Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Suerte del Dictador
Leonardo Girondella Mora
27 septiembre 2007
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La contención se ha hecho durante tiempo —la de sostener que el crecimiento económico es más probable dentro de un sistema no democrático, que dentro de uno democrático sujeto a vaivenes de elecciones y fuerzas opuestas a las políticas correctas. Hay algo de verdad en esto, pero dependiente de una condición, la de la aplicación de las medidas atinadas para el crecimiento.

Hay dos posibilidades extremas en estas posibilidades de un régimen dictatorial:

• El dictador por la fuerza implanta políticas económicas que son las adecuadas para ese crecimiento —el ejemplo comúnmente citado es el de Pinochet.

• El dictador, por la fuerza también implanta medidas económicas, pero que no son las adecuadas para el crecimiento —el ejemplo más tradicional es el de Castro y el más actual es el de Chávez.

Si bien existe la posibilidad de tener posiciones medias entre esos dos extremos, el señalarlos indica que la variable neurálgica no es la existencia de un dictador, sino la aplicación de las políticas correctas. Es por esto que quien afirma que en las dictaduras se puede lograr un mayor crecimiento está cometiendo un error de consideración —el asignar a la dictadura la causal del crecimiento económico.

Es un error de lógica en el razonamiento, pero también en la práctica —supondría que, por ejemplo, Haití habría logrado un estándar de vida superior al de Canadá.

Este mismo tema fue visto por Álvaro Vargas Llosa en un reciente artículo. Vargas Llosa señala la realidad actual de que las dictaduras han tenido un desempeño económico superior al de las democracias, tanto que existirá la tentación de creer que poco importa el estado de derecho para lograr el desarrollo.

Hay datos: en los últimos 15 años los regímenes despóticos han crecido casi 7%, unas dos y media veces el porcentaje de las democracias.

Que eso sea una realidad, no justifica el sostener que para crecer se debe imponer una dictadura —la variable central sigue siendo la implantación de las medidas correctas. A lo que debe agregarse una variable intermedia que sí tiene valor: un dictador tiene menos obstáculos para imponerse y, si selecciona las políticas adecuadas, el resultado será el esperado —pero, con la misma facilidad podría aplicar las políticas equivocadas.

Vargas Llosa dice que cualquier sistema político que retira obstáculos a los emprendedores, a la inversión y al comercio, dentro de un sistema de derechos de propiedad, lograría lo mismo. Los ejemplos de esto, mencionados por el autor, son: Franco en España, Lee Kuan Yew en Singapur, Deng Xiaoping en China al final de los 70, Pinochet en Chile.

Este mismo fenómeno ha sido señalado en el caso de México —durante la dictadura del PRI, de los 50 a los 80, la economía creció muy aceptablemente; durante los 80 fue un fracaso espectacular. La misma dictadura con diferentes políticas económicas produjo resultados distintos. A partir de los 90, en una clara apertura democrática, los resultados han sido desilusionantes.

En su artículo, Vargas Llosa, afirma que dos cosas son ciertas.

Primero, la evidencia práctica que establece que la combinación de libertades, civiles, económicas y políticas, es una más sólida garantía de una prosperidad sostenible.

Segundo, que existen existen suficientes ejemplos opuestos, los de democracias que crecen, como para invalidar la idea de que para crecer conviene tener un sistema dictatorial al menos hasta que se llegue a la madurez económica.

Creo que es cierto lo que afirma, y a ello deseo agregar algunas consideraciones.

Reitero, primero, mi punto anterior —la variable neurálgica es la de las políticas económicas adecuadas: si ellas son aplicadas en una democracia o en una dictadura lograrán resultados positivos. Esas políticas son las conocidas y reciben colectivamente el nombre de liberalismo económico.

Además, en segundo lugar, otro punto que ya hice —un dictador tiene un proceso más sencillo de implantación de sus políticas, las que sean: no tiene él que enfrentar las complicaciones de fuerzas opositoras entre legisladores, partidos opuestos, jueces y medios independientes.

Las dos consideraciones anteriores en conjunto permiten ver el riesgo de la dictadura —será una cuestión de suerte para la nación en cuestión: si al poder llegara una persona con las ideas adecuadas, eso daría resultados muy diferentes a la situación contraria. Es suerte nada más. Esto explica, por ejemplo, el crecimiento de China y también el fracaso de Venezuela y Cuba.

Dentro de una democracia, en tercer lugar, se debe pensar que el camino de aplicación de las políticas correctas será más escabroso y lento por la presencia de agentes políticos que desean implantar las políticas opuestas —el PRD me viene a la mente en el caso mexicano, aunque no es el único. Y eso pone sobre la mesa una pregunta con la que finalizo.

¿Es la democracia un sistema diseñado para aplicar consistentemente las políticas económicas adecuadas?

Claramente no —es un sistema de protección a las libertades de las personas: intenta evitar los abusos de poder. Esta meta de la democracia bien entendida, sin embargo, tiene un costo, el de poder aplicar medidas económicas incorrectas —aunque, desde luego, tiene una ventaja, la de poder corregirlas sin necesidad de acudir a la violencia para realizar un cambio de gobierno.


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