Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La India Como Ejemplo
Leonardo Girondella Mora
5 febrero 2007
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La semana del 21 de enero, la columna de Andrés Oppenheimer trató el tema del desarrollo económico utilizando el ejemplo de la India —el realmente sabroso estilo del autor resalta la existencia de cinco lecciones por aprender, especialmente en América Latina.

A continuación analizo esas cinco lecciones —añadiendo mis comentarios.

“Primera lección: la continuidad rinde frutos.

A diferencia de muchos países latinoamericanos que cambian sus políticas económicas con cada nuevo gobierno, India ha mantenido el rumbo de sus reformas económicas. Desde 1991, India ha abierto la mayoría de los sectores de su economía… existe un consenso general de que la estabilidad genera inversión, y que no hay crecimiento sin inversión. Hasta los comunistas de India se han vuelto promotores de las inversiones”.

No puedo estar más de acuerdo —pero añado algo obligado, se trata de la continuidad de las medidas y acciones correctas. Castro es un ejemplo de continuidad y lo mismo lo será Chávez, pero de continuidad de las políticas incorrectas. La continuidad implica un paso extra previo, el de moverse en la dirección correcta, lo que el autor da por supuesto, pero quiero remarcar: es la dirección de las libertades.

La mención de que “hasta los comunistas” promueven las inversiones recuerda también lo que sucede en China y Vietnam —en Latinoamérica, sin embargo, hay continuidad de existencia de ideas marxistas tradicionales y que lastiman mucho las posibilidades de progreso.

“Segunda lección: hay más de una manera de privatizar.

A diferencia de lo que ocurrió en varios países latinoamericanos, que vendieron grandes monopolios estatales a inversionistas privados, India ha permitido sobrevivir a varias empresas estatales, pero las ha obligado a competir con nuevas firmas privadas. Eso ayudó a reducir la oposición social a las privatizaciones”.

Es una lección muy práctica, concretada en el terreno de las privatizaciones, y por eso una fuente de inspiración para México y sus monopolios energéticos. Datos de Mitoksky de la misma semana son aplicables aquí —reporta esa empresa encuestadora que “1 de cada 3 encuestados considera que el tener inversión privada en electricidad ayudaría a mejorar la calidad en el servicio. Más de la mitad de la población mayor de edad se manifiesta en contra de la inversión privada en energía. En un escenario hipotético donde se abriera la inversión privada en la generación de electricidad 32 por ciento de los mexicanos preferiría que fueran sólo inversionistas mexicanos, un 30 por ciento más optaría porque la mayoría fueran mexicanos y un 6 por ciento que la mayoría fuera capital extranjero”.

Es claro que en la opinión pública mexicana existe un sesgo estatista-nacionalista que bien podría suavizarse con la estrategia de no privatizar, pero sí abrir los sectores energéticos a otras empresas para beneficio del consumidor y sus elecciones. De nuevo puede verse una crítica a las privatizaciones mexicanas que permitieron mantener concentraciones de mercado.

“Tercera lección: el gradualismo rinde frutos.

A diferencia de lo que hicieron muchos países latinoamericanos, que privatizaron las empresas estatales de la noche a la mañana, India abrió su economía gradualmente, en el transcurso de los últimos 15 años”.

He escuchado fuertes opiniones al contrario —lo que me lleva a pensar que el gradualismo sería más aconsejable en países más grandes y una opinión pública dudosa u opuesta. Me imagino, por eso, reformas más rápidas en Estonia que en México o en Turquía. Sea lo que sea, la dirección del gradualismo tiene poca duda, es moverse hacia una sociedad abierta en todos los terrenos.

“Cuarta lección: invertir en la educación da resultados.

Gran parte del actual crecimiento económico de India se debe a la próspera industria informática del país, que genera ingresos de 23 mil millones de dólares al año. Las compañías multinacionales más grandes del mundo han establecido sus centros de software en Bangalore y en Hyderabad”.

El autor hace referencia a la educación superior —un tema sobre el que he escuchado opiniones opuestas que señalan la importancia de la educación básica por encima de la universitaria. De lo que no cabe duda es que la educación en general sí es un factor de desarrollo y que su calidad es obstaculizada por estructuras corporativistas cuyo objetivo es el poder político y no su razón de ser. Es la comprensión del capital humano para elevar el ingreso de las personas —algo que en México no se entiende aún.

• “Quinta lección: la meritocracia tiene sus méritos.

Mientras que la educación en India es en gran parte gratuita, el país estableció un sistema escolar meritocrático, en el que los estudiantes tienen que aprobar rigurosos exámenes de ingreso y egreso de la preparatoria, cuyas calificaciones determinan a qué universidad pueden asistir”.

Cuando señalo ese mismo punto generalmente obtengo de quien me escucha una sonrisa políticamente correcta que me califica de insensible. No recompensar méritos equivale a desestimular la creación, es decir, a detener el crecimiento —debe premiarse el mérito no a la burocracia ni a la lucha por el poder.


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