Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libros Mejor Que Medicinas
Eduardo García Gaspar
10 agosto 2007
Sección: ARTE, SALUD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La categoría de libros más vendida: la de obras de auto ayuda. Eso me dijo un librero hace ya tiempo. Debo suponer que es cierto. No tengo las cifras mexicanas, pero las de EEUU indican también gran popularidad de esas obras: más de 600 millones de dólares en 2006, según reportó el WSJ (31 julio).

Según ese mismo reporte la tendencia es clara. Muchos terapeutas están recomendando eso, que se llama biblioterapia. Esos libros efectivamente ayudan y son recomendados por especialistas, también en Inglaterra. Hasta aquí la noticia no pasa de ser una que es curiosa y quizá reveladora.

Mi impresión de esas obras se acerca más a la de la magia que a la de la ciencia. Más a los terrenos de las recetas de cocina que a las de un médico. Sí, es posible que existan libros serios y fundamentados, pero sus títulos no lo indican con facilidad. Y creo que los de más éxito comercial son los menos adecuados.

Sin embargo se están haciendo pruebas clínicas para encontrar esas obras que sí tienen resultados reales para, por ejemplo, reducir la depresión. Dice el reporte que en Inglaterra, donde la espera para tratamientos puede ser de seis meses, están recomendando esas lecturas. No es el remedio total, dicen, pero puede ayudar en casos no extremos.

Por intuición propia creo que hay más aquí de lo que se reporta. Alexis de Tocqueville escribió a mediados del siglo 18 que los humanos no tenemos la capacidad individual para comprenderlo todo y que por eso nos es de ayuda acudir al conocimiento generado por otros. Es fácil entenderlo en algunos casos: no tenemos que redescubir la ley de la gravitación universal, nos basta con ir a algunos libros, o hablar con los enterados.

Pero Tocqueville se refería a los preceptos morales. Sería absurdo que cada uno de nosotros, aislados del resto, tuviera que desarrollar su propia moral, ética, filosofía y demás. No tenemos el tiempo ni la capacidad. Por eso recurrimos a lo externo a nosotros, entre lo que ese autor destacó sobremanera a la religión: la necesitamos por motivos celestiales, pero también muy claramente por motivos terrenales.

Si queremos explicaciones y si deseamos encontrar sentido a la vida, sería ridículo el intentarlo por nosotros mismos, como un Robinson Crusoe sin libros ni compañía. Muchas cosas alrededor nuestro pueden ayudarnos. Un libro de hace tiempo resumió esto en su título, Más Platón y Menos Prozac. Es decir, más ideas y menos medicinas. Hay ideas, creencias que nos pueden ayudar a tener explicaciones. No sólo Platón, sino muchos otros hay.

Y eso vuelve a poner sobre la mesa el problema anterior: ¿cuáles de esos son los mejores? Hay, por supuesto, autores que lejos de ayudar podrían crear más problemas. Son los pesimistas que en nada creen y exaltan la desesperación y la angustia. Pero hay otros que son optimistas y alegres, que son los preferibles. Cada quien encontrará sus preferidos, pero para ello necesitará leer, esa costumbre tan en desuso.

No pretendo recomendar nada, pero sí puedo compartir lo que he experimentado. Y parto de un punto simple: si acaso mi vida es una casualidad física y no tiene sentido, entonces nada sería capaz de alegrarme. Pero en cambio, si mi vida tiene sentido eso causa gozo. Y buscando sobre eso me agrada mucho leer obras religiosas.

Me gusta leer historia también. Me divierten los libros de economía y de política. Pero evito los éxitos comerciales, los de complots y revelaciones extraordinarias (nada de los templarios ni de los cátaros en novelas ni en libros que aseguran haber descubierto secretos que todos tratan de ocultar). Me gustan más los clásicos que los actuales. Y aborrezco los autores que pretenden haber encontrado leyes de la historia.

Y leer, al cabo del tiempo, permite desarrollar una mentalidad propia que satisface y tranquiliza. Leer no es una actividad sino una costumbre, más jugosa y divertida que la de ver televisión. Las explicaciones no se encuentran en la televisión. Están en los libros, incluso en los erróneos porque ellos ayudan también.

No es propiamente biblioterapia lo que recomiendo, pero sí sugiero la adquisición de la rica costumbre de dedicar un tiempo a la lectura. Sin prisa, sin agitación, dejándose llevar por el ritmo de cada escritor.

Post Scriptum

• Creo que debo explorar un poco más esa última idea, la del ritmo del escritor. Pienso que como los compositores de música, los autores tienen estilo desde luego, pero también ritmo; causa por la que las primeras páginas de un libro siempre me cuestan trabajo hasta que me adentro en el ritmo de cada uno.

• Quizá haya sorprendido que considere divertidos a los libros de economía. En realidad lo son y no me refiero a los de texto, sino a aquellos que tratan de explicar el comportamiento humano y lo hacen, créame usted, mejor que la psicología y la sociología.

• De las diferentes categorías de libros, la más importante de ellas es la de religión. Cierto que existen algunos muy chocantes y hasta absurdos. Pero otros son una delicia, como los de Benedicto XVI cuando era cardenal, un hombre en verdad inteligente.

• Finalmente la opinión de un amigo. Dice que tendemos a dar prioridad a los libros escandalosos por encima de los razonados; nos llama más la atención, dice él, un libro que revela un escándalo de la iglesia católica que un libro que con seriedad narra su historia. Como consecuencia de esa afición sesgada solemos tener imágenes muy distorsionadas, a lo que colabora la promoción de las editoriales y las librerías que enfatizan los escándalos por arriba de las obras serias.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras