Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Matrimonios del Mismo Sexo
Leonardo Girondella Mora
7 marzo 2007
Sección: Sección: Análisis, SOCIEDAD
Catalogado en: , ,


Hace unos días fue reportado el primer matrimonio de personas del mismo sexo en Coahuila, México. Muchos meses antes, en julio de 2005, M. Vargas Llosa escribió una columna, titulada “El matrimonio gay” —la que quiero hacer un objeto de análisis en lo que sigue.

Soy un opositor al matrimonio de personas del mismo sexo y reconociéndolo, quiero examinar esa columna en la que su autor se declara en favor.

Procederé en el orden en el que Vargas Llosa presenta su argumentación y después de cada punto presentaré mis ideas y comentarios. Intentaré probar que el autor no ofrece justificación alguna a la defensa de su idea.

&&&&&

• La presentación de la columna inicia con, “Después de Holanda y Bélgica, España es el tercer país en el mundo que legaliza el matrimonio entre personas del mismo sexo, con todos los deberes y derechos incluidos, entre ellos el de poder adoptar niños”.

Y eso le da pie al establecimiento de su posición: “Es un extraordinario paso adelante en el campo de los derechos humanos y la cultura de la libertad que muestra, de manera espectacular, cuánto y qué rápido se ha modernizado esta sociedad donde, recordemos, hace unos cuantos siglos los homosexuales eran quemados en las plazas públicas…”.

Es decir, para el autor la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo es un gran adelanto. Lo es en el terreno de la libertad y de los derechos. Y ese adelanto es contrastado con situaciones anteriores, cuando el homosexualismo era reprobado de diversas y crueles maneras.

• Explica el adelanto que esa legalización significa estableciendo que, “es un acto de justicia que reconoce el derecho de los ciudadanos a elegir su opción sexual en ejercicio de su soberanía, sin ser discriminados ni disminuidos por ello, y que reconoce a las parejas homosexuales el mismo derecho de unirse y formar una familia y tener descendencia que las leyes reconocen a las parejas heterosexuales”.

El mecanismo de justificación del autor es simple: las personas tenemos frente a nosotros opciones y entre ellas podemos seleccionar —esa es la libertad precisamente, pero el razonamiento de Vargas Llosa hace un brinco injustificado.

Dice que el homosexualismo es una opción y que por eso debe ser enteramente reconocido de tal manera que no se discrimine contra los que ejercen esa opción. Cualquiera, siguiendo ese razonamiento, podría entonces justificar que todas las opciones de la libertad deberían ser legalizadas —todas sin excepción y sólo por ser opciones de conducta.

Voy al extremo para aclarar el punto —es obvio que el robar un banco es una opción de la libertad humana, como lo es también el escribir novelas y el entrar en un convento. Pero no todas las opciones son iguales ni merecen ser legalizadas.

Entre ellas hay diferencias notables y en eso falla su razonamiento ya que no responde el centro de la cuestión: la razón por la que esa opción de libertad sí merece legalización en oposición a, por ejemplo, la legalización del robo. No porque robo y homosexualismo sean iguales, sino porque se necesita saber el fundamento de su legalización más allá de ser una opción de libertad.

La adición de menciones de castigos al homosexual, como ser quemado en plazas públicas, no añade nada en favor de su argumento y sólo referencia tiempos en los que todas las penas eran castigadas salvajemente —si acaso adiciona emocionalidad a su argumentación, pero no pruebas en su favor.

&&&&&

• En la parte siguiente, el autor insiste en ese componente emocional. Dice que, “Aunque esta medida constituye un desagravio a una minoría sexual que a lo largo de la historia ha sido objeto de persecuciones y marginaciones de todo orden, obligando a quienes la conformaban a vivir poco menos que en la clandestinidad y en el permanente temor al descrédito y al escándalo, ella no bastará para cancelar de una vez por todas los prejuicios y falacias que demonizan al homosexual”.

La insistencia en el componente emocional no es prueba de la justificación del homosexualismo como una conducta legítima —cuando mucho establece la realidad de grupos que son excluidos de la normalidad social por esa razón.

Pero de nuevo, el razonamiento del autor hasta aquí es en extremo débil pues obviamente no todas las opciones de conducta deben ser legalizadas, incluso a pesar de que quienes las ejercen sean socialmente excluidos. Puede verse con pena esa discriminación, pero ella puede conducir al deseo de regeneración de los afectados y no necesariamente a la aceptación de su conducta.

Continúa la argumentación estableciendo que, “sin la menor duda, constituye un gran avance hacia la lenta, irreversible aceptación por el conjunto de la sociedad -por la gran mayoría, al menos- de la homosexualidad como una manifestación perfectamente natural y legítima de la diversidad humana”.

Nada de peso es adicionado. La homosexualidad sigue siendo considerada por el autor como una manifestación de la decisión de quien lo ejerce, pero eso no prueba nada como dije al principio. El autor califica a esa opción de conducta como “natural y legítima” pero lo hace sin ofrecer justificación.

&&&&&

• Después, el autor acude a quienes aprueban la legalización de los matrimonios de personas del mismo sexo. Dice que, “todas las encuestas son inequívocas: casi las dos terceras partes de los españoles aprueban el matrimonio gay, y, aunque esta aprobación disminuye algo en las adopciones de niños por las parejas homosexuales, también este aspecto de la ley es convalidada por una mayoría”.

Este es el primer argumento que ofrece a favor de esa legalización, si bien es uno muy débil. El fondo de la justificación de esos matrimonios es la opinión pública —la mayoría lo aprueba y eso es indicación, dice, de una bienvenida cultura liberal.

Pero esa dispensa del homosexualismo es en extremo volátil y mandaría al autor a desaprobar el homosexualismo cuando sea la minoría la que lo apruebe —e incluso le obligará a establecer el porcentaje exacto de personas que debe tener una medida para ser aprobada, igual que en las elecciones de gobernantes.

Vargas Llosa decepciona en este punto —como buen lector de Popper, me supongo que apruebe la idea de que ciertas cosas no están sujetas a votación y que los votos de las personas no son la mejor forma de seleccionar a gobernantes de calidad. Lo son menos, tal vez, para elegir la legalización de opciones de libertad.

• Continúa diciendo que, “Los argumentos contra el matrimonio gay no resisten el menor análisis racional y se deshacen como telarañas cuando se los examina de cerca”. Lo que he demostrado hasta aquí es que su defensa del matrimonio homosexual no resiste análisis —ninguna prueba ha ofrecido el autor a favor de su tesis, excepto la de encuestas de opinión, una herramienta de imposible aceptación en los terrenos de especulación moral.

Dice que uno de los argumentos más usados para reprobar al matrimonio homosexual es “… el de que, con esta medida, se da un golpe de muerte a la familia. ¿Por qué? ¿De qué manera? ¿No podrán seguir casándose y teniendo hijos todas las parejas heterosexuales que quieran hacerlo? ¿Alguien, con motivo de esta nueva ley, va a forzar a alguien a no casarse o a casarse de manera distinta de la tradicional?”

La argumentación no se sostiene y es lateral —no se está hablando de la deslegalización del matrimonio heterosexual, que no es el punto. Pero sí lo es el efecto que tiene en la sociedad entera la aceptación abierta de una conducta que es considerada indeseable éticamente.

Su defensa de la legalización continua diciendo que “al permitir a las parejas gay contraer matrimonio y adoptar niños, va a inyectar una nueva vitalidad a una institución, la familia, que -¿alguien no lo ha advertido todavía?- padece desde hace ya un buen tiempo una profunda crisis en la sociedad occidental, al extremo de que, contabilizando el número de divorcios, que crece cada año, y la multiplicación de parejas de hecho que rehúsan resueltamente pasar por el altar o por el registro civil, hay quienes le auguran una obsolescencia irremediable”.

Entonces, según Vargas Llosa, el matrimonio homosexual será un incentivo positivo a la familia tradicional, la que lo necesita porque atraviesa por una crisis —la de muchos divorcios y uniones no registradas.

Creo que todos estarían de acuerdo en la realidad de una crisis familiar, pero que ella sea resuelta por medio de matrimonios homosexuales requiere de un mecanismo de explicación —fácilmente podría argumentarse lo opuesto, que la crisis de la familia es provocada por la exaltación de conductas inmorales, una de ellas el homosexualismo.

