Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Peores Manos
Eduardo García Gaspar
31 mayo 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La Ley de Radio y Televisión, que tanta controversia ha generado en México, es una oportunidad de aprendizaje. Una de las críticas que se le ha hecho es la mencionada por uno de los ministros de la SCJ: la certeza de posesión privada de las frecuencias atentan contra la rectoría estatal de la economía mexicana.

Otras críticas han sido similares: la ley no puede poner a las frecuencias a merced de las fuerzas anárquicas y ciegas del mercado. Es decir, a la ley se le ha criticado por lo que tiene de virtuosa y que es poner certidumbre a la posesión de las frecuencias. Se les ha olvidado criticar que lo que debe hacer es fomentar la competencia de medios.

Pero vayamos a la idea de que debe ser el gobierno quien controle las frecuencias de los medios, que esas frecuencias no pueden dejarse a las fuerzas ciegas y anárquicas del mercado. La verdad es que eso precisamente es lo que debe hacerse, quitando al gobierno su injerencia en propiedades privadas.

¿Deben dejarse las frecuencias en fuerzas ciegas? La primera reacción será la de no, no puede ser. Las fuerzas ciegas de un mercado no pueden ser tan buenas como la rectoría estatal. Y sin embargo, el hecho de que sean “ciegas” es bueno.

Bueno, por la misma razón que a la justicia la representamos también ciega: a todos trata por igual, no importa quiénes sea. Un mercado así también trata a todos por igual.

¿Deben dejarse las frecuencias en fuerzas anárquicas? También la primera reacción será la de no, no conviene, el gobierno debe regularlas.

Y sin embargo, es bueno porque ello significa que nadie tiene demasiado poder, que no hay fuerzas dominantes que distorsionen ese mercado. No significa desorden ni caos, significa un orden espontáneo, sin poderes desproporcionados… si es que la ley fomenta la competencia, es decir, la entrada de nuevos jugadores.

¿Deben dejarse las frecuencias sujetas a movimientos de mercado? Lo mismo que antes, la primera reacción será la de no, no conviene, deben ordenarse de acuerdo a lo que diga el gobierno. Los mercados libres aterran a los políticos, les causan escozor porque ellos operan ordenadamente sin necesidad de regulaciones más allá de las básicas. Un mercado libre da empleo a muy pocos burócratas.

Y es curioso que los gobiernos teman a los mercados libres porque al final de cuentas, los gobernantes llegan al poder en una democracia por medio de un mercado libre, el del voto ciudadano.

Tome usted el caso de México, décadas de trabajo para lograr leyes electorales que reflejen y respeten la voluntad del voto. Incluso se tiene al IFE, un organismo cuya razón de ser es la de tener elecciones limpias, que es lo mismo que tener un mercado libre de televisión, radio y lo que usted quiera.

Un día de elecciones es un día en realidad de mercado libre: las personas van y votan como ellas quieren y en una democracia ese voto se respeta totalmente. Exactamente lo mismo sucede en otras situaciones, como en el mercado de la cerveza, o de las manzanas: las personas van y compran o no compran. O ven o no ven un cierto canal de televisión. O escuchan o no escuchan una determinada estación de radio.

Es muy incongruente que alguien apoye elecciones libres al mismo tiempo que rechace mercados libres de bienes y servicios. Vaya, tener rectoría estatal de la economía es igual a tener a las elecciones organizadas por el gobierno mismo, como antes se tenía. Si usted quiere democracia y voto respetado, mucho me temo que no le queda otra opción que la de apoyar a los mercados libres.

Eso es precisamente lo que debe hacer la nueva ley de radio y televisión: crear un mercado libre de medios de ese tipo. Y no lo hará mientras no cumpla con dos requisitos al menos. Uno es el volver propiedad privada las frecuencias, sin que dependan de la voluntad de una concesión capaz de ser revocada en cualquier momento. El otro es abrir ese mercado de medios a nuevos participantes, es decir, que exista competencia como el cualquier otro mercado, incluyendo el de las elecciones.

En otras palabras, ver a las frecuencias de esos medios como un terreno que no debe funcionar como un mercado libre es un error de consideración grave, que pone a esos medios en manos estatales y estas manos son las menos capaces de todas, absolutamente todas.


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