Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Migración Global
Selección de ContraPeso.info
21 noviembre 2007
Sección: Sección: Análisis, SOCIEDAD
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ContraPeso.info presenta a sus lectores una idea de Alejandro A. Chafuen. Agradecemos a HACER el amable permiso de publicación.

Alejandro A. Chafuen es presidente de la Atlas Economic Research Foundation y chairman del directorio del Hispanic American Center for Economic Research (HACER) de Washington DC.

Esta es su conferencia magistral presentada durante la reunión del Comité Ejecutivo de la Liberal Internacional, el 29 de abril de 2007, en Cancún, México. La gran contribución de Chafuen es elevar el nivel de la discusión sobre los emigrantes, especialmente haciendo aportaciones sobre el lenguaje correcto que debe usarse y las sutilezas de los argumentos en pro y contra.

Algo que acompaña a todo inmigrante es el estar dispuesto a afrontar riesgos y a buscar lo novedoso. En su nuevo libro en defensa del liberalismo, Deepak Lal, basándose en el trabajo de Peter Whybrow, director del instituto de Neuropsiquiatría de la Universidad de California en Los Ángeles, UCLA, muestra como desde el comienzo de la raza humana, solo unos “pocos miembros de nuestra especie dejó su cuna ancestral en las sabanas de África y comenzaron ese largo peregrinaje hacia los confines de la tierra que permitieron al homo sapiens colonizar el mundo”.

Al parecer, los estudios muestran que estos emigrantes, dispuestos a afrontar riesgos, tienen una composición genética similar. Los genetistas Luigi Luca Cavali-Sforza, de Stanford University, y Chauseng Cheng, de la Universidad de California en Irvine, encontraron resultados similares. Los individuos que tienden a emigrar tienen un porcentaje mayor del D4-7 mientras que los que se quedan en casa tienen un porcentaje mayor del gen D4-4.

No es que yo crea que los genes determinan necesariamente nuestra actuación, pero sí que influyen fuertemente. Pero como es difícil y casi imposible modificar nuestra composición genética, y tampoco es mi especialidad, me enfocaré en unos pocos temas clave de políticas públicas donde si tenemos más libertad de acción y tengo un poco más de experiencia.

Soy un producto de la inmigración global

Soy fruto y parte de la migración global que tuvo un empujón a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Durante ese periodo se dio un incremento migratorio mayor o similar a lo que está ocurriendo en estos momentos. Aunque los que me dieron mi apellido “Chafuen”, medio raro y de orígenes oscuros, llegaron a comienzos del siglo XIX a Argentina, el resto de mis abuelos y bisabuelos vinieron de Escocia, Alemania, e Italia. Tres de cuatro hermanos emigramos fuera de Argentina. Mis hijos tienen además sangre Sueca e irlandesa. Me imagino que muchos de ustedes podrán contar historias similares.

Como vamos a estar hablando de algo que vivimos en forma muy distinta, y que cada uno de ustedes, lectores bien informados, debería saber más que yo de la situación migratoria de su propio país, trataré de tocar unos pocos puntos comunes que pienso que son de utilidad para las carreras políticas de los liberales y para aportar soluciones al tema.

Algunos señalan que un experto es un tonto fuera de su casa, a fool away from home. Quizá confirmo la regla, no soy un experto del tema migratorio, pero lo que voy a recomendar estará basado en mis conocimientos de economía y de filosofía moral. Como he trabajado en casi 40 países a través de mi fundación, estoy en contacto frecuente con líderes y estudiosos de enorme cantidad de naciones.

Hasta hace unos pocos días, en una reunión que organizamos con representantes de más de 50 países, pude hablar con muchos de ellos acerca de cómo ven el tema de la inmigración desde su región. Los puntos que elegí están basados en esas conversaciones.

Otro elemento que me ayuda a poner estos temas en perspectiva, es que recibo material casi diario de las dos organizaciones que más trabajan el tema migratorio (más que nada como “do-tanks”) en Estados Unidos. Pero éstas están a las antípodas del debate. Una es el Minuteman Civil Defense Corporation, de Chris Simcox, con sedes en Houston y Scottsdale, Arizona. Una de las consignas preferidas de esta organización es “Inmigración sí, ¡colonización extranjera No!”.  Los minuteman tratan de conseguir apoyo privada para construir muros y cercos en la frontera y ayudar a detectar a inmigrantes “ilegales”.

