Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Matar para Cuidar
Leonardo Girondella Mora
18 julio 2007
Sección: ECOLOGIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Suele escucharse con frecuencia el reclamo ambientalista que llama a controlar la acción humana de tal forma y manera que se revela una idea peligrosa —los humanos somos, de acuerdo con esa idea, una especie de virus que daña la tierra: es decir, para gozar de un buen planeta debemos desaparecer.

Es una mentalidad por demás curiosa en sí misma y por una razón adicional. La misma gente que apoya esa idea suele proponer otra cosa —la de dejar sin restricciones a la actividad sexual, cuyas consecuencias suelen ser las naturales, pero que ellos quieren evitar, por ejemplo, apoyando el aborto libre.

Y suelen decir que las personas somos libres, que el gobierno no debe meterse en nuestras vidas, lo que hacen al mismo tiempo que piden regulaciones que van hasta el tipo de luces que se usan en los hogares.

La posición, digo, es singular: para ayudar al medio ambiente el gobierno debe meterse en las vidas de las personas, incluso para no dejarles fumar en casa para cuidar la salud de los hijos, o para modificar el tipo de focos o bombillas que se usan —y hacen eso al mismo tiempo que proponen que el gobierno no se meta con la vida de las personas si se trata de matar bebés. Quieren cuidar el ambiente para bebés que no vivirán.

Son las consecuencias de querer por un lado mucha intervención estatal y por el otro lado, ninguna. Puede ser que sea una cuestión de reducción del pensamiento a la idea que afirma que tener hijos es una cosa mala para el ambiente del planeta —con un niño menos por familia se ayuda al medio ambiente de la misma manera que reciclando material.

Esa reducción del pensamiento es portentosa —los seres humanos deben ser vistos como microbios dañinos y pueden ser sacrificados en aras de la conservación del panda o de algún búho en peligro de extinción.

No es una intemperancia decir eso: los mismos que suelen escandalizarse por matar delfines apoyan el aborto. No es exageración. Sí se ha dicho que los humanos son agentes patógenos que dañan al planeta:

Humans are presently acting upon this body in the same manner as an invasive virus with the result that we are eroding the ecological immune system. A virus kills its host and that is exactly what we are doing with our planet’s life support system. We are killing our host the planet Earth. I was once severely criticized for describing human beings as being the “AIDS of the Earth.” I make no apologies for that statement. Our viral like behaviour can be terminal both to the present biosphere and ourselves….

Who should have children? Those who are responsible and completely dedicated to the responsibility which is actually a very small percentage of humans. Being a parent should be a career. Whereas some people are engineers, musicians, or lawyers, others with the desire and the skills can be fathers and mothers… This approach to parenting is radical but it is preferable to a system where everyone is expected to have children in order to keep the population of consumers up to keep the wheels of production moving…. Curing a body of cancer requires radical and invasive therapy, and therefore, curing the biosphere of the human virus will also require a radical and invasive approach

Las ideas tienen secuelas y la de pensar en las personas como virus patológicos invita a la acción lógica, el deshacerse de ellos —lo que evoca genocidios, selección de razas superiores y sus conexos, como esa pregunta de quién debe tener hijos, cuya respuesta sólo es posible dentro de un sistema como el de Un Mundo Feliz.

No es algo irreal: recuérdese la política demográfica china que favorece un hijo hombre y que puede ser violada por los chinos con ingresos altos que pueden pagar las multas.

Lo que deseo señalar una vez dicho lo anterior es la diferencia de visiones ante el ser humano —para unos los humanos son seres dañinos, negativos, que dañan y no tienen valor: son quizá inferiores a otros animales y sin duda pueden ser sacrificados en aras de un ambiente mejor para el planeta.

Una visión en verdad desilusionada y triste, que contrasta con la visión opuesta —no la del optimismo rebosante, sino la de considerar que los humanos son capaces de cosas buenas y, más aun, de corregir sus errores.

El último término puede ser que tenga que recurrirse a cuestiones de más fondo para explicar esas dos visiones del ser humano. Quien, por ejemplo, acepta que los seres humanos son creación divina tenderá a ser optimista, mucho más que quien crea que los humanos son una casualidad biológica.

Si las personas son un accidente de la naturaleza resultará muy aceptable el concluir que la naturaleza es superior a la persona y que puede ser sacrificada en beneficio de la madre tierra, o de la especie que esté de moda. Pero si las personas son obra y creación de de Dios, no puede justificarse ese sacrificio —el ser humano debe verse como sagrado y digno en sí mismo.

Lo interesante de discusiones como ésta es el destacar que realmente sí existen secuelas al olvido de la religión y que ella posee efectos que elevan la naturaleza humana —es eso de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios.

Puede esto provocar burlas, pero no pueden despreciarse sus consecuencias y que son tantas que llegan a permitir el sacrificio humano —al finall similar en esencia a quienes sacrificaban bebés en altares para calmar a sus dioses.


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