Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Religión de las Opiniones
Leonardo Girondella Mora
18 octubre 2007
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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Una cierta vez, un ateo sincero, escribió que una buena parte de su no creencia en las religiones era la violencia que ellas sembraban —el argumento puede ser explicado de la manera siguiente:

La historia de la humanidad muestra a las iglesias como una causa de guerra y violencia. La creencia en un dios que salva es tan fuerte que lleva a los creyentes a atacar a los infieles hasta que ellos se rinden. Las Cruzadas y otros sucesos bélicos confirman esto: donde la religión manda la violencia sigue y la sangre fluye. Si se pudiera vivir sin religión y sin creer en dios, esa violencia dejaría de existir.

Argumentar así es atractivo y puede de inmediato crear simpatía —las Cruzadas son siempre una buena mención en estos temas. Pero el argumento no se sostiene. Supone que las guerras son causadas por la religión y no por otra cosa, algo muy dudable si se consideran las dos guerras mundiales, en las que la creencia en Dios no jugó un papel. Es dudable también por otra razón —supone que la naturaleza humana es de una pureza roussoniana previa a la religión. No es un argumento sólido, aunque sí llamativo para el inexperto.

Tampoco es un buen argumento porque oscurece una avenida de análisis prometedores —la de las versiones y momentos en los que los llamados religiosos sí han sido efectivamente causas de situaciones bélicas y violencia y su similitud con otras creencias no religiosas, pero con las que comparte algún elemento peligroso: el fanatismo extremo, muy propio de la URSS a pesar de su ateísmo y también del Islamofacismo actual.

El argumento de la religión como sembradora inequívoca de violencia tiene otro defecto serio —hace de lado la otra realidad, la de instancias en las que la religión ha sido motivo de paz: las vidas de los santos cristianos son ejemplos claros de esto que no puede ser dejado de considerar. El tema se vuelve aún más complejo por otra posible situación, la de guerras declaradas en defensa de ideales que al menos son religiosos en parte —la II Guerra Mundial defendió valores que tienen antecedentes religiosos.

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Algunos de los ataques a la religión se centran en la cristiana y específicamente en la católica —ese argumento va más o menos así.

La Biblia está llena de contradicciones y situaciones absurdas. Exalta la violencia con la ley del talión, manda matar hijos que luego prohibe, habla de un dios bondadoso pero cruel que causa violencia en los demás. Es una colección de escritos sin sentido ni dirección que puede ser interpretada con facilidad para justificar la violencia.

Este argumento es muy general y eso lo hace difícil de atacar: exige una respuesta concreta a un argumento vago y propicia que la respuesta dada tenga fallas. Por tanto, la respuesta debe ser también general. Si bien es cierto que existen episodios violentos en la Biblia, su mensaje central es otro —el decálogo y el sermón de la montaña contienen elementos centrales que conminan a exactamente lo opuesto: el amor por el prójimo sustentado en un Dios que ama a su Creación.

Cuando mucho, podría argumentarse que la Biblia contiene historias y pasajes que sólo pueden interpretarse en conjunto y no individualmente —y que esa interpretación no es ciertamente una tarea sencilla. Esto es absolutamente diferente a afirmar que la Biblia exalta a la violencia.

Esa visión parcial del Cristianismo y que presupone un punto de partida negativo es incompleta al no considerar la influencia en la creación y desarrollo de la idea del valor único de cada persona como creación personal de Dios —esta creencia lleva a concluir la gran aportación cristiana a valores de libertad, igualdad y amor entre las personas en las que se sostienen conceptos políticos. Estos valores, ciertamente, son opuestos al uso de la violencia y revelan que han sido esos mismos mandamientos cristianos los que han sido usados para reprobar los casos de exceso de algunas acciones religiosas indebidas.

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Los ataques a la religión, además, suelen estar construidos usando situaciones particulares —casos específicos que no son la regla, pero que se usan para razonar de la manera siguiente.

Existen casos de sacerdotes pederastas, deshonestos, que llevan vidas que con contrarias a la religión que ellos profesan y de la que son misioneros. Obispos y sacerdotes, además de Papas llevan vidas reprobables y se entrometen en asuntos políticos que no son de su incumbencia y promueven la intolerancia hacia otras religiones y creencias.

