Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Liberalismo: Orígenes, Definición
Selección de ContraPeso.info
1 octubre 2007
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: AmaYi
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El liberalismo es una compleja serie de ideas que tratan asuntos económicos, políticos y culturales (Novak, 1984) que tienen variaciones, sutilezas, rivalidades y creencias variables. Sin embargo, existe una cierta coincidencia en sus principios. El propósito de esta carta de AmaYi® es ir tras esos elementos comunes del liberalismo intentando encontrar una idea fiel de su significado.

Se espera lograr así una más exacta compresión del liberalismo por ambas partes, detractores y partidarios. Después de todo, el acuerdo de definición de términos es un elemento indispensable en toda argumentación razonable.

Para lograr tal propósito, se ha tomado como eje rector una parte de la obra de Heywood (Heywood, 2003) que explora al liberalismo. Pero, contrario a lo que se acostumbra en las cartas de AmaYi®, aquí serán añadidos comentarios del autor del resumen y ellos serán incluidos en [paréntesis cuadrados] para poder distinguirlos.

Esta carta está basada en la obra de Heywood, Andrew (2003). POLITICAL IDEOLOGIES: AN INTRODUCTION. New York. Palgrave Macmillan. 0333961781, pp 25-39. Se trata de la primera parte del capítulo dedicado al liberalismo. La siguiente carta será dedicada a proseguir con otras dimensiones del liberalismo. La obra de Heywood es una obra recomendable como referencia no única de la naturaleza de ideas y posiciones políticas.

Comienza el autor con una breve visión histórica del liberalismo, una palabra usada según él desde el siglo 14, con una variedad de significados.

El término latino liber era usado para designar a los hombres libres en oposición a los siervos del feudalismo y a los esclavos.

También significaba el ser generoso, liberal en las dádivas; e incluso, connotaba la idea de ser de mente abierta. [Estos significados, sin duda se mantienen en nuestros días, ayudando a crear confusión sobre lo que significa ser liberal.]

Pero como un término de connotación política, el liberalismo fue una creación en el siglo 19, en España, resumiendo en una palabra ideas desarrolladas durante los pasados 300 años y abarcando las nociones opuestas al feudalismo, el absolutismo y la aristocracia, en defensa de la clase media que se había desarrollado.

Fueron ideas radicales, que buscaban reformas profundas.

Se trató de defender nociones de gobiernos constitucionales y representativos, contrarios a sistemas políticos de gobiernos de poder concentrado.

Proponían libertad religiosa y de conciencia. [Un fuerte elemento adicional fue sin duda el reclamo de libertad de expresión, por ejemplo, con Milton (Milton, 1999) en una de las obras más importantes de las raíces del liberalismo.]

Los sistemas políticos occidentales han sido fuertemente influidos por las ideas liberales, tanto que sus gobiernos son generalmente llamados democracias liberales, significando un régimen constitucional que acota los poderes gubernamentales para salvaguardar las libertades de los ciudadanos y que es representativa en el sentido de que las posiciones gubernamentales se ganan por medio de elecciones.

El autor llega a tiempos más actuales, diciendo que los éxitos liberales quitaron la faceta radical al liberalismo, el que se tornó más conservador al querer preservar los avances logrados.

Incluso a partir del industrialismo, los mismos liberales iniciaron la revisión de sus ideas [posiblemente sea J.S. Mill el más obvio ejemplo de esto]. Aquí el autor establece una distinción muy útil para nuestros días entre dos tipos de liberales:

• Los liberales tempranos proponían un gobierno limitado. Pueden ser llamados liberales clásicos.

• Los liberales modernos, como les llama Heywood, comenzaron a creer que el gobierno debía intervenir activamente, haciéndose responsable de servicios sociales de bienestar, como salud, casa, educación, jubilaciones, y la reglamentación de la actividad económica.

Esta división de mentalidades es lo que produjo el desarrollo de dos tradiciones de pensamiento dentro del liberalismo, la del clásico y la del moderno [lo que suele ser causa de una buena cantidad de confusiones, cuando por ejemplo se llama liberal en los EEUU a quienes proponen grandes esquemas sociales de intervención gubernamental y ello no es fácilmente comprendido por quien entiende al liberalismo como un defensor de una autoridad política no interventora].

