Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Expresión Libre: un Mercado
Leonardo Girondella Mora
20 septiembre 2007
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La censura a la libertad de expresión no es un tema totalmente desechado —existen personas que desean restablecerla, sin usar esa palabra, sino otra muy bella, la de equidad. Le suelen llamar Doctrina de la Equidad (Fairness Doctrine).

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Para una mejor comprensión de la bonita doctrina debo iniciar con la posición de la censura de la libertad de expresión —la censura pretende limitar esa libertad para evitar que ciertos temas o ideas o noticias sean conocidos por las personas. La mejor forma de comprenderla es pensar en las situaciones de países bajo un sistema dictatorial: Cuba, Venezuela y otros similares permiten definir censura sin necesidad de formalismos verbales.

Natural es que la libertad de expresión conduzca a situaciones indeseables, que son producto de la situación que ella pide: cualquiera tiene el derecho de decir lo que le plazca sin limitaciones —y eso puede convertirse en una defensa de la pornografía, los odios raciales y cosas que no se juzgan deseables.

La libertad de expresión, por tanto, se juzga como una algo que no es perfecto —sus ventajas sin embargo, superan sus defectos, y esto es especialmente importante en terrenos políticos: la democracia sería imposible sin la libertad de expresión.

En su concepción más tradicional, la libertad de expresión era vista como la posibilidad de tratar públicamente un tema, el que sea, sin temer consecuencias previas ni posteriores de la autoridad u otras organizaciones. En tiempos actuales, se le ve como un instrumento de utilidad para llevar información de un sitio a otro, lo que permite tomar decisiones mejores.

Hubo un desarrollo, por los años 70, cuando se hablaba del Derecho a la Información y que era una obligación gubernamental hacerlo respetar —lo que ocasionaría la emisión de leyes al respecto, incluyendo la posibilidad de otorgar licencias y permisos a reporteros. Nada de eso tuvo éxito y las cosas en México se dejaron como estaban, sin ese Derecho a la Información.

Mucho antes en los EEUU se había establecido esa Doctrina de la Equidad —que fue repelida en los años 80. Lo que esa doctrina solicitaba era un tratamiento balanceado de los asuntos que eran considerados de mayor impacto: implicaba la presentación de diferentes opiniones sobre el tema, de manera que se tuviera una perspectiva razonable de diversos puntos de vista.

Como dije antes, esa doctrina tiene su belleza aparente y su lógica superficial. Durante su aplicación tuvo un efecto, muy conspicuo después de su anulación: los temas más importantes fueron evitados por los medios por temor a pensar que su tratamiento no fuese balanceado —y después de retirarse esa doctrina, la cobertura de esos temas se elevó notablemente.

Es decir, por temor a no tratar un tema delicado con equidad, los medios tendieron a ponerlo de lado, pero cuando la doctrina fue retirada, los asuntos de importancia fueron de nuevo tratados en los medios de EEUU.

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La Doctrina de la Equidad, como dije, pide y obliga a que cada medio en lo individual presente la información de manera balanceada y equitativa —no en todos los asuntos que trata sino en los que se consideran de mayor importancia. La doctrina tiene una aplicación en México en las coberturas de las campañas electorales: se espera que los medios den tiempos y espacios en proporción similar a cada candidato, sin tratamientos sesgados.

Es el único caso mexicano en el que eso se espera como obligación de equidad —pero nada más. Si la Doctrina de la Equidad se aplicara a todos los casos de importancia, los medios estarían obligados a tratar cada asunto con tal tacto que también podrían decidir dejar de tratarlos.

Si un medio publicara una noticia acerca de la oposición al matrimonio de personas del mismo sexo estaría en la obligación de cubrir otro evento en favor de esos matrimonios —para cada tema tendría que andar con extremo cuidado logrando proporcionalidad entre ellos. Es un camino difícil para cada medio en lo individual.

Lo que pone de lado esa doctrina es la realidad de la totalidad de los medios noticiosos, los que en conjunto podrán dar esa diversidad de posiciones al respecto de cada tema o asunto. Lo que cada medio en lo individual no puede hacer sin gran dificultad, lo pueden lograr los medios en su conjunto.

Ignora también esa doctrina el escollo que se presenta a diario en los medios noticiosos —cuando la separación entre noticia y comentario es nebulosa: el simple hecho de decidir colocar una noticia en la primera plana y otra en la segunda es en sí mismo una acción que comenta la noticia.

Los medios, en lo general, sostienen su negocio en la idea de coberturas oportunas y exactas de los sucesos —son como una especie de representantes de los ciudadanos frente a quienes son personajes públicos por alguna razón.

Pero esos representantes son humanos y tienen deficiencias: se autocensuran, tienen preferencias políticas, desconocen temas, se corrompen, tienen creencias. No es posible que de ellos alguien espere perfección, pero sí consistencia en calidad.

Entra en juego un personaje olvidado por la Doctrina de la Equidad —el ciudadano mismo que es libre para seleccionar los medios que prefiere, acudir a varias fuentes de información y, lo más importante, juzgar a los reporteros, los medios y sus reportajes.

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Creo que es mejor dejar que el “mercado” de la información se conduzca libremente con abundancia de medios —la idea de imponer reglas innecesarias a esa conducta espontánea puede llevar a errores que son más graves que esos que pretende solucionar. La libre expresión no es la solución perfecta y más digna en la que pueda pensarse, pero es la mejor que puede lograrse.

En esa espontaneidad libre saldrán a la luz temas irrelevantes, opiniones absurdas, subjetividades ridículas y argumentos tontos —pero al mismo tiempo serán puestos en la mesa temas importantes, opiniones variadas, juicios inteligentes: formando todo un galimatías odioso para muchos, pero beneficioso para todos.

Post Scriptum

Es digno de señalar un caso desconocido de sesgo en los medios estadounidenses y que afecta a la comunidad latina de ese país. El fenómeno es poco reconocido y afortunadamente fue tratado en una columna del WSJ (13 septiembre), de Leslie Sánchez, titulada The World According to Univision. En ella se dice que,

John Edwards has not taken a definitive position on abortion. Hillary Clinton’s position on the issue is that “she will fight for the defense of children.” And Barack Obama wants taxes to be “as low as possible.” Each of these statements is misleading, at best.

Mr. Edwards and Mrs. Clinton support “a woman’s right to choose” and Mr. Obama wants to repeal the Bush tax cuts. But on Univision, a Spanish-language TV network with an average prime-time audience of about 3.5 million viewers, these and other slanted statements about the presidential candidates are commonplace.

Todo el punto de la columna se reduce a señalar que en Univisión se tiene un sesgo informativo de importancia y que no ha sido señalado —los Demócratas salen beneficiados por las preferencias de esa cadena, incluso a pesar de que su audiencia tiene valores que son más afines a los Republicanos: no al aborto, más familia, más apertura de negocios, menos divorcios.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.





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