Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Cosas Cambian
Eduardo García Gaspar
4 junio 2007
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Seamos razonables. Evitemos las posturas extremas, como la de quienes piden que se calle por la fuerza a Fox en estos días. Entender esto requiere ver dos capítulos políticos mexicanos, el del siglo pasado y el de éste.

En el siglo pasado el sistema político mexicano poseía reglas no escritas y muy poderosas. Una de ellas: el presidente saliente desaparece de la escena y deja todas las luces del escenario a su sucesor. El presidente saliente se quedaba callado. No hablaba. Ésa era una de las reglas sabidas y respetadas. Pero esos tiempos ya pasaron y con ellos, sus reglas y mandamientos.

En este siglo, en la época política posterior al PRI,  las cosas ya no funcionan como antes. La elección legítima de dos presidentes indica la existencia de otro sistema político, más parecido al de las democracias de largo tiempo. Y en ellas existe un gran principio, el de las libertades. Las personas pueden expresarse y entre ellas están los expresidentes.

Durante la época del PRI la libertad de expresión era escasa para todos, incluyendo a los presidentes que salían. Ahora las cosas son diferentes. La libertad de expresión es mucho más amplia y no puede haber excepciones. Por lo tanto, si Fox quiere hablar nada hay que se lo impida. Querer callarlo significaría que esa misma acción podría hacerse con cualquiera.

Total que ahora tenemos una situación nueva y no sorprende que muchos no sepan cómo reaccionar. Quien dice que los expresidentes deberían quedarse callados, no sabe que lo que está pidiendo es regresar a una época vieja y mala. Que Fox hable todo lo que quiera, igual que lo hacen Clinton, Aznar, o Carter. Tiene todo el derecho a dar las conferencias que quiera y a defender su administración. Nadie lo puede impedir.

Se reporta que él ha creado una fundación que promueve la democracia y combate la pobreza. Está escribiendo un par de libros. Construye una biblioteca en su pueblo. Si usted puede hacer eso, no hay razón por la que Fox no pueda hacer lo mismo. Y, desde luego: con la misma libertad que Fox hace lo que desea, usted y yo podemos evaluar lo que hace y dice. Es una simetría de derechos. Si usted y yo podemos hablar de lo que se nos pegue la gana, también él lo puede hacer.

No soy propiamente un fan de Fox. Creo que en su presidencia se perdieron oportunidades por falta de oficio político. Creo que tiene una débil conexión entre neuronas y cuerdas vocales. Creo que le faltan prudencia y sabiduría. Pero no es él el único con esos defectos y a ninguno de ellos se les impide hablar y hacer. Sí, creo que no entiende su papel actual, uno de mayor moderación y compostura, eso que podemos llamar seriedad. Pero tampoco tiene esa cualidad Carter y allí anda diciendo sus tonterías. O Clinton, ayudando a su mujer a llegar a la presidencia.

Mi punto es sencillo. Las reglas han cambiado en la política y uno de eso cambios es el que trato aquí: los expresidentes ya no deben quedarse callados si no lo quieren. Eso lo deciden ellos y, por nuestra parte, esperaremos compostura y cordura sabiendo que quizá no la tengan. Son otros tiempos, tiempos democráticos.

Y estos tiempos llevan en sí mismos la posibilidad de que escuchemos millares de opiniones, algo nuevo para nosotros los que vivimos los tiempos anteriores, los de la voz sagrada presidencial que nadie retaba. Debemos acostumbrarnos a escuchar muy diversas cosas, de muy diversas fuentes, incluyendo a los expresidentes, como sucede en cualquier régimen libre.

Es una cuestión de costumbres políticas, pero también de hábitos ciudadanos. Debemos aceptar las nuevas reglas. Son ellas partes del paquete democrático que compramos. Es natural que haya sorprendidos, esos que quieren que se aplique la regla de los expresidentes callados. Es a lo que estaban acostumbrados y los hábitos tardan en desaparecer.

En los pueblos de larga tradición democrática existe la costumbre de escuchar mil opiniones diversas, muchas serias, muchas alocadas. Eso es lo de todos los días para ellos, pero no para nosotros, demasiado habituados aún a pocas opiniones y no a las de los expresidentes. Es cuestión de tiempo. Llegarán los días en los que eso que hace Fox y que tando escandaliza, sea pan de todos los días.


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