Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Liberté Chérie
Leonardo Girondella Mora
12 abril 2007
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


Me imagino dos imágenes que de Francia tienen muchas personas —la más clara de ellas es la del turismo: pocos lugares tan fascinantes y bellos hay en el mundo. Pero la otra es mucho menos agradable, es la de las huelgas continuas, protestas todos los días —recuerdo un cuento de Woody Allen en el que París se paraliza por causa de una huelga de mimos.

Hablo de Francia como el sitio en el que el gobierno aplasta las libertades y muchos ciudadanos parecen querer más estado

Una pequeña nota de un boletín de la Atlas Foundation, escrito por Vincent Ginocchio, Presidente of Liberté Chérie, explica la situación.

Dice que uno puede pensar en los franceses y concluir que son libres, que ya no requieren luchar por sus libertades. Pero agrega que no es tan sencilla la cuestión: ellos son libres en cuanto a tener libertad de expresión, en casi todos los temas —y también gozan de libertad de elección como consumidores, cuando no se enfrentan a los monopolios estatales. La propiedad privada está bien protegida, después de que el gobierno ha tomado su parte.

Pero hay algo diferente en Francia con respecto al resto de los países de la UE. Dice Ginocchio que mientras el resto de los países tratan de deshacerse del intervencionismo estatal, su país insiste en mantenerlo.

En otras palabras, Francia no es tan libre como parece, aún sabiendo sus gobernantes que la libertad económica es la solución al desempleo crónico y estancamiento económico.

La causa de esta situación: los sindicatos —representan al 8% de los trabajadores, pero bajo ideologías comunistas o confrontacionales, luchan por mantener sus privilegios aún a costa de cerrar fuentes de empleo.

Tienen el control de de monopolios públicos, como transportación y electricidad, el sistema de salud, las escuelas y demás. Y gozan además de las simpatías de los medios, que en Francia se inclinan a la izquierda mayoritariamente. Los sindicatos casi controlan la distribución de los periódicos.

Por tanto, cuando se sugiere realizar alguna reforma para mejorar a la economía, sucede lo previsible: los sindicatos encienden su sistema de protestas callejeras y el apoyo de los medios en contra de esa reforma.

Saben y conocen su oficio —pueden reunir un millón de personas para protestar, como sucedió hace cerca de un año. Y tienen éxito, los gobiernos se retractan de la reforma y los privilegios se mantienen, como también el desempleo y el estancamiento. Si eso suena similar a lo que sucede en México, ello no es coincidencia: también aquí los sindicatos luchan por sus privilegios sacrificando al resto de la población y tienen su máquina de propaganda, aunque desde luego no es tan exitosa como la francesa (la aprobación de la reforma del ISSTE es una excepción bienvenida).

El punto central de los sindicatos franceses es el mismo del PRD mexicano y de muchos sindicatos: la libertad económica, dicen, no da resultados, es peligrosa y empeora la situación —lo que debe hacerse es tener más y más intervención estatal. Dice Ginocchio que la propaganda intervencionista de los sindicatos ha tenido éxito: sólo el 36% de los franceses piensa que los mercados libres son buenos para el futuro de la nación.

Dentro de estas circunstancias, un grupo de estudiantes de ciencias políticas en 2003 decidieron hacer algo y protestaron en contra de las protestas de ese año por la reforma a las pensiones. La asociación que formaron se llama Liberté Chérie —libertad amada, o algo por el estilo.

Reunieron en la calle a 80,000 personas contrarias a los opositores de las reformas. Tienen a 21,000 adheridos y capacidad de reacción, dice Ginocchio; además organizan eventos y reuniones en pro de la libertad.

Conocer esto es benéfico —profundiza el conocimiento de ese país más allá de su imagen de socialistas eternamente en huelga entercados en mantener sus privilegios. Sí hay liberales en Francia y están teniendo éxito, lo mismo que en el resto de Europa y esas son buenas noticias para la UE, aun a pesar de que su labor será difícil y de largo plazo: desmantelar los privilegios de los sindicatos no será una tarea sencilla.

México tiene frente a sí un panorama no muy distinto: se requieren reformas y esas reformas tocan los privilegios de poderosos grupos, empresariales y sindicales opuestos a la libertad humana, los que tienen un aliado quizá involuntario, el PRD también dispuesto a colocar a las protestas callejeras por encima del diálogo. Pero hay una diferencia con lo narrado por Ginocchio.

No creo que en México se entienda con claridad que se trata en el fondo de una cuestión de libertades humanas: un enfrentamiento entre las ideas liberales y las socialistas. Creo que aquí se entiende sólo como una lucha política de partidos.

NOTA DE EDITOR

• El texto del artículo citado por el autor está en Atlas. El sito oficial de Liberté Chérie está en francés solamente. En Wikipedia se dan pocos más datos.

• La columna me recuerda poderosamente a un alumno francés que tuve hace varios años en México: una persona que había sido adoctrinada en el socialismo y defendía, a sus 18 años, la decisión del gobierno francés de reducir la jornada de trabajo para elevar el empleo; decía que era parte de una nueva manera de manejar a la economía de maneras exitosas. A su tierna edad era más anquilosado que un viejo socialista de 70 años.


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