En la siguiente sección de este capítulo, el autor señala cinco grandes ideas centrales del liberalismo: el individuo, la libertad, la razón, la justicia y la tolerancia/diversidad. A la explicación de cada uno de ellos dedica un apartado.

El primero de esos cinco elementos es el individuo.

La visión feudal era más bien colectivista, las personas eran entendidas como pertenecientes a grupos, pero al desaparecer, las personas empezaron a pensar por sí mismas y tener idea de su individualidad, desarrollándose las nociones de derechos naturales en los siglos 17 y 18, como en Locke y Kant.

La idea central es la de pensar en el ser humano como un fin en sí mismo y no como un medio para ser usado por los demás [uno de los puntos de mayor pesos en la filosofía objetivista (Rand, 1996)].

El liberalismo, por tanto, pone atención individual en la persona como ser único, definido por sus rasgos propios. Pero que al mismo tiempo comparte con el resto una naturaleza humana.

Existe por tanto una tensión en estas dos ideas: por un lado las personas son diferentes, pero al mismo tiempo son iguales [la idea de esta doble concepción está admirablemente tratada en el nuevo catecismo católico (Católico, 1992) y esto me lleva a señalar otro aspecto no tratado por el autor: la noción de seres valiosos en sí mismos, individuales ha sido sin duda una idea anterior, que data de las ideas Judeo Cristianas, muy anteriores a las señaladas por el autor].

Esta idea en la preeminencia del ser humano individual ha producido una noción en algunos liberales que es llamada atomista, es decir, la que entiende a las personas como átomos separados dentro de la sociedad, cada uno con sus propias necesidades y deseos, sin relación con el resto.

Pero otros liberales han preferido ver a la persona como un ser que tiene responsabilidades con los demás, especialmente con quienes no pueden valerse por sí mismos.

Se trata de las visiones egoísta y altruista, que sin embargo se unen en la meta de una sociedad de tal naturaleza que permita realizar el potencial de las personas.

[Sin duda la discusión entre altruismo y egoísmo es común, pero ella no revela la sutileza de ideas más refinadas como la del egoísmo ilustrado o bien entendido (Tocqueville, 1978), o la del personalismo económico (Gronbacher, 1999). La crítica del homo economicus es una muestra del simplismo de esa clasificación extrema.]

La siguiente idea central que Heywood señala es la libertad.

Si la persona individual es otra de las ideas centrales del liberalismo, resulta lógico que la libertad sea para el liberalismo el valor supremo. Es un derecho natural y una necesidad absoluta para llevar una vida plenamente humana.

Las personas ejercitando la libertad toman decisiones y optan por alternativas sobre su vida: dónde vivir, en qué trabajar, qué comprar. Es la sola condición para que las personas sean capaces de desarrollar sus talentos y realizar sus potenciales.

Pero la libertad del liberalismo no es un derecho absoluto. Si lo fuera, existiría el derecho a abusar de otros y se tendría el libertinaje.

El autor menciona aquí a Mill (Mill, 1984) y su distinción entre los asuntos internos y externos de la persona, señalando que lo que la persona haga restringiendo la libertad de otros no es parte de la libertad. Pero hay más: la libertad negativa y la positiva.

Los liberales clásicos o tempranos piensan que la libertad es dejar a cada persona por sí misma, libre de interferencias, para hacer lo que ella decida. Ésta es la libertad negativa, basada en la ausencia de limitaciones externas.

Los liberales modernos, dice el autor, han sido atraídos a una libertad entendida en sentido positivo, comprendida como el ser dueño de sí mismo, el ser autónomo. Equivale a desarrollar habilidades y talentos, ampliar el entendimiento y realizarse.

[Sin duda, la libertad es el gran valor del liberalismo, a lo que suele añadirse la consideración de que los seres humanos son todos libres, lo que necesariamente implica que “mi libertad  termina donde empieza la nariz del otro”. Mi único punto es que esta observación es innecesaria: si por principio todas las personas deben ser consideradas igualmente libres es obvio que debe haber limitaciones inherentes a esa libertad.]

La tercera idea central del liberalismo es la razón.

El liberalismo, dice Heywood, es en buena dosis parte de la Ilustración, en su deseo de librar a la humanidad del yugo de la superstición y la ignorancia, para alcanzar la etapa histórica de la razón.

La influencia de la Ilustración en el liberalismo se realizó en diversos planos.

Primero, reforzó la idea de la libertad y el individuo, las nociones vistas antes. Si las personas son seres pensantes, ellas son capaces de tomar decisiones por sí mismas. No se cree que las personas sean infalibles, pero sí se piensa que es adecuada la posición contra que paternalismo que las ve como seres incapaces.

Además, el paternalismo puede abusar de la autoridad, lo que el liberalismo desea evitar [ésta es la prioridad más alta de la exposición de Montesquieu (Montesquieu, 1993), por ejemplo].

Segundo, se desarrolla la idea de progreso, el avance a lo mejor, la expansión del conocimiento, la posibilidad de cambiar el mundo y hacerlo mejor. El racionalismo, por tanto, es una emancipación del peso del pasado.

[En esto, supongo, pueda hacerse una distinción aún mayor. La confianza razonable en la razón, por un lado, y la confianza absoluta en ella por el otro. Dos cosas muy distintas. La idea de creer en una razón falible lleva a entender al mundo como uno imperfecto; posible de mejorar, pero siempre imperfecto, lo que tiene amplias repercusiones (Ratzinger, 1987). Por su parte, la confianza total en la razón acarrea la posibilidad de pensar, inventar e intentar nuevos diseños sociales haciendo de lado toda consideración de experiencias previas, como, por ejemplo, la idea del mundo comunista futuro, o la del futuro del nacional socialismo. Los liberales que creen en una razón humana falible poseen una cierta afinidad con el conservadurismo (Kirk, 1986) en el sentido de respetar la herencia de generaciones anteriores y de creer en valores absolutos.]

La razón, además, da soporte a la idea liberal de confiar en las discusiones, los debates y las argumentaciones.

Sin confiar totalmente en la razón, los liberales reconocen que existen intereses opuestos en las personas, que ellas son egoístas, que pueden tener rivalidades.

Entra aquí la discusión ordenada para arreglar los conflictos, con posibilidad de negociación y acuerdos. Es por esta actitud que el liberalismo considera a la violencia como la última de las opciones, incluso como sed de poder.

La violencia se justifica en situaciones de defensa propia, pero siempre después de usar argumentaciones.

La siguiente idea que Heywood dice que es tema central del liberalismo es la justicia, muy relacionada con la igualdad.

En pocas palabras, la justicia es dar a cada quien lo que se merece. La idea tiene sentido al pensar que todas las personas tienen igual valor, iguales derechos.

Y esto lleva al rechazo de privilegios basados en raza, credo, sexo, posición social. Las personas son iguales ante la ley y en la política.

El liberalismo propone la idea de igualdad de oportunidad. No significa igualdad de resultados, pero sí de oportunidades para tener éxito o fracasar. Es la recompensa al trabajo individual, es decir, el incentivo personal para avanzar.

El autor menciona explícitamente a la meritocracia, donde los esfuerzos personales determinan las recompensas individuales; la distribución desigual del ingreso es el resultado de la desigualdad de habilidades y trabajo, incluyendo situaciones aleatorias.

De esta manera, se tiene el incentivo de trabajo para mejorar la situación personal y esa situación personal es resultado de los esfuerzos de las personas. Los liberales modernos, dice el autor, piensan de otra forma y apoyan redistribuciones de riqueza mediante la acción de estados de bienestar.

[Este es un punto vital para entender la diferencia entre los liberales y la confusión que se tiene de ese término dependiendo del lugar en el que se use. El liberal clásico, con su mentalidad de un gobierno limitado, no puede dar cabida al gobierno grande que supone un régimen de estado de bienestar.

Por ejemplo, el partido Demócrata en los EEU es calificado de liberal, proponiendo la expansión estatal y esto puede causar confusión entre quienes entienden al liberalismo de manera opuesta. Hay una amplia reflexión sobre el tema de la igualdad de oportunidad en un ensayo publicado en AmaYi® (García Gaspar, 2005)]

La quinta idea esencial del liberalismo es tolerancia y diversidad, según el autor analizado.

