Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Medios: Quejas de Siempre
Leonardo Girondella Mora
22 enero 2007
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


En la superficie lo que se ve es una continua lista de quejas acerca de los medios noticiosos —que son escandalosos, que editorializan, que tienen preferencias políticas, que trivializan la información, que no son objetivos y otras más en una lista que tiene años y quizá siglos de existir.

Tocqueville a mediados del siglo 19 escribió sosteniendo que los medios son inquietos, ruidosos y propensos a la imperfección, pero que ésa es su naturaleza.

Añadió que no había término medio —si se quería libertad de expresión no había más remedio que soportar sus defectos, pues no existe la posibilidad de esa posición media. La libertad de expresión en un mundo imperfecto por naturaleza tiene un precio.

Debemos soportar la existencia de medios a los que Thomas Jefferson llamó pútridos y malignos. No hay remedio al parecer —la libertad de la que tanto se vanagloria la sociedad libre tiene sus enormes defectos y desventajas.

Peter Kann, presidente de Dow Jones, escribió en diciembre pasado (WSJ) una abreve columna con este mismo tema, el poder de la prensa, argumentando que ella tiene fallas por corregir —de acuerdo, pero debe recordarse que todo en este mundo tiene fallas, todo, y que a pesar de eso es una ambición humana el corregir y aliviarlas.

Si los medios son imperfectos, las personas lo saben y por eso tienen deberes naturales —que quizá puedan ser resumidos en una actitud de escepticismo sano en cada una de las noticias que reciben. No es otra cosa que pasar la información por un filtro de sentido común. Algo como una prueba de racionalidad de la información y que en parte obliga a diversificar las fuentes de información: un gran error de la persona será el tener una sola fuente de información.

Por eso la columna de Kann es provechosa. Él la escribió para corregir defectos de los medios —yo quiero usarla para otro propósito, para prevenir al lector, al televidente y al radioescucha de las fallas a las que está expuesto.

No hay distinción entre el periodismo y el entretenimiento.

Kann se refiere, por ejemplo, a casos en los que existen celebridades de medios informativos que también son conferencistas invitados y bien pagados a convenciones de empresas. Por mi parte, entiendo esto más allá —es la conversión de la noticia en espectáculo, especialmente visual, en una transformación de contenidos que desdeña las ideas y las reemplaza con imágenes, sean videos o fotografías.

El reportar una noticia contiene un enorme monto de explicación del suceso reportado —dónde, cuándo, quién, qué y todo lo que permita recrear en la mente del lector lo que sucedió en sus rasgos principales. La foto de un instante o el video de unos segundos jamás representarán al suceso enteramente, pero son en extremo atractivos.

Hablo de robar la atención con, por ejemplo, los videos de cadáveres de personas muertas en un ataque aéreo: toda la atención se coloca en las dramáticas imágenes sin que exista explicación del suceso. La consecuencia en un lector ingenuo será la de indignación ante el hecho. Pero estar indignado no es igual a estar informado —y el lector refinado busca datos no impresiones momentáneas.

No hay distinción entre noticias y opinión.

El mejor medio en este sentido es el periódico, cuyo formato distingue esas dos funciones informativas —lo que no sucede, dice Kann, en la tradición de revistas, televisión, e Internet. Yo añadiría al radio también, un medio en el que en México al menos muchos programas noticiosos sencillamente no hacen la diferenciación —la editorialización es inherente al reporte de la noticia. La consecuencia en un escucha ingenuo es la pérdida del otro lado de la historia y por eso es deformado, no informado.

Sé que es común que las personas tiendan a preferir los medios con los que sus opiniones concuerdan —un socialista, por ejemplo, preferirá en México leer la Jornada y un conservador o un liberal, lo evitarán. Sin embargo, y a pesar de eso, es parte de las obligaciones esperadas de los medios el separar los comentarios de los reportajes y notas. El lector avispado sabe esto y tiene la habilidad de hacer la distinción.

La mezcla de noticias con patrocinios y actividades comerciales.

El punto de Kann aquí es el de la confianza en la información. Es válido enfatizar otra distinción que debe hacerse cuando, por ejemplo, un reportaje que tiene la apariencia de ser noticia es en realidad el logro de una acción de relaciones públicas de alguna institución. El punto es de fondo, más de lo que se piensa comúnmente.

Los ingresos publicitarios de los medios, vitales para su existencia, sobre todo en canales gratuitos de televisión y radio, presentan el dilema obvio: reportar o no la noticia mala de uno de los patrocinadores principales —o el de una de las empresas pertenecientes a la misma corporación, o relacionado con uno de los miembros del consejo.

O aún peor, la posibilidad de que un medio informativo use sus transmisiones en beneficio de la corporación a la que pertenece —una posibilidad que se ha presentado en México con motivo de la autorización de una tercera cadena televisiva abierta. El lector ingenuo estará inclinado a irse del lado de lo que el medio le ha dicho y el lector avispado pondrá esas noticias en la charola de lo sospechoso. Concentrarse en un sólo medio no es igual a estar informado.

• La actividad en masa de los medios tras escándalos y debilidades.

Si se toman a los reporteros uno por uno, ellos son buenos tipos, como cualquier persona —pero los medios actuando en masa, dice Kann, actúan como perros en busca de presas persiguiendo señales de debilidad y posibles escándalos. No me había percatado tanto de este hecho como Kann —pero tiene razón, especialmente en lo que se refiere a la búsqueda desesperada de escándalos posibles. Algo que atraiga la atención potencial de más personas al medio.