La otra es el Instituto de Mexicanos en el Exterior, el IME, de la que soy uno de los consejeros, y uno de los poquísimos liberales en la misma. El IME, trata de defender los “derechos” de los inmigrantes, legales o no, pero rara vez, o nunca, le he visto hacer un esfuerzo para ayudar a que los inmigrantes se asimilen a la cultura de Estados Unidos.

Ambas organizaciones dicen estar a favor de la inmigración, pero sus posturas y estilo de trabajo no podrían ser más distintos. Espero que los puntos que mencionaré aquí en más hayan puesto en buen uso mi experiencia.

La creación y la libertad son para todos

Al abordar el tema del ser humano y su relación con la creación, con el mundo material, grandes tradiciones de pensamiento en el mundo occidental, señalaron que todo lo creado por Dios es para beneficio de toda la raza humana. No solo los teólogos cristianos enfatizaron este punto sino también autores claves en la historia del liberalismo, como John Locke, escribieron lo mismo.

Esa libertad de poder ir de un país a otro, que nos parece natural a los liberales, está basada justamente, en el reconocimiento, en nuestro fuero íntimo, de que hay mucho de verdad en la concepción que nos pone a todos los seres humanos con ciertos derechos a disfrutar de el mismo planeta. El ser parte de la misma sociedad humana nos da ciertos derechos a parte de toda esta Tierra.

A todos los liberales nos parece natural que los perseguidos por sus ideas por regímenes totalitarios; los oprimidos por condiciones económicas paupérrimas; por los que quieren unir sus familias desperdigadas por el mundo; puedan mudarse de país. La mayoría de nosotros reconoce la importancia de las libertades de movimiento a través de la frontera, incluso cuando no existen situaciones dramáticas que la requieran.

La enorme mayoría de los que vivimos en el continente americano somos fruto de la inmigración o hemos sido tocados por la misma en el fuero de nuestras familias. Los que hemos disfrutado de este derecho, en general, estamos más dispuestos que otros a reconocer el mismo derecho de otros. Pero son muchos los casos, y las encuestas suelen mostrarlo, en que aquellos que han esperado y pagado los costos de la migración legal, se oponen también a la inmigración ilegal.

El dispar impacto de la inmigración

Pese a que en este período de creciente globalización todos parecen afectados en cierta manera, el desafío de la inmigración es muy dispar. En el mundo desarrollado, casi el 9% de la fuerza laboral está compuesta por inmigrantes. En el mundo subdesarrollado los inmigrantes representan entre el 1 y 2%. Es importante para ustedes, líderes liberales con presencia internacional, saber de algunas de estas diferencias, para poder hablar con más seriedad del mismo dentro y fuera de su país.

  • En algunas pequeñas naciones, y ciudades-países, esta inmigración llega a cifras muy altas. Los dos que lideran los índices de libertad económica, Hong Kong y Singapur, tienen alrededor de 40% y 33% respectivamente, de inmigrantes. En Macao, esta proporción llega al 66%.
  • En países del medio oriente y en Arabia, las cifras son muy dispares. La proporción de inmigrantes llega casi a tres cuartas partes de la población de los Emiratos Árabes, pero a menos del 3% en Turquía. Israel, Kuwait, y otros países, también tienen gran porcentaje de inmigrantes.
  • En Europa, el promedio es cercano al 8%. De los países tradicionales, Rusia, Alemania y Francia, son los que más inmigrantes tienen, con alrededor del 10%. Como curiosidad, tenemos al Vaticano con 100% y a Albania, con 0.4% en los extremos. Italia, Portugal y España tienen porcentajes cercanos al 3%, casi un tercio del promedio Europeo.
  • En Latinoamérica, la inmigración es un fenómeno menos relevante que en otros continentes. El atraso creado por el populismo ha convertido a muchos de estos países en expulsores de población. En Centro y Sudamérica, el promedio de trabajadores inmigrantes es cercano al 1%. En los países de MERCOSUR el porcentaje es un poco más elevado, 3%, y similar a algunos países de la Europa Latina.
  • Comparemos esto con mi país, Estados Unidos, donde cerca del 13% de los trabajadores son inmigrantes, y otros países de ascendencia anglo-sajona, como Australia y Nueva Zelanda con 20%.
  • De los aquí presentes, en la reunión de la Internacional Liberal de 2007, nuestros amigos de Andorra están a la cabeza, con 80% y los de Haití en la cola con 0.3% (seguidos de cerca por Túnez y Rumania con 0.4%).