Mantiene el autor su especulación anterior al afirmar que “La paradoja es que, probablemente, sólo entre los homosexuales, que, como todas las minorías perseguidas desean ardientemente salir del gueto en que la sociedad los ha confinado, despierta la familia esa ilusión y ese respeto que en un número muy grande de heterosexuales, sobre todo entre los jóvenes, parece haber perdido. Por eso, no hay ninguna ironía en decir -yo lo creo firmemente- que es muy posible que, dentro de veinte o treinta años, las familias más estables las descubran las estadísticas entre los matrimonios gay”.

Especulación, mera especulación —se necesita más que eso para justificar la legalización del matrimonio homosexual. Las opiniones son respetables, pero el respeto no lleva ninguna aprobación implícita, sino sólo la necesidad de buenas maneras al argumentar en contra. Con facilidad alguna otra persona podría proyectar lo opuesto basado en, por ejemplo, la imposibilidad de creación de niños de los homosexuales, lo que les facilitaría la separación frecuente.

&&&&&

• Sigue la justificación ofrecida por Vargas Llosa diciendo que es un prejuicio el sostener que “… los niños adoptados por parejas homosexuales sufrirán y tendrán una formación deficiente y anómala, ya que un niño para ser “normal” necesita un padre y una madre, no dos padres o dos madres. A esta afirmación dogmática y sin el menor sustento psicológico ha respondido Edurne Uriarte de manera inmejorable: un niño lo que necesita es amor, no abstracciones”.

No es tampoco esta una prueba sólida. Lo que dice Uriarte en cuanto a la necesidad de amor de los infantes no puede transformarse en prueba de sostén para el homosexualismo. Lo que se argumenta defendiendo a la familia de padre y madre está sostenido por una tradición de siglos y universal, que es precisamente el punto que el autor debe atacar —y no la necesidad de amor, que es un argumento lateral.

A continuación asegura que “padecen de una ceguera contumaz quienes no se han enterado de que, entre las parejas heterosexuales, cada día se descubren casos atroces de violencias ejercidas contra los niños, y, entre ellas, sinnúmero de abusos sexuales. Que los padres sean hetero u homosexuales no presupone de por sí nada; cada pareja es única y puede ser admirable o tiránica, amorosa o cruel en lo que concierne a la educación de sus hijos. Y también en este campo cabe suponer que entre quienes han luchado tanto por poder adoptar niños, ahora que lo han adquirido, asumirán este derecho con ilusión y responsabilidad”.

El argumento en cuestión es simple: hay abusos de infantes en matrimonios heterosexuales, lo que es cierto —pero ello no puede presuponerse como causa de esos abusos. Es decir, la aseveración está de sobra, lo que el autor acepta al decir que cada matrimonio es único, a lo que agrega otra especulación, la de que los matrimonios de personas del mismo sexo querrán más a sus hijos adoptados que el resto —lo que sólo podría probarse empíricamente y comparando contra parejas heterosexuales que adopten.

&&&&&

• Ahora la defensa del autor es más explícita. Dice que, “En verdad, detrás de todos estos argumentos no hay razones, sino prejuicios inveterados, una repugnancia instintiva hacia quienes practican el amor de una manera que siglos de ignorancia, estupidez, oscurantismo dogmático y retorcidos fantasmas del inconsciente, han satanizado llamándolo anormal”.

Ya que sólo se trata de calificativos, poco o nada es digno de analizar —se trata sólo de una apelación al modernismo, lo que sea que ello signifique.

La defensa genérica continua diciendo que, “En verdad, la ciencia -la biología, la antropología, la psicología, la historia, sobre todo- ha puesto las cosas en su sitio ya hace tiempo y ha establecido que hablar de anormalidad en el dominio de la vocación sexual de los seres humanos es riesgoso y alienante”.

El autor se refiere a las ciencias descriptivas, pero ignora a las prescriptivas las que sí son el terreno adecuado para dirimir estas cuestiones. Esas ciencias descriptivas no estudian valores y difícilmente pueden ser usadas en otros terrenos que los de su especialidad.