Desde luego esto tiene una consecuencia, que es la fabricación de noticias —o quizá mejor dicho, la magnificación de eventos, por la que un evento sin importancia es elevado al asunto del día. Cuando el presidente Fox dijo “Borgues” en lugar de “Borges” refiriéndose al escritor argentino, eso ocupó un espacio que fue negado a otros eventos de mayor importancia —y puso a los medios en caza de otros errores similares.

El lector ingenuo volverá a eso un tema de conversación. El avispado lo sabrá y pasará de inmediato a otros sucesos. Estar al pendiente del último escándalo y mañana pasar al siguiente no es igual a estar informado.

• La polarización de posiciones.

Las personas son menos extremas en los asuntos reportados por los medios —pero ellos toman esos asuntos y resaltan a los grupos extremos en ellas, descuidando a quienes están en medio. Estoy de acuerdo con Kann —en mi propia experiencia tengo serios problemas con los encabezados de periódicos con verbos agresivos como “exigen”, “demandan”, “rechazan” que dan tonos violentos a lo que pueden ser peticiones y solicitudes de mucho más tranquilo ánimo.

La pintura que de la sociedad hacen los medios tiende a brindar una visión de extremos —una de grupos opuestos en lucha inevitable. No necesariamente es cierto. Seguramente la mayoría de las personas tienen posiciones menos radicales que las reportadas, pero son los grupos extremos los que proveen las noticias más llamativas, o los que crean eventos más atrevidos y pintorescos, como las protestas de grupos que por su originalidad son fotografiadas y difundidas aunque sólo sean unos pocos individuos.

El lector ingenuo será impresionado por este tipo de reportes extremos, pero estar impresionado no es igual a estar informado.

Los medios son pesimistas.

Kann habla de ser exageradamente pesimistas —son las generalizaciones sin sentido y que creo que descuidan la exploración de las posiciones opuestas. Es el énfasis exagerado que pienso que da el medio a las situaciones negativas que se presentan —como una especie de filtro que pone de lado los logros y saca a la superficie el problema. Ya no es digno de reportarse que los sistemas de seguridad de los coches hayan salvado tantas vidas, sino que la falla de uno de esos sitemas haya ocasionado una o dos muertes.

En el caso de los gobiernos esto se hace patente: como si un gobierno no pudiera tener logros, los medios se encargan de la crítica a veces atroz de esa institución y otras más, lo que termina por crear desconfianza en el ciudadano, quien siendo ingenuo creerá que ya nada hay en quien pueda creerse.

El lector avispado es capaz de leer entre líneas y hacer de lado esas ganas de enfatizar lo negativo. El pesimismo enfatiza las teorías apocalípticas de grandes epidemias y catástrofes. Estar alarmado no es igual estar informado.

• La fascinación con lo extraño y fuera de la normalidad.

Se trata de la difusión de lo vulgar, perverso y enfermo —y que de esa manera logra ser algo ya no tan bizarro, sino hasta permitido. Dice Kann que no trata él de establecer moralidad al respecto, sino de distinguir entre lo que es noticia y lo que no lo es. Son los casos de perversiones humanas y conductas extrañas que reciben atención mediática sin que sean propiamente un evento que aporte información relevante. Estar al tanto de los sucesos desviados no es igual a estar informado.

• El respeto insensato a lo políticamente correcto.

Se trata de tomar ciertos mitos y mantenerlos inherentes en sus reportajes —como la santidad de todos los ecologistas y la codicia de todos los empresarios. Me parece que en esto pueden englobarse las explicaciones de cajón que tienen algunos reporteros. Por ejemplo, algunos reportajes sobre la economía presuponen que las ganancias son ilegítimas o excesivas —los precios altos de algunas medicinas se han interpretado como grandes utilidades sin siquiera mencionar a los estados financieros de los laboratorios.

El caso del calentamiento global es otra instancia de una creencia que ha impedido realizar lo que sería natural en un reportero —el investigar el otro lado de la historia y reportar lo dicho por quienes no creen que ese fenómeno se esté dando. Tener sólo el lado políticamente correcto de la noticia no igual a estar informado.

• Los medios son poderosos.

Y yo añadiría que si no lo son tanto, actúan como si lo fueran sintiéndose superiores a otras instituciones —la humildad no es uno de los rasgos de los medios, con lo que regreso a Toqueville y una de sus ideas. Dice que la prensa es poderosa, pero que ese poder se doma cuando existen varios medios y no unos pocos —la multiplicidad de los medios es una de las divisiones del poder, no diferente a la que se da en los gobiernos democráticos.

Se ha dicho que los gobernantes responden a motivaciones personales —no veo por qué eso no suceda con los medios. Sin duda también tienen intereses, preferencias, gustos y tentaciones. Se dejarán guiar por ellas.

He escuchado con frecuencia que la mayor parte de la gente de medios informativos en los EEUU vota consistentemente por el partido demócrata y no sería sorpresa alguna que esas preferencias partidistas les lleven a ver las cosas tendiendo a desfavorecer a los republicanos. Si actúan en manada, pueden cambiar algo de la opinión pública en favor de sus preferidos.

El lector avispado conocerá esa tendencia de los medios y tenderá a tener juicios personales —el lector ingenuo se dejará afectar por el poder de los que más gritan porque quizá no esté habituado a escuchar puntos divergentes. Escuchar un sólo lado de la historia no es igual a estar informado.


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