Inmigración y remesas

El fenómeno de las remesas es en cierta forma paralelo al fenómeno de la inmigración. Caeteris paribus, cuanto mayor es la diferencia de ingresos entre el país de origen y el país de destino, mayor es el porcentaje de personas que envían remesas. Muchos de ustedes pertenecen a países que están viviendo esta situación y es imposible negar su tremendo impacto tanto en el campo económico y político, como en el cultural.

Cuanto mayor es el porcentaje de remesas, mayor es la posibilidad de acercamiento entre los países en cuestión. Si realizan una correlación entre las remesas y las opiniones favorables que los pueblos latinoamericanos tienen sobre mi país Estados Unidos, tal como lo mide Latinobarómetro, verán una correlación bastante fuerte entre la recepción de remesas y la opinión favorable.

Mayor también es la dependencia económica en los pueblos de estos países de origen. Cada vez vemos más países donde la población recibe más remesas que inversión extranjera.

Es más fácil medir estas cifras que algunos de los efectos sociales de esta inmigración y las remesas. Cuando el inmigrante es el jefe de familia, su ausencia a veces causa estragos en la familia. Otro efecto, consistente con lo que aprendimos en economía, es que los que reciben estas remesas tienen menos incentivo para encontrar trabajo. No tengo estudios comparativos de países, pero allí donde pude estudiar datos, como en El Salvador, los mismos muestran una tasa de desempleo mayor en los que reciben remesas.

Abordando el tema con el lenguaje adecuado

Otro punto que creo que es importantísimo para los políticos liberales, es el de elegir el lenguaje verbal y no verbal adecuado, al hablar del tema inmigratorio. En otras oportunidades he hablado y escrito del impacto negativo que significo para el liberalismo pasar del paradigma del personalismo al paradigma del individualismo.

El concepto de individuo, es mucho más limitado que el de persona. La persona humana, es un individuo, pero es un ser individual, creado, con sentido social, y espíritu. El gran salto en la civilización humana se da durante el comienzo del siglo XIX, cuando los liberales compartían esa misma antropología. El lenguaje del individualismo es muy limitado, pero es el más utilizado por economistas, que han reemplazado a los filósofos morales, como Adam Smith, en las posiciones de liderazgo del liberalismo.

Son muchos los que tienen la tendencia a analizar el tema de la inmigración con lenguajes limitados. Unos lo abordan desde un punto puramente economicista, otros desde el punto de vista emocional, y otros desde un punto de vista casi Hegeliano, del “espíritu de la nación”.

Para explicar el economicismo, suelo usar un intercambio que tuve con John Baden, uno de los grandes expertos del ecologismo de mercado. Durante una reunión de la Sociedad Filadelfia, una sociedad que nuclea a liberales y conservadores, durante una sesión que tocaba el tema ecológico, le comenté a Baden en público que al menos que la comunidad tenga una idea clara entre la diferencia radical que existe entre los seres humanos y el resto de la creación, una solución puramente económica, no nos permitirá ganar el debate ecológico.

Si por ejemplo eliminamos los subsidios al agro en la comunidad europea, seguramente veremos menos plantaciones, menos vacas en las colinas europeas y más bosques. Pero por el otro lado, la frontera agrícola se ampliará en Brasil, y se cortarán árboles, y se matarán monos. Si un mono tiene más derechos que un bebe negro (o blanco) en vientre materno, es difícil ver cómo argumentos económicos, que predominan en el ambiento liberal, nos permitirán ganar debates.

Si uno rompe un huevo de águila en Estados Unidos, le recordé, uno recibe una multa de $5,000.00 y un tiempo de cárcel. En cambio, si uno trata de matar un bebe de ocho meses en vientre materno, uno va preso sólo si no lo mata bien. Mi objetivo no era hablar del tema del derecho a la vida, tampoco lo es ahora. Pero Baden me contestó: “como tenemos mucha más gente que huevos de águila, el valor marginal de los huevos es mayor que el de los bebes en vientres maternos. . .”

Se imaginan que su respuesta recibió muchas críticas, incluso de sus amigos. Esa misma postura, en el tema migratorio, podría llevar a respuestas como la de “como tenemos ya tantos mexicanos, el valor de estos últimos que llegan es muy bajo, y podemos por lo tanto discriminar contra ellos”. Es importante para ustedes, salir del lenguaje puramente económico al abordar éste y otros temas. Las personas son mucho más importantes, que los monos, los árboles, y los capitales.

