Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Oportunidad Delictiva
Eduardo García Gaspar
13 junio 2007
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
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Fue reportado que en México se “empuja a 5 millones de jóvenes a la delincuencia”, pues ellos “ven en crimen una oferta más redituable que en el empleo formal”. El razonamiento es perfecto y se refiere a la noción de costo de oportunidad: se gana más como criminal que con el trabajo que puede obtenerse.

El reportaje de El Universal da datos: “Casi una cuarta parte de los 27 millones de jóvenes del país no estudian ni trabajan. Cinco millones tienen pocas oportunidades de entrar a la Población Económicamente Activa, por lo que ser delincuente es más redituable que obtener un empleo y, si los atrapan, el sistema penal los induce más al crimen sin readaptarlos”.

Es en verdad una lección de Economía sin necesidad de entrar en el salón de clase y muestra que los jóvenes también piensan. Algunos de ellos han razonado con perfecta lógica: en un trabajo que puedo realizar dada mi educación puedo ganar mucho menos que si me dedico al crimen. Un caso: tres mil pesos por cada auto robado, contra quizá eso mismo o menos al mes en un trabajo legal. Un coche por semana: doce mil pesos al mes, sin impuestos.

Que los criminales piensen, ayuda a encontrar soluciones, si es que las autoridades también piensan (lo que no necesariamente es cierto). Vea usted esto: si el criminal piensa es que calcula sus costos y, por eso mismo, el combate al crimen puede combatirse con un truco muy sencillo, elevando los costos del criminal a tal monto que ya no le convenga dedicarse a eso.

¿Cómo elevar los costos del criminal? Hay muchas maneras. La que está en manos del ciudadano común es la de tener instrumentos de seguridad, como alarmas y similares. El criminal preferirá robar la casa que tiene una cerradura simple que la que tiene tres de seguridad. Pero la solución real está en manos de las autoridades y se trata de elevar las probabilidades de arresto, juicio y condena.

Las cifras varían, pero más o menos, la probabilidad de ser condenado en México es de menos del 5 por ciento para un criminal, seguramente menor. Es decir, doce mil pesos al mes con una probabilidad nula de ser condenado es un buen negocio, realmente bueno. Pero no lo es tanto, si las probabilidades de condena se elevan, digamos al 50 por ciento o más. Los costos del crimen ya serán mayores y quizá muchos decidan no entrar al negocio.

¿Quiere combatirse en crimen? La solución es ésa precisamente y si no se realiza es culpa de la autoridad que fracasa en su mayor responsabilidad. ¿Por qué fracasa? Una de las mayores causas en la amplitud de sus funciones. Al tener demasiadas responsabilidades necesariamente las realiza mal.

Del lado del criminal, además, hay otra variable de consideración. El razonamiento del joven criminal que prefiere ser ladrón que aceptar un trabajo inicial de baja paga es lógico en términos económicos, pero malo en términos éticos. Debe por tanto suponerse que ese joven no tiene frenos morales y que no recibe rechazos por parte de quienes le rodean. En pocas palabras, carece de valores que le hagan cuestionarse el ser criminal.

¿Por qué no tiene frenos morales? Una explicación es muy directa: la educación pública que recibió no los incluyó. Nada hay en esa educación que inculque valores. Nada. Otras explicaciones indican que son más probables los criminales cuando se tuvo una familia incompleta. La falta del padre, por ejemplo. Es decir, la educación moral que tienen esos jóvenes no existe y su estándar moral viene de jóvenes iguales a él, posiblemente pandillas.

¿Los remedios? Sí, podemos pensar en una educación moral, en elevar el crecimiento económico, en comprar más dispositivos de seguridad. Pero la solución de fondo está en las autoridades y su capacidad para aumentar las probabilidades de arresto, juicio y condena. Capacidad que la autoridad ha descuidado notablemente y que debía ser  la número uno en prioridad. Recuerde usted que el gobierno mexicano tiene una secretaría de turismo e instituciones para fomentar el deporte.

Todas esas funciones lo distraen de lo que es su razón de ser, la protección del ciudadano y sus posesiones. Si la criminalidad ha llegado a estos niveles en México, el responsable es muy conocido, es el gobierno.


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