Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Ventana Rota
Selección de ContraPeso.info
21 septiembre 2007
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


ContraPeso.info  presenta un texto de F. Bastiat. Es uno de los clásicos de la libertad y ha sido tomado del Instituto Ecuatoriano de Economía Política, donde pueden encontrarse otros clásicos. El artículo fue adaptado originalmente al castellano por el Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP) para su serie: Ideas de Libertad.

Un chico algo travieso, tira un ladrillo contra la ventana de la panadería de su barrio y la destroza. El panadero sale furioso a la calle, pero el chico ya se ha ido.

Rápidamente comienza  a reunirse un grupo de curiosos que observan los restos de la vidriera sobre los panes y las facturas del local. Algunos de los curiosos comienzan a filosofar acerca del hecho y expresan que, después de todo, esta desgracia puede tener su lado bueno: significará una ganancia para algún vidriero.

¿Cuánto cuesta un nuevo vidrio? ¿100 pesos? No es una suma tan importante. Además, si los vidrios nunca se rompiesen ¿Qué pasaría con los negocios de vidriería? El razonamiento continúa. El vidriero tendrá $100 más para gastar en otras cosas y esto a su vez hará que otros gasten esos $100  y así hasta el infinito.

La ventana rota va a ir generando dinero y empleos en forma de espiral y la muchedumbre concluirá, entonces, que el chico travieso lejos de ser una amenaza pública, se ha convertido en un ¡benefactor social! Hasta aquí la historia, pero veamos el caso desde otra perspectiva.

La multitud estaba en lo cierto al menos en algo: la ventana rota implicará más ganancia para algún vidriero, quien seguramente, se pondrá muy feliz gracias a este pequeño acto de vandalismo. Pero ¿qué sucede con el panadero?

El panadero tendrá $100 menos para gastar, por ejemplo, en comprarse un traje nuevo. Debido a que tuvo que reponer su vidriera, se quedará sin su traje nuevo (o cualquier otra cosa que hubiese deseado adquirir). En lugar de tener una ventana y $100, ahora sólo tiene la ventana. Más bien, como él pensaba ir a comprarse el traje esa tarde, en lugar de tener ambas cosas, la ventana y el traje, deberá contentarse con tener solamente la ventana.

Si pensamos en el panadero como miembro de la comunidad, la misma ha perdido la posibilidad de tener un nuevo traje que de otra forma hubiese existido, es decir que en este sentido: se ha empobrecido (carece de algo que necesitaba).

La ganancia que obtiene el vidriero, no es otra cosa que la pérdida que tiene ahora el sastre. Ningún nuevo empleo  ha sido creado. La multitud solamente estaba pensando en dos partes de la transacción: el panadero y el vidriero. Se olvidaron de la tercera parte potencial involucrada en ella: el sastre. Ese olvido se debe precisamente a que el sastre nunca entró en escena.

La gente verá la nueva ventana colocada al día siguiente. Lo que nunca verán es el traje nuevo, simplemente porque nunca será confeccionado. Ven solamente lo que es inmediatamente visible a sus ojos.

Esta Falacia de la ventana rota, bajo innumerables disfraces ha sido una de las más persistentes en la historia de la economía. Es solemnemente reafirmada cada día por grandes capitanes de la industria, cámaras de comercio, lideres sindicales, editorialistas y periodistas radiales, expertos en estadísticas y profesores de economía de las mejores universidades.

NOTA DEL EDITOR

He escuchado argumentar en contra de esta historia lo siguiente: los 100 pesos dados al vidriero y que el panadero ya no puede dedicar a la compra de sus traje, muy bien pueden ser usados ahora por el vidriero para comprar el mismo traje. Esto haría que el sastre no fuera lastimado.

O en todo caso, el vidriero dedica los 100 pesos a la compra de libros y el librero dedica los 100 pesos a la compra del traje, y el sastre termina igual que si el panadero hubiera comprado el traje directamente.

Creo que hay razón aparente en eso, pero se pierde así la idea de este escrito: si se quisiera dar un empuje a la economía, podría entonces pensarse que una gran medida sería romper todos los vidrios de las tiendas: habría un boom económico inmediato al tener que ser reemplazadas.

Es un absurdo pensar así y por eso sí es posible concluir que la sociedad termina peor con el vidrio roto que sin él. El panadero terminaría con un vidrio sin romper y su traje además, lo que daría al sastre los 100 pesos y éste podría ir con el vidriero a comprar un vidrio nuevo que necesita para su establecimiento.

La gran lección de Bastiat es el principio de lo que se ve y lo que no se ve.


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