Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lo que el Artista Dice
Eduardo García Gaspar
19 septiembre 2007
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La escena era buena, muy buena, pero al mismo tiempo mala. Había esperanza pero también desazón. Veía yo a una familia dentro de un museo de arte moderno en Monterrey, México. La mera noción de ver a los padres y sus hijos, de alrededor de los 15 años, en un museo era esperanzadora.

Lo inquietante provenía de la exposición que visitaban. Una de Julio Galán, pintor mexicano fallecido hace poco, joven. ¿Era arte eso que veían? Pensé que si ésta era una de sus primeras visitas a un museo se llevarían una idea muy distorsionada de la belleza. Quizá saldrían del museo pensando que poner la mano en los genitales o mostrarlos era artístico.

Sin duda el curador del museo, MARCO, dirá que mi observación es primitiva. Todo lo que puedo responder es que hace tiempo una curadora opinó, muy en confianza, que Galán era un mito inventado por la comercialización. Pero también puedo añadir otra cosa.

Tal vez nuestros tiempos sean unos en los que se pone más énfasis en “lo que el artista quiso decir” que en la belleza con que lo expone. Puede ser que Galán tenga cosas que decir, las que presupongo sean irrelevantes al menos para mí, pero sin duda el cómo lo dice no es bello, sino lo opuesto. Tome usted otra pintura, por ejemplo, de Theodore Chassérieau, la Venus Anadyomène, un arte sugerente, erótico, sensual, atrevido, pero bello.

O tome una pintura aún más atrevida, como la Rolla, de Henri Gervex, que me ayuda a explicar mi idea. La amante está exhausta en la cama, desnuda, en una habitación desordenada. Al fondo se ve el hombre con la camisa aún desabrochada que sale apresurado. También atrevido. También sensual. Pero al mismo tiempo bello. No sé qué pretendía decir el pintor, pero lo que creó es una escena comprensible y arriesgada.

Lo que deseo hacer es separar dos asuntos implícitos en el arte. Uno es la belleza, a la que no sé cómo definir, excepto por ser la creación de un artista, algo que causa una sensación interna de agrado intenso. El otro es una enfermedad de nuestros tiempos cuando se vuelve obsesión, eso de “lo que el artista quiso decir” y que es una especie de psicoanálisis del pintor y su obra.

Si se toma una pintura, como la del matrimonio Arnolfini, es obvio que ella contiene elementos que pretenden decirnos de qué se trata. Tiene algo qué decir y lo dice con belleza. Belleza que se percibe aún sin saber eso que la pintura retrata. Igual sucede con otra pintura, la odalisca de Ingres y su mirada descarada y retadora que no considera su desnudez.

Al ver la exhibición de Galán nada de eso sucede. Es una serie de cuadros de él mismo, algunos extraordinariamente cursis, sin belleza y que supuestamente están justificados porque hay algo que el artista dice. El punto es si eso que dice es interesante. ¿Qué puede significar todo eso? No lo sé. Es burdo y me parece que pretende escandalizar no crear. No diferente a los actores que usan trucos similares de relaciones públicas, como ir sin ropa interior.

Algo similar me sucedió en otro museo de arte moderno, en Chicago. Una de las obras de arte allí exhibidas era una fotografía de más de dos metros de altura con el artista haciendo sus necesidades líquidas encima de una silla de oficina. ¿Qué quiso decir el artista con eso? Mi respuesta: me importa un bledo.

Y es que el arte, me supongo, debe ser bello y no ser sólo un método de comunicación de alguien. Cuando lo es, entonces se convierte en algo como un libro mal escrito que no merece ser admirado.

En la parte de arriba de MARCO está una exposición de Frida Kahlo y que muestra una desconcertante y misteriosa variedad de estilos.

Algunos de los cuadros son realmente feos, como el de Piquetitos. Lo que puede tener de interesante es, según se nos dice, lo que ella quiso representar. Es decir, ya no es arte, sino intensidad de vida: cuanto peor sea la vida del artista más interesante se vuelve. Y esto, para mí es de telenovela, no de museo.

Esta desviación es una lástima porque deja de lado a mejores artistas mexicanos, como Saturnino Herrán y Francisco Goitia cuyo defecto es no tener una vida azarosa que venda sus cuadros… y que esa familia confunda el arte con lo irrelevante.

Post Scriptum

Grupo Reforma reportó el 4 de octubre que Frida Kahlo era una pobre pintora y muchos de sus cuadros los terminó Diego Rivera, dijo Guadalupe Rivera, hija del muralista, al diario La Tercera. “Frida era una pobre pintora. A mi juicio, ni pintora fue”, dijo.”Veía cómo mi padre le terminaba los cuadros”.


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