Creyendo en el individuo, es lógico apoyar la idea de la pluralidad o diversidad, como resultado de las acciones de diversas personas; muchas y diversas manifestaciones humanas se dan en un sistema liberal, como el pluralismo político y el cultural.

Por su parte, la tolerancia es considerada un valor ético y un principio social, que tiene elementos de autonomía personal y reglas de comportamiento en la relación con los demás.

La primera de las manifestaciones fue la de la tolerancia religiosa (Locke, 1999), que ayudó a distinguir entre las esferas pública y privada de las personas.

La tolerancia se aplica a esa esfera privada de las personas, corresponde a la libertad definida negativamente y tiene un componente que implica también desaprobación de otros [el punto es importante y merece mayor énfasis: la misma idea de la tolerancia acarrea la implicación de desaprobación, ya que sólo puede ser tolerado lo que no va de acuerdo con las ideas propias, con desde luego, una gran variedad de intensidades].

La diversidad y la tolerancia, más aún, se justifican en el liberalismo por su resultado neto benéfico, permitiendo que dentro de un mercado libre de ideas la verdad emerja y las ideas buenas desplacen a las malas (Milton 1999, Mill, 1991).

Entra aquí de nuevo la confianza en la razón, para argumentar, discutir y analizar esa diversidad evitando la posibilidad del conformismo con la opinión mayoritaria.

Hay en esto armonía, a pesar de que las personas posean intereses distintos. Entre ellos se encuentra al final algo en común. Por ejemplo, los intereses de trabajadores y de empleadores pueden ser opuestos, pero entre ambos se complementan con mutuo beneficio.

Resulta esto muy opuesto a los supuestos socialistas que entienden a la sociedad como en conflicto estructural [una buena referencia general es la propuesta muy al inicio de las ideas económicas liberales (Smith, 1993) y que señala que la existencia misma de la división del trabajo implica la colaboración; algo muy alejado de las posiciones socialistas que sostienen que existe una relación esencial de lucha entre diversas clases sociales].

La tolerancia, sin embargo, no es ilimitada y puede ser calificada al enfrentar opiniones intolerantes a pesar de que en muchos casos se acepte la difusión de esos puntos de vista.

A partir del siglo 20, algunos liberales han apoyado la noción de la neutralidad moral, implicando un abandono frecuente del apoyo a la idea de una serie de valores fundamentales en favor de la aceptación de diversos valores que puedan convivir pacíficamente.

Pero, dice Heywood, cuando el liberalismo acepta el pluralismo moral es difícil contenerlo dentro del marco liberal [este pensamiento debe ser puesto de manera más explícita: cuando se sostienen valores como la libertad y la dignidad de la persona, es imposible dar entrada a la neutralidad moral, pues ella significaría que esos mismos valores podrían ser abandonados. De hecho, por tanto, el liberalismo contiene un fuerte apoyo a la propuesta de valores absolutos en inmutables].

Termina así la exposición del autor de los cinco temas centrales acerca del liberalismo, para continuar con otros rasgos que serán examinados en la siguiente carta. Con estas dos cartas, dedicadas al liberalismo, se intenta disponer de una explicación ordenada del significado de las ideas liberales.

BIBLIOGRAFIA

  • García Gaspar, Eduardo (2005). EL EQUILIBRIO DEL PODER.
  • Gronbacher, Gregory M. A. (1999). PERSONALISMO ECONÓMICO. Monterrey, México. Centro de estudios en economía y educación A.C. 9709036017.
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  • Católica, Iglesia (1992). CATECISMO. Madrid. Asociación de editores del catecismo. 8428811121.
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  • Rand, Ayn (1996). FOR THE NEW INTELLECTUAL : THE PHILOSOPHY OF AYN RAND. New York. Signet. 0451163087.
  • Ratzinger, Joseph (1987). IGLESIA, ECUMENISMO Y POLÍTICA. Madrid. Biblioteca de Autores Cristianos. 8422013037.
  • Smith, Adam (1993). WEALTH OF NATIONS [1776] A SELECTED EDITION. (Kathryn Sutherland). Oxford. Oxford university press. 019281765.
  • Tocqueville, Alexis de (1978). LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA. México. Fondo de Cultura Económica. 9681600916.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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