Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La paradoja de Schumpeter
Selección de ContraPeso.info
16 agosto 2007
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: , ,


ContraPeso.info presenta a sus lectores una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de traducción y publicación. El Dr. Samuel Gregg es Director of Research en el Acton Institute y autor de On Ordered Liberty (2003), A Theory of Corruption (2004), Banking, Justice and the Common Good (2005) y The Commercial Society (2007).

El autor examina las  muy elevadas compensaciones ejecutivas, los incrementos del salario mínimo y la asociación que hay entre ellos.

El salario mínimo en los EEUU ha iniciado su prolongada elevación legal obligatoria de 5.15 dólares la hora a 7.25 en 2009: un 40% de aumento. Esto fue el resultado de un cabildeo considerable en el congreso estadounidense por parte de sindicatos, activistas e iglesias — todos ellos expresaron estar promoviendo la justicia social. Pero el que esa medida ayude en el largo plazo a los trabajadores de bajos ingresos es dudable.

La economía básica de oferta y demanda indica que el forzar legalmente un precio de salario por arriba del precio de mercado probablemente cause desempleo entre los trabajadores de bajo ingreso y quienes entran a su primer trabajo: es decir, aquellos que más necesitan un empleo estable y aquellos que inician su vida laboral.

Pero las grandes dudas acerca de la conveniencia de esos salarios mínimos legalmente obligatorios nunca han detenido a los gobiernos para aplicar tales políticas. De los 27 miembros de la Unión Europea, 18 tienen salarios mínimos nacionales. Igualmente, en naciones de América Latina también se tienen leyes de salarios mínimos, la mayoría de las que fueron implantadas en los años 60 a través de la Alianza para el Progreso.

Curiosamente y quizá no por casualidad, el incremento del salario mínimo en los EEUU es paralelo a la discusión creciente e intensa acerca de las compensaciones de ejecutivos en el mundo.

En Gran Bretaña, los sueldos y bonos de los administradores de fondos privados de inversión han sido criticados con estridencia —por parte de, otra vez, activistas, políticos, iglesias y sindicatos— parcialmente debido a los a menudo bajos impuestos pagados por esos administradores.

Incluso en Suiza con actitudes más relajadas en estos asuntos, ellas han sido agitadas últimanente por Thomas Minder, cabeza de Trybol, una exitosa firma de cosméticos en ese país. El ha hablado fuertemente sobre lo que considera una compensación ejecutiva excesiva, especialmente aquella no apoyada por los accionistas.

Del otro lado del Atlántico, la Cámara de Representantes de los EEUU aprobó una ley, en mayo de 2007, para reforzar la supervisión de los accionistas de la compensación de los ejecutivos de primer nivel. Casi de inmediato, una ley similar fue propuesta en el senado por parte de ningún otro que el aspirante a candidato presidencial, el senador Barack Obama.

Ciertamente, el asunto de la compensación ejecutiva es moral y económicamente complejo. La transparencia y la clara relación de la compensación con el desempeño, son las herramientas más probables de resolver el tema. Por desfortuna, las discusiones sobre los ingresos ejecutivos se han exacerbado al ligarse con el asunto de los salarios mínimos y el bienestar de los trabajadores.

En esto, quienes participan en esos debates harían bien en consultar un artículo publicado exactamente hace 80 años por uno de los más famosos economistas del siglo 20, Joseph Schumpeter.

Quizá mejor conocido por su póstumamente publicada History of Economic Analysis (1954), Schumpeter escribió un artículo en 1927 titulado The Function of Entrepreneurs and the Interest of the Market.

La tesis central del artículo, publicado en una revista para trabajadores industriales, es que los altos incentivos para los emprendedores y ejecutivos son en extremo beneficiosos en el largo plazo para todos, incluyendo a los no emprendedores y los no ejecutivos.

La argumentación de Schumpeter es que mientras los emprendedores y los ejecutivos reciben más de las recompensas del crecimiento económico que los trabajadores de más bajo nivel, esto es lo de menos. Para Schumpeter, la máquina del crecimiento económico que eleva el estándar de vida de todos es eso, el entrepreneurship.

Pero el entrepreneurship —sea del tipo que inicia un negocio o del tipo estratégico que caracteriza a los ejecutivos exitosos senior— simplemente no sucederá, escribió Schumpeter, a menos que la gente se encuentre suficientemente incentivada para arriesgar su capital y el prestado por otros.

Tampoco las personas invertirán su tiempo, energía y talentos en una nueva, potencial creadora de riqueza a menos que no estén razonablemente seguros que —presuponiendo por supuesto el éxito del negocio— sea financieramente viable.

En pocas palabras, sin suficientes incentivos como una alta compensación, estos instintos emprendedores probablemente quedarán sin ser usados. El costo no es sólo estancamiento y estándares de vida a la baja, sino también una correspondiente reducción de nuevos empleos.

Nada de esto, Schumpeter creía, significaba decir que cualquier esfuerzo de redistribución era impensable o intrínsecamente inmoral. En el mismo artículo, sin embargo, Schumpeter calculó que si todos los recursos de la Gran Bretaña fueran redistribuidos a cada quien en el país, los estándares de vida se elevarían muy poco. Puede uno esperar que ese mismo análisis también sea cierto ahora, incluso a una escala global.

Lo que nos lleva de regreso al salario mínimo: se trata sin duda un ejercicio en redistribución. Notando, sin embargo, que la redistribución afecta muy poco a los materialmente ricos.

Los salarios mínimos establecidos por ley tienden a tener un mayor impacto negativo en

• Los accionistas de la clase media, cuyos dividendos se reducen consecuentemente.

• Miles de pequeños negocios con márgenes pequeños.

• Millones de consumidores a quienes pasarán los costos de mayores salarios no de mercado.

Lo que sea que esto se trate, es difícilmente justicia —social o de otro tipo.

NOTA DEL EDITOR

El gran mérito de Gregg radica en expresar la relación causal entre los ingresos de unos y otros. El tema de la elevación artificial del salario mínimo es un tratado con frecuencia y en donde existe un consenso razonado acerca de sus potencialmente malos efectos. Pero la conexión entre los salarios de unos y de otros no ha sido difundida todo lo que merece.

Los grandes ingresos de uno, que individualmente considerados podrán ser objeto de crítica, están necesariamente ligados a los ingresos menores de otro. Y lo están de tal manera que de no tener el incentivo de esos grandes ingresos la persona no creará las oportunidades de ingresos para otros.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras