Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Maíz y Petróleo
Eduardo García Gaspar
15 enero 2007
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Los precios del maíz en México son un tema sensible dada la importancia de la tortilla en la dieta nacional. Ellos suben y bajan porque ésa es la naturaleza de los precios, de todos, en un mundo cambiante. Igual que el petróleo y el resto de los bienes.

Al respecto, una segunda opinión no sobra: los precios son un sistema de avisos y los avisos sirven para saber qué hacer por parte de compradores y vendedores. Del otro lado de la moneda, las manipulaciones de los precios, por ejemplo con subsidios, distorsionan los avisos, lo que hace cometer errores a los compradores y vendedores.

Con lo anterior en mente, podemos añadir otro dato. En esencia hay dos posiciones al respecto del manejo de los precios. La opinión liberal es la que dice que los precios se dejen libres y la gente tenga información real para realizar sus compras y ventas. La opinión socialista es la que dice que hay que interferir en los precios para lograr algún objetivo, típicamente beneficiar a algún grupo particular.

Un precio que ha subido es un aviso doble: avisa a los compradores que deben consumir menos y avisa a los vendedores que deben producir más. Y lo contrario: una reducción del precio anuncia que puede consumirse más y que debe producirse menos. Ésa es la maravilla de un mercado libre, que esos avisos permiten ajustes en las decisiones de las personas. Pero si el precio es artificial, los avisos son irreales y no se toman las decisiones correctas.

Por ejemplo, un precio que es reducido artificialmente le dice al consumidor que puede comprar lo mismo que antes y al productor que no debe producir más. El resultado eventual será mayor escasez y posiblemente un ajuste severo del precio, o un gasto gubernamental mayor que mantenga el subsidio. Poca duda hay de que a la larga el sistema de precios libres funciona mejor. Los problemas surgen con productos muy básicos en el corto plazo.

En esas situaciones, la tentación de intervenir es grande y ella proviene de varias fuentes. Los socialistas más tradicionales presionarán por fijar precios artificiales. Pero también presionarán grupos de personas que ven afectados sus intereses. Grupos de consumidores, desde luego, que tienen que gastar más y que desean que el gobierno les ayude. Otros grupos son los de corporaciones que desean jalar agua para su molino, teniendo utilidades por la intervención gubernamental.

Consecuentemente, las autoridades están en medio de dos frentes que los presionan. Por un lado, el conocimiento de que son mejores los precios reales y que ellos deben dejarse fluctuar. Del otro lado, los grupos que buscan beneficios en el corto plazo, sean consumidores o productores. ¿Qué hacer ante esto?

La respuesta más razonable puede ser la de tener dos principios de acción central. La primera y más básica es la de en realidad dejar libres los precios, limpiando el mercado de distorsiones monopólicas. Es decir, dando libertad de oferta y demanda. La segunda es aplicable sólo a casos excepcionales y podría ser en el caso de la tortilla tener programas de ayuda muy focalizada a gente en pobreza extrema.

En el caso del maíz, sus nuevos precios, son extraordinarias noticias para el campo de cualquier país: el grano tiene otros usos de tipo energético y eso es un aviso para sembrar más, lo que elevará la oferta y posiblemente reduzca los precios. Sin ese aviso, no se sabría que es conveniente sembrar más, lo que dañaría al agricultor. E incluso se abre la oportunidad de tener más compradores de maíz, para no depender de los mismos, lo que es positivo.

La clave de todo esto es sencilla. Nuestras decisiones personales dependen de la información que tenemos. Buena información conducirá a mejores decisiones. Los precios son información para todos, pero si ellos son manipulados la realidad es que no podremos tomar buenas decisiones y, por eso, los recursos se usarán de manera ineficiente, lo que causa pobreza.

En los tiempos del conocimiento y la información no nos podemos dar el lujo de trabajar con datos falsos. Es decir, la posición socialista tradicional de precios manipulados, nos lleva sin remedio a trabajar con datos falsos y a nadie conviene eso. A nadie, ni a los ricos, ni a los pobres, ni a los de en medio.

POST SCRIPTUM

Sergio Sarmiento en su editorial de hoy (Grupo Reforma) señala que

“… los consumidores mexicanos de tortilla están pagando los resultados de una política miope en el maíz que se remonta a hace muchas décadas. Bajo la idea de que el maíz es tan importante para México que requiere de una protección especial, se ha limitado la importación de este producto, lo cual ha impedido que se hagan en México las reformas que habrían aumentado la eficiencia de nuestros productores.

Buena parte de la producción mexicana se sigue haciendo en parcelas de unas cuantas hectáreas mientras que en Estados Unidos y Canadá las granjas de maíz son de miles de hectáreas de extensión y cuentan con enormes inversiones en equipo y tecnología. Los productores nacionales, por otra parte, usualmente no tienen acceso al crédito comercial debido a las limitaciones legales para usar la tierra como colateral en créditos”.


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