los musulmanes o los chinos. Los europeos nada de nada. Musulmanes y chinos ya eran potencias y tenían grandes logros. Por ejemplo en China en ese tiempo se fabricó más fierro que en Inglaterra al principio de la Revolución Industrial.

Sin embargo, cinco siglos después ni los chinos ni los musulmanes ganaron esa apuesta. Fueron los europeos los que se convirtieron en potencia: los desordenados, los guerreros, los divididos. ¿Por qué?

Según Kennedy la razón del por qué emergió Europa y no los otros es la misma. Lo que hizo perder a chinos y musulmanes fueron actitudes y acciones: burocracia, poder concentrado, pasión por el pasado, desprecio de las innovaciones, autoridades impredecibles.

Por el contrario en Europa, el poder estaba fragmentado, las innovaciones eran fomentadas y admiradas, el comercio fue favorecido, había pasión por el futuro, no existían monopolios regionales, nadie dominaba la región como sí sucedía con los otros.

La idea central de Kennedy es colocar énfasis en la concentración del poder: la existencia de varias naciones en Europa impedía que una de ellas dominara al resto. El aparente desorden fue una ayuda. Los gobiernos no pudieron estorbar la iniciativa personal lo suficiente, como en otras partes.

Si lo que dice Kennedy tiene razón, la apuesta que haga usted hoy para pagarse en el año 2500 no debe incluir a Europa. Esa región no será la potencia de ese tiempo. Una de las razones es la falta de énfasis en la innovación, un fenómeno apuntado por E.S. Phelps, un economista.

La otra razón, el gobierno europeo está emitiendo unas 10 reglamentaciones diarias y a creado varios cientos de miles, es decir, está concentrando poder en esas regulaciones. Es lo mismo que padecieron los chinos y los musulmanes: el gobierno como un obstáculo que impide la innovación.

No le aconsejaré a qué país específico seleccionar para su apuesta. Pero sí puedo decir que deben usted y sus amigos guiarse por cosas a examinar. Pongan atención en los tipos de gobierno de los países, cuanto menos estorbosos sean, mejor. Olvídese de apostar por México y en general, América Latina, región donde los gobiernos, como en Europa, se creen obligados a meterse en todo.

Piense en regiones o países en los que la innovación es constante, admirada y fomentada. Si China se deshace de su pesado gobierno, las cosas podrían cambiar, pero por lo pronto EEUU y la British Commonwealth no serían malas apuestas. O los países que se han quitado de encima cargas gubernamentales, como Estonia.

Este ejercicio mental puede ser calificado como simple e iluso, pero en el fondo trabaja con las variables que tienen efectos de largo plazo y son los más importantes. Lo que la apuesta hace es poner en la superficie a lo que más importa: el progreso está determinado en buena parte por la libertad de iniciativa de las personas en un ambiente en el que al menos esa iniciativa no es restringida por la autoridad.

Donde ese ambiente pueda tenerse, a la larga se progresará en tal proporción que quien lo haga será una potencia futura. Por lo pronto, si eso es cierto, podemos predecir que México no será una potencia.

Como los europeos, nuestro gobierno piensa que debe intervenir en todo, hacer todo, regular todo… y lo que se necesita es lo contrario, que deje a las personas hacer las cosas en un ambiente de estabilidad.

Post Scriptum

Lo anterior plantea una posibilidad fascinante: el pago a los gobernantes podría estar determinado por el crecimiento de la economía. Sin recibir sueldo alguno, excepto por un ingreso mínimo mensual, unos dos o tres salarios mínimos, recibirían enormes bonos dependiendo del crecimiento de la economía al final de su mandato y penas de cárcel en caso de tener crisis económicas.

Habría que afinar detalles para evitar medidas de corto plazo, pero quizá moviera a los políticos a hacer lo adecuado y no lo ideológico o populista.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





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