Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Vocación Empresarial
Selección de ContraPeso.info
7 febrero 2007
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta parte de un texto del Rev Robert A. Sirico. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de reproducción. El tema tratado por el autor es la vocación empresarial y habrá seguimiento del tema en meses siguientes.

Hubo un tiempo, en el pasado no muy distante, cuando los estereotipos eran socialmente aceptables. Sin embargo, los estereotipos, que típicamente funcionan como atajos al conocimiento, son hoy considerados ofensivos.

Esto es así, sin tomar en consideración si éstos elucidan o no las características de un grupo. La gente no debería ser juzgada meramente por las asociaciones que mantiene, sin consideración a su persona o a sus cualidades individuales. Tal tendencia es objetable para cualquiera que tenga sensibilidad moral.

A pesar de la encomiable actitud de la cultura popular contra prejuicios de cualquier forma, todavía queda un grupo sobre el cual ha sido declarada una temporada abierta: los empresarios.

Uno observa una vívida evidencia de este prejuicio a casi cada momento, particularmente en los términos de formas populares de comunicación. Considere, por ejemplo, obras literarias clásicas (digamos, de Charles Dickens,o Sinclair Lewis), programas de televisión (tales como Dallas y Dinastía), películas (El Síndrome de China, Wall Street, y algunas versiones de Un Árbol de Navidad), tiras cómicas (tales como Doonesbury y Dilbert), y aún sermones en los cuales los empresarios son descritos como ambiciosos, inmorales, e inescrupulosos.

En la rara ocasión en que los creadores de opinión, especialmente líderes morales, se abstienen de denunciar el ‘apetito rapaz’ y el ‘consumismo obsceno y conspicuo’ de estos capitalistas, lo mejor que uno puede esperar es que la gente de negocios sea tolerada como un mal necesario.

La mayoría de los editores de noticias, los novelistas, los productores de cine, y el clero presuponen que el comercio requiere una amplia y complicada red de controles para servir necesidades humanas genuinas.

Aun los amigos del capitalismo frecuentemente muestran la misma actitud. Los líderes religiosos y los críticos del mercado a menudo sufren de una confusión en su pensamiento económico y moral. Esto puede ser visto, por ejemplo, en su rechazo a conceder cualquier moralidad al empresario.

Así, en vez de elogiar al empresario como una persona de ideas, un innovador económico, o un proveedor de capital, el sacerdote o ministro promedio piensa a las personas de negocios como individuos que traen consigo una culpa adicional. ¿Por qué? Por poseer, controlar, o manipular un porcentaje desproporcionado de la riqueza “de la sociedad”.

Al tiempo que los empresarios no deberían ser injustamente criticados por hacer dinero, tampoco deben ser tratados como víctimas de una injusta discriminación que merece una bendición especial. Sin embargo, es también verdad que la profesión que han escogido ha de ser legitimada por su fe. El público debe empezar a reconocer el valor de la vocación empresarial, la sabia administración de talentos, y las contribuciones tangibles de los empresarios a la sociedad.

Las consecuencias de un divorcio entre el mundo de los negocios y el mundo de la fe serían desastrosas en ambos campos. Para el mundo de negocios, esto significaría no reconocer ningún valor superior a la conveniencia, la ganancia, y la utilidad, lo cual resultaría en lo que ha sido descrito como capitalismo sangriento o salvaje.

Esto conduciría a una visión truncada de los consumidores, así como de los productores, cuyo único valor sería medido por la utilidad. No requiere mucha imaginación calcular el efecto que tales actitudes ejercerían en un amplio dominio de normas sociales y cívicas.

Similarmente, las preconcebidas nociones de líderes religiosos deben ser desafiadas para evitar el cargo de “estar tan ocupados con las cosas del cielo que no son suficientemente buenos para las cosas de la tierra”.

Olvidando que la actividad empresarial requiere discernimiento o intuición, y no meramente un punto de referencia transcendente señalando el bien común de la sociedad, los críticos religiosos no prestan atención a la dimensión espiritual implícita en la labor empresarial.

Algunos moralistas parecen ver la ética de los negocios como un oximoron o como un esfuerzo en subordinar lo que es un mecanismo intrínseca y moralmente comprometido a leyes morales.

Con respecto a esta forma de pensar, la ética y los negocios se encuentran en una tensión fundamental el uno con el otro. Sin embargo, yo veo estos asuntos de una manera diferente. Mi trabajo con grupos de exitosos líderes de negocios, extensas lecturas en los campos de la economía y la ética de negocios, y una buena parte de meditación y oración en estos asuntos, me ha llevado a la conclusión de que la búsqueda de la excelencia es el principio de una búsqueda de Dios.

Dicho sucintamente, la sed humana por lo trascendente es lo que impulsa a las personas a buscar la excelencia, aunque ellas lo reconozcan o no. No obstante, esto no excluye nuestro impulso inicial e intuición de ser “remolcadores” divinos en la dirección correcta. Esto también sucede con la capacidad humana del conocimiento.

Varios filósofos y teólogos sostienen que la búsqueda humana por el conocimiento revela que los seres humanos están ontológicamente orientados hacia la verdad. La mente humana fue originalmente diseñada para tener una inmediata conciencia de la verdad.


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