Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Allá de lo Debido
Eduardo García Gaspar
12 marzo 2007
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Fue publicada en México una ley que tiene el improbable nombre de Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y viene acompañada de una campaña publicitaria digna de la más exitosa de las empresas gigantes. La ley tiene sus defectos, que no son pequeños y que han sido mencionados por varios.

Se ha dicho con razón que es discriminatoria porque olvida a la mitad de la población, a los hombres, un error de tal tamaño que la podría invalidar, pero que se ha olvidado porque es una ley que cae en la odiosa categoría de los políticamente correcto, es decir, no puede criticarse aunque sea errónea. También se ha dicho que duplica otras leyes que penalizan a la violencia contra cualquiera y que son mejores.

Pero hay cosas que son dignas de señalar, como el texto de la nueva ley y que establece una definición de la violencia contra el sexo femenino: “cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público“.

Imagine usted que en la oficina se le olvida a usted saludar a su secretaria o a una compañera de trabajo… usted ya violó la ley. O que se le olvide decirle a su mujer que llegará tarde por la noche…

Si eso se aplica, faltarán cárceles para hombres, porque las mujeres podrán dejar de saludarlo, o de decirle que se van con las amigas. La ley no las penaliza por eso. Pero no acaba allí. La ley dice que la violencia psicológica contra ellas “es cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad psicológica”.

Muy bien, ahora viene el siguiente paso, el de averiguar qué es eso.

La respuesta: “negligencia, abandono, descuido reiterado, celotipia [celos], insultos, humillaciones, devaluación, marginación, desamor, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la autodeterminación y amenazas, las cuales conllevan a la víctima a la depresión, al aislamiento o a la devaluación de su autoestima e incluso al suicidio“.

En otras palabras, si trabajan con usted mujeres y no alaba incondicionalmente su trabajo, ha violado la ley. Ellas pueden hacer un mal trabajo, pero usted no las puede criticar ni llamarles la atención. Imagine usted ser acusado de indiferencia porque en las mañanas lee el periódico, habla de futbol, o hace comparaciones destructivas porque se fijó usted en Thalía. Es una ley digna de ser puesta en una novela de Kafka.

La verdad es gracioso el asunto y en el que quiero ir un paso más allá de los comentarios que he leído, tratando el límite en el que las leyes deben detenerse. Me parece razonable aceptar que las leyes están más para detener acciones indebidas que para exaltar las virtudes. Por eso una gran cualidad de las leyes es la sencillez, usando palabras simples que todos entiendan y sean fáciles de encontrar en la vida.

Por el contrario, las leyes complejas y rebuscadas que nadie entiende son difíciles de aplicar precisamente porque rebasan su límite natural y desean promover virtudes. Esa ley, por ejemplo, quiere lograr maridos atentos, serviciales, personajes ideales. Y eso es imposible. Tan imposible como el de lograr a la esposa perfecta. La ley debe concentrarse en lo que puede hacerse y nada más. Y hacerlo de manera simple.

Trate usted de imaginar que alguien ha sido acusado de “restricción a la autodeterminación” de una mujer. Sería más sencillo penalizar faltas como encerrar a la mujer en la casa, encadenarla o similares. Esa expresión es tan vaga que no puede ser admitida en una ley seria. Es vaga porque pretende exaltar virtudes: quiere que se apoye  la autodeterminación de las mujeres… pero eso no lo puede hacer así una ley.

Estamos, al final, en una posición que contrasta dos maneras de pensar. De un lado está el enfoque del sentido común, que pide reglas sencillas, entendibles, fáciles de aplicar y que intentan limitar acciones negativas, como el golpear sin razón a una persona. De otro lado está el enfoque que pide reglas complejas, difíciles de aplicar y que intentan hacernos personas virtuosas.

Afortunadamente, las mujeres que conozco tienen un gran sentido del humor y esa ley les ha ocasionado motivos de burla y chiste. Las mujeres son inteligentes y como todos, ellas entienden que una ley así no tiene sentido práctico


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