Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Decisión Última
Eduardo García Gaspar
29 marzo 2007
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Viendo las cosas de manera sencilla, quizá puedan clasificarse a las personas interesadas en la política en dos tipos. Ambos desean hacer un bien, pero difieren en cuanto a cómo querer lograrlo. Los socialistas tienden fuertemente a diseñar formas de vida que les parecen adecuadas y tratar de imponerlas en los demás. Los liberales hacen lo opuesto.

Para ilustrar el punto con un caso concreto, podemos usar el caso del PRD y su propuesta de estado benefactor: quieren cuidar al ciudadano desde que nace hasta que muere, con sistemas de pensiones, salud, educación, vivienda y demás.

El gobierno y su gente define lo que es bueno para usted y lo realiza. Usted debe aceptarlo, por ejemplo, renunciando a hacer los ahorros personales para su pensión: los gobernantes le retiran dinero para hacerlo ellos y no usted.

La posición liberal es la contraria. Un gobierno liberal se limita a crear condiciones de estabilidad y estado de derecho que le ayude a usted a hacer lo que sea que usted quiera, así sea despilfarrar sus ingresos o ahorrarlos.

Allá usted y sus decisiones. Mande a sus hijos a la escuela que quiera, vaya con el médico que usted prefiera, abra la empresa que quiera. Usted es el responsable de sus acciones y nadie más.

En resumen ésa es la esencia de un sistema liberal en comparación a uno socialista. Se trata de tener ciudadanos muy independientes y libres en un sistema liberal, o de ciudadanos muy dependientes y poco responsables de sus acciones en un sistema socialista.

Desde luego, en la práctica los sistemas no son puros y tienen sus variaciones o dosis de cada uno de esos componentes, seguramente con alguno de ellos mayor que el otro.

La selección entre las dos opciones es la gran disyuntiva de nuestros días y lo ha sido por un par siglos o más. En México el tema no creo que sea del todo comprendido por el ciudadano común, el que está más inclinado a ver personas que ideas. En las elecciones pasadas, por ejemplo, los ciudadanos veían más a los candidatos que a sus ideas y eso es una lástima. Lo que importa al final no es quién nos gobierna, sino cómo lo hace.

Creo que el punto bien vale una segunda opinión para elevar el nivel del diálogo entre los partidos políticos mexicanos y dejar de lado inútiles tomas de tribuna en la cámara de diputados. Entendiendo lo que está en el fondo se podrá hablar mejor y con mayor productividad entre los partidos: se quiere tener un gobierno de corte socialista o uno de corte liberal. Esa es la cuestión y no otra.

Entre las dos opciones a los liberales nos gusta apuntar que las sociedades más prósperas son las que tienen mayores dosis de libertad personal, lo que es fácilmente demostrable examinando los países más ricos y su historia reciente. En todos ellos la razón de su progreso es la aplicación de políticas liberales, a tal punto que incluso los nuevos socialistas se han liberalizado.

Los socialistas por su parte, también motivados por el deseo de crear bienestar, argumentan que el intervencionismo estatal crea sociedades más igualitarias y justas, aunque no poseen pruebas al respecto. Y tratan de señalar que ellos corrigen las fallas de los mercados libres, sin reconocer que el gobierno tiene fallas que son mayores.

Pero dentro del socialismo, como también en el liberalismo, hay diversas posiciones. El socialismo extremo quiere hacer del gobierno propietario de todas las empresas, mientras que el liberalismo extremo privatizaría incluso las calles.

La respuesta, en mi opinión, está mucho más del lado liberal que del socialista. Tengo muchas razones por las que afirmo eso, pero una de las más poderosas es la siguiente.

No hay manera de garantizar que los gobernantes dentro de un sistema socialista tengan los rasgos necesarios para detentar la gran cantidad de poder que el socialismo quiere colocar en el gobierno. Recuerde usted a los presidentes mexicanos, a cualquiera de ellos, y dígame si a alguno de ellos usted le daría el poder suficiente como para que él lo cuidara a usted desde la cuna hasta la tumba.

Por mi parte, prefiero confiar en mí mismo y aceptar las consecuencias de mis actos, que darle las decisiones de mi vida a Echeverría, Salinas, o Fox, por poner esos ejemplos. Tampoco a Calderón, ni a Zedillo.

POST SCRIPTUM

Desde luego, hay otros argumentos definitivos en contra del socialismo:

• Imposibilidad de determinar precios reales y por eso no poder hacer cálculos.

• Oposición a la naturaleza humana, es decir, a la libertad que supone la capacidad de razonar y por eso decidir y actuar.

• Concentración de poder y por eso ser propicio a los abusos de gobierno


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