De nuevo, se trata de un argumento crítico general —que contiene un error serio: proyecta las excepciones como casos generales. Sí existen sacerdotes pederastas, sí existen los deshonestos y los que hacen declaraciones desafortunadas y no sólo en la religión católica, sino en todas. ¿Es esto suficiente como para legitimar la anulación del Cristianismo o de otras religiones? Más bien es una razón para la existencia necesaria de ellas. No sería lógico aceptar cancelar la existencia de todos los contadores y financieros porque algunos de ellos han cometido fraudes y engaños.

La imperfección humana es un fenómeno de todos y los ministros religiosos no son la excepción —sería una anormalidad que ninguno de ellos cometiera falta alguna. El Cristianismo está plenamente justificado por eso, por los pecadores para llevarlos al arrepentimiento y la salvación. Son los mismos mandatos religiosos los que reprueban la conducta de esos ministros que fallan terriblemente.

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También se ha mencionado como justificación del abandono de la religión un argumento que la contrasta con el conocimiento científico —ese argumento puede ser expuesto así:

La oposición entre religión y ciencia es absoluta. Nada de lo que se conoce como real y comprobable demuestra la existencia de Dios, ni de lo sobrenatural. Más aún, son notables las contradicciones que existen en la Biblia, la que contiene errores demostrables en sus narraciones. Igualmente, existe contradicción entre lo que se conoce de la evolución del mundo y la visión creacionista de la religión.

El tema es muy viejo y ha sido visto desde otra perspectiva —tanto ciencia como religión son dos formas distintas de ir en pos de lo mismo, la verdad y, por lo tanto, no sorprende que en algunos momentos los niveles de conocimiento que se tienen sean opuestos. Lo que importa es que llegará un momento en el que ambos caminos lleguen al mismo punto. Los asuntos naturales y los sobrenaturales no pueden ser tratados con los mismos métodos. Las contradicciones en las narraciones bíblicas, que son reales, son una crítica severa a la interpretación literal y es por eso que existe la tradición como método interpretativo.

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Creo que todo lo anterior lleva a hacer deseable una distinción que los razonamientos anteriores dejan de lado —o mejor dicho dos:

• La diferencia que existen entre las enseñanzas auténticas y justas de una religión, y las que no lo son. Este es el terreno de los teólogos y en el que no pienso entrar. Tan sólo apunto que debe existir un principio general que, sustentado en el amor al prójimo o la regla de oro, pueda distinguir entre ellas: lo que conduzca a la violencia y al odio, no puede ser llamado propiamente religión.

• La diferencia que existe entre sociedades religiosas y las seculares. Es otra de las distinciones que el deseo de anular a las religiones impide examinar. Es el campo de abandono de valores y creencias acerca de la razón de la existencia y la vida —sin la religión, estos asuntos son llevados al terreno de las opiniones humanas y por eso mismo hacen de esos valores y creencias un asunto variable que llegaría a hacer legítimo y moral a sistemas como el nazismo o el comunismo.

Es decir, se trata en última instancia del abandono de la libertad para creer en lo sobrenatural y absoluto como explicación de la vida, lo que ocasionaría una pérdida del sentido integral del vivir y caería irremediablemente en la búsqueda del placer inmediato y del abuso del poder —nada habría ya de freno para entender la distinción entre lo que debe o no hacerse.

Si las creencias religiosas son atacadas por dogmáticas, debe entenderse que esos ataques cometen el mismo error que critican —son también dogmáticas en el sentido de no querer emplear a la razón para comprender. Sería una mejor estrategia el adoptar uno de los valores cristianos, el de la humildad que haría reconocer que poco se sabe y que no deben descartarse creencias que al menos tienen la solidez de haber existido por milenios. El escepticismo es más aconsejable que la inflexibilidad anti religiosa.

No he tratado de demostrar la verdad de la religión, en especial de la mía —lo que he tratado de hacer es mostrar que esos reclamos de destruir a la religión son débiles y escasamente razonados. Si en verdad debe abandonarse toda religión, sus críticos no han solucionado el problema siguiente, el de entonces qué hacer y en qué creer para guiar a la conducta humana.

Si pretenden que esas creencias y valores que sustituyan a los religiosos provengan de los filósofos, los científicos, las frases políticamente correctas, o la opinión pública, ellos habrán erigido otra religión basada en la opinión del día.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.





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