Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Gobierno, Más Corrupción
Leonardo Girondella Mora
10 septiembre 2007
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en:


No todos son enemigos de la corrupción —hay quienes con buen cinismo la justifican: dicen que ella sirve para aceitar la máquina burocrática que traba los procesos, permisos, licencias, concesiones. Es un enfoque realista y, seguramente, pesimista.

Si nada puede hacerse en contra de esa burocracia paralítica, un mal camino, pero mejor que cualquier otro, es el de la corrupción —dinero, regalos, favores, dados a miembros de la burocracia para lograr resultados más o menos inmediatos. Esperar una solución de fondo sería una opción irreal, dicen, y con cierta razón.

Un caso, el de quien desea agregar una habitación a su casa y debe pedir la licencia correspondiente al gobierno municipal. La oportunidad es de oro para quien coloca el sello de aprobación a la obra —la persona quiere realizarla, tiene dinero para hacerla y estará dispuesto a dar algo a cambio del permiso más rápido posible. No quiere esperar, y menos quiere que se le niegue.

Otros han señalado que eso puede ser sólo una verdad aparente —la evidencia empírica al respecto indica que la corrupción tiene poco efecto en el objetivo que persigue, la máquina burocrática no se agiliza. También aquí existe un punto razonable: el incentivo de la corrupción motiva a crear más regulaciones y complicaciones, no menos.

Con independencia de lo anterior, lo que sí es posible asegurar es que la corrupción es un obstáculo al desarrollo. En el monto en el que ella exista, ella colabora a crear miseria o a no resolverla. La corrupción es un costo adicional para hacer negocio y pega a todos, incluso a quienes no intervinieron en ella.

La habitación que se deseaba construir resulta ser más cara al agregar el monto de la corrupción —tiempo y dinero. La persona gasta más y en esa medida su cartera termina con algunos miles de pesos menos, que hubieran sigo gastados o ahorrados… y eso perjudica al oferente de eso que hubiera sido comprado.

Si se trata de una obra pública, como una carretera, su costo resulta mayor —el constructor debe pagar al burócrata por asignarle la obra y ese costo se refleja en gasto gubernamental extra que ya no puede usarse para, quizá, mejorar una escuela. No es posible dudarlo. La corrupción es dañina.

Pero reconocerlo no lo es todo —aún así, la actitud ante la corrupción puede tener sus gradaciones: desde la que la considera el gran mal a erradicar hasta la que la ve como un problema que no merece tanta atención. Países como Pakistán y Afganistán están colocados en algunos de los peores lugares en su calificación de corrupción y eso no ha impedido que reciban ayudas de organismos internacionales —sabiendo con alta probabilidad en dónde terminará esa ayuda.

A esa heterogeneidad de visiones ante la corrupción ayuda una característica —la gran dificultad para probarla y su consecuencia natural: son necesarios muchos recursos y tiempo para probar cada caso. Esto tiene una consecuencia, la de no merecer atención los casos los casos de corrupción menores a un cierto monto —sólo los grandes y notorios merecen atención.

E incluso cuando se realizan investigaciones, los involucrados posibles suelen mostrar un gran cinismo alegando su inocencia —a lo que debe añadirse la complejidad de redes que se hacen para ocultar esa corrupción.

No cabe duda, es un problema en sí mismo —pero embrollado por esa variedad de actitudes ante ella y las dificultades para demostrarla. ¿Cómo solucionarla? La más drástica de las medidas posibles es la más obvia: si lo que da ocasión a la corrupción es la complicación burocrática, esta debe desaparecer al mínimo. Se intenta así hacer desaparecer la oportunidad que la crea.

El fondo de esa solución es el punto que quiero enfatizar: el tamaño del gobierno está relacionado positivamente con las oportunidades de corrupción y esto se convierte en un buen argumento en favor de la mentalidad liberal que solicita gobiernos limitados. Desde luego es un argumento en contra del socialismo, que tiene como fundamento el aumento del tamaño de los gobiernos.

Un ejemplo hará comprender esto mejor. Son cifras de las compras que hace el gobierno mexicano, en millones de pesos (Grupo Reforma, 25 julio 2007).

• 2001: 228,301

• 2003: 342,703

• 2005: 413,835

• 2007: 470,000

Las oportunidades de corrupción serán mayores cada vez —no debe sorprender, por tanto, que la corrupción en el país se mantenga: la oportunidad que la crea existe y crece.

Termino señalando que, por obvias razones, el tamaño de gobierno no es la única de las variables que explican a la corrupción —pueden alegarse otras, como la educación carente de moral, las presiones para mantener empleos y hacer negocio. Son ciertas, pero eso no quita que el mismo tamaño del estado deba ser revisado.


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