La argumentación sigue, ahora con el establecimiento de que. “Salvo casos extremos, que entrañan criminalidad, y que de ninguna manera se pueden identificar con una opción sexual específica, en el universo del sexo hay variedades, una constelación de vocaciones y predisposiciones de las que de ninguna manera da cuenta cabal la demarcación entre heterosexualidad y homosexualidad, pues se refracta y multiplica en el seno de cada una de estas grandes opciones, como ocurre en tantos otros campos de la personalidad individual: las aptitudes, las preferencias, los gustos, las incompatibilidades, las facultades físicas e intelectuales, etcétera”.

La defensa del matrimonio homosexual es ahora la de que se trata de una opción entre una variedad de ellas —que hay muchas predisposiciones y diferencias en preferencias, gustos y facultades.

El argumento no tiene consistencia ya que lógicamente una opción de conducta no puede legitimarse por el hecho mismo de ser una opción. Es un razonamiento circular invalido que de aplicarse a otras opciones humanas podría justificar el robo, pues se trata también de una opción con enormes variedades.

&&&&&

• Sigue ahora el autor mencionando que la ley en España ha sido emitida por un gobierno socialista a pesar de tratarse, dice, de una medida liberal y “nada socialista”. Más aún, “El socialismo ha sido a lo largo de toda su historia, en materia sexual, tan puritano y prejuicioso como la Iglesia Católica”.

Se trata de un cambio de dimensión el que hace, me parece, errando en la selección. Habla de liberalismo-socialismo, cuando en realidad de trata de conservadurismo-progresismo, como bien lo muestran los adjetivos que usa: “[Si del gobierno español] hubiera dependido, la gazmoñería y la pudibundez hubieran dictado la norma aceptable en materia de costumbres sexuales y ésta se hubiera impuesto a la sociedad por la fuerza”.

No, no se hubiera impuesto, se hubiera mantenido el no reconocimiento del matrimonio de personas del mismo sexo.

• Continúa mencionando casos de persecución en el régimen nazi y en el comunista contrastándolos con las sociedades democráticas en las que se han ganado “las primeras batallas contra la discriminación de los gay y donde poco a poco se les ha ido reconociendo tal cual son: seres humanos normales y corrientes cuya opción sexual debe ser aceptada y reconocida como perfectamente legítima por el conjunto de la sociedad”.

Así resume Vargas Llosa su posición: el homosexualismo es perfectamente legítimo y debe ser aceptado y reconocido, a tal punto que la ley debe aceptar matrimonios de ese tipo equivalentes a los del matrimonio heterosexual.

Desafortunadamente no ha ofrecido ninguna prueba aceptable para aceptar su propuesta —se ha limitado a decir que es una opción y que por el hecho de serlo debe ser aceptada. Decir eso o nada es lo mismo.


ContraPeso.info es un servicio con antecedentes desde 1995, que funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.



4 Comentarios en “Matrimonios del Mismo Sexo”
  1. Travis Berkley Dijo:

    … quien pretende contradecir a la citada columna del RECONOCIDO Mario Vargas Llosa, carecen tanto de sustento y justificación ni tampoco prueban que el matrimonio homosexual sea “éticamente indeseable”. La ética es un código de valores establecidos por primera vez desde la Grecia Antigua, que han ido cambiando… Ese sistema de valores no miente ni desmiente científicamente nada… no es ni natural ni antinatural, sólo pretende regular la conducta humana… Las códigos éticos y morales no son absolutos. A nombre de la ética se han cometido crímes horrosos de toda índole. NOTA DEL EDITOR: una admirable colección de clisés

  2. silvia Dijo:

    quisiera que me ayudes por la justificacion de la existencia del matrimonio

  3. yesica Dijo:

    el q los gay adopten niños es muy malo ya q los niños esperan tener una familia de un papa y mama .
    los niños no van a diferenciar quien es el papa o la mama y no seria algo muy sano para los niños

  4. FRANCISCO Dijo:

    No me aparto de los matrimonios del mismo sexo pero se quedaron sin sesos al permitir que los niños sean adoptados por estas personas yo creo que estas personas que aprobaron esta ley hubieran querido que sus paredes hubieran sido uno de matrimonios. Pobres niños que van a ser adoptados, yo creo que muchos se van a matar cuando se den cuenta quienes son sus padres.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras