La construcción de la hidroeléctrica en Zimapán y sus efectos no intencionales

Por Lizbeth Daniela Reséndiz Castro

La realización de importantes obras siempre implica grandes cambios en la zona demográfica donde se realizará, tanto para el suelo, medio ambiente, entorno físico, etc.

Este escrito se enfoca hacia una construcción en particular, la Hidroeléctrica de Zimapán, localizada en El Infiernillo, entre los estados de Hidalgo y Querétaro, construida a inicios de junio de 1990, terminada e inaugurada en 1995. El costo aproximado de la obra fue de 2,000 millones de los entonces nuevos pesos.

Fueron afectadas 2,290 hectáreas, por lo que fueron movilizadas las familias que vivían en los bordes de lo que hoy en día es la presa.

Ésta es la historia: al inicio del proyecto se habló con las familias implicadas en la realización de la obra. Se les plantearon los problemas y las necesidades que conllevaba la construcción de la nueva presa, entre esos temas estaba el hecho de que las familias tenían que desalojar la zona. Los habitantes que serían desterrados de  territorios, que ya por muchos años habían sido parte de su herencia generación tras generación serían indemnizados con casas de mayor calidad más un plus.

La nueva colonia consistía básicamente en un mini pueblo de primer mundo, las casas eran lo suficientemente amplias, contaban con 2 entradas para coche, aunque muchos de ellos no tuvieran uno, las más pequeñas eran de dos habitaciones, sala, comedor, cocina y un baño, todas con posibilidades de ampliarse, ya que contaban con un amplio patio.

El proyecto contaba con un gran parque con juegos infantiles y asadores para convivencia familiar  cualquier día de la semana. Otra de las características de este “mini pueblo” era que contaba con un auditorio para eventos, característica que obviamente no era parte del entorno anterior, a orillas de la presa, en donde la modernidad y los servicios básicos eran muy difíciles o prácticamente imposibles de obtener.

Como es de suponerse, toda la obra habitacional estaba pavimentada y completamente iluminada, de hecho a la entrada de la misma tenía unos arcos enormes en donde se especificaba el inicio de esta gran obra. Estaba sobre la carretera, por lo que era muy fácil de localizar y la arquitectura de las viviendas tenía un bello diseño.

Es de suponerse que cualquiera que viviera antes en una casa con techo de lámina de asbesto y se le ofreciera una alternativa tan llamativa a cambio de su propiedad (que en sí solo era el terreno, ya que las construcciones son deplorables) estaría feliz y obviamente dispuesto a realizar ese cambio, al final, todos saldrían beneficiados, los propietarios de los terrenos, ya que serían más que recompensados con una vivienda digna y un entorno social más próspero para ellos y sus hijos, los habitantes de las zonas aledañas, los inversionistas, la población en general, debido a la energía eléctrica que será producida y los empleados que laborarán en la construcción o en el mantenimiento de la misma.

Hasta este momento no hemos llegado a un punto en el que algo marche mal, los planes para la hidroeléctrica son buenos y las cartas están puestas en la mesa, la construcción de la hidroeléctrica en la presa ubicada entre los estados de Hidalgo y Querétaro es un hecho.

Pero regresemos al punto principal de este escrito, las familias “afectadas”, que en realidad no se podría decir que son del todo afectadas, ya que como se mencionó anteriormente fueron reemplazados los bienes que poseían y se les otorgó un poco más.

Increíble pero cierto, a pesar de la propuesta tan tentadora hacia la comunidad, ésta rechazó salirse de esa zona, la cual se inundaría si la construcción de la presa se llevaba a cabo. Al final y después de un difícil y largo acuerdo las familias accedieron a mudarse. Lo inesperado son las consecuencias, gran parte de las personas que obtuvieron una nueva vivienda la pusieron a la venta inmediatamente y decidieron invadir terrenos. El gobierno tenía una buena intención, ayudar a las personas que vivían ahí y recompensarlas por la pérdida de ciertas propiedades, pero las consecuencias no fueron las esperadas.

Éste es un típico caso de un efecto colateral no intencional del gobierno, siempre procurando hacer el bien a la sociedad pero en algún momento cierto sector va a ser afectado o no reaccionará como se espera que lo haga para traer daños al país.

En éste caso, quienes no reaccionaron como se esperaba fueron las familias, al invadir terrenos en otra área y poner a la venta la propiedad que se les había asignado, es decir reaccionaron como si no se les hubiera indemnizado debido a la pérdida de su propiedad.

Una posible solución pudo haber sido el condicionar a las familias, es decir, establecer un contrato en donde se especifique que la propiedad no podrá ser vendida o transferida y que ésta debe de estar habitada por el dueño, a menos que éste llegue a contar con mas recursos y decida cambiar de residencia hacia otra parte del estado o del país, no involucrándose en invasiones o asuntos ilícitos para obtener propiedades.

Aunque eso sería algo complicado, ya que podrían existir muchos otros factores justificables por los cuales la familia o el propietario no podría habitar la vivienda. No obstante opino que el gobierno debe de actuar más cautelosamente a la hora de asignar recursos, y más si son a personas con ciertos patrones de astucia o audacia en el campo de lo indebido moral y legalmente.


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