Legal y formal, ilegal e informal

Por otro lado, en ciertos casos, avances en el lenguaje económico, puede llegar a servirnos. Como he estado utilizando la palabra “legal” este puede ser buen momento para sugerir algo que no escuché a otros liberales recomendar.

La mayoría de los aquí presentes están familiarizados con la distinción, hecha famosa por los estudios de Hernando de Soto, Enrique Ghersi y Mario Gibellini acerca de la diferencia entre la ilegalidad y la informalidad. En el comercio y la producción, cuando una persona realiza la actividad fuera del marco regulatorio por razones de sus altos costos o por la injusticia de los mismos, utilizamos el término de “informal” más que “ilegal”.

Aquellos que llegan a otro país en busca de un futuro mejor, dispuestos a respetar sus leyes justas, sin buscar vivir de los demás, y a hacer los sacrificios necesarios para adaptarse, no violan, a mi juicio, ninguna ley natural. Para hablar de ellos, sugiero que hablemos de inmigrantes informales.

Considero, sin embargo, que existen restricciones a la inmigración conformes con la ley natural. Más adelante, durante mi charla, abordaré con un poco más de profundidad, algunas estas razones, como el proteger a la ciudadanía de amenazas a la seguridad de la personas y de sus bienes. A los que llegan a un país violando leyes justas, creo que corresponde llamarlos “ilegales”.

Existe una gran tradición en el pensamiento occidental, con San Agustín como su principal exponente, que señala que las leyes injustas, ni siquiera son leyes. Para ser justas, las leyes tienen que cumplir ciertos requisitos esenciales. No tienen que ser perfectas, pero tienen que ser, entre otras cosas: promulgadas por autoridades legítimas, estar basadas en el respeto de la dignidad de la persona humana, ser beneficiosas para la comunidad, y guardar cierta proporción con el objetivo buscado.

Debido a que no es siempre fácil determinar que es lo justo, en muchos casos de duda, los moralistas legales sugieren respetar las leyes por razones de prudencia, más que por razones de justicia.

Como considero que muchas de las trabas a la inmigración están basadas en discriminaciones injustas, o para proteger instituciones injustas, como el mal llamado estado de bienestar, creo que muchos liberales pueden utilizar de manera apropiada el término “inmigrante informal”.

Testeando esta terminología con un gran amigo liberal que vive en California, y que alarmado por el impacto cultural, legal y económico, apoya restricciones más fuertes a la inmigración, me miró con un poco de sorpresa, y me comentó con cierta aprobación: “cuando tuve que escaparme y emigrar de Yugoslavia, pasé a Francia, y la situación legal, no me permitía trabajar, por suerte, en varias bases militares americanas, no discriminaban contra los que estaban en nuestra situación ‘informal’”. Mi amigo luego emigró legalmente a los Estados Unidos.

Cuando ustedes aborden el tema, me imagino que a favor de los inmigrantes, les sugiero que presten atención a los argumentos más serios de sus oponentes, y a las preocupaciones más serias del electorado.

Todos los datos nos muestran la importancia que tiene el estado de derecho para el pensamiento y el éxito de las ideas liberales. Pero este estado de derecho no proviene de la nada, proviene de consensos fruto del impacto conjunto de las ideas, los incentivos, el liderazgo, y la providencia. Flujos masivos de inmigrantes pueden llegar a hacer más difíciles estos consensos.

Una Propuesta de Trabajadores Temporales

Es importante para ustedes poder ofrecer soluciones creativas adecuadas al siglo XXI, consistentes con los principios liberales, la dignidad de las personas, y el enorme poder creativo del sector privado. Una de estas soluciones aplicable en muchos de sus países, aunque pensada inicialmente para los Estados Unidos, es la de un programa de trabajadores temporales administrado principalmente por el sector privado.

Un programa de trabajo temporal con adecuado control fronterizo no requiere ni amnistía, ni ciudadanía, ni residencia permanente. Es distinto tratar de ir a un país a trabajar que ir para convertirse en un ciudadano. Los requisitos de ambos son distintos. La inmigración y la ciudadanía requieren asimilación, los trabajadores temporales no.

La mejor propuesta que estudié, fue elaborada por la Vernon Krieble Foundation. La misma crea incentivos para que los inmigrantes informales salgan del país y vuelvan a entrar en forma legal, reduciendo así el problema de tener fronteras abiertas a todo tipo de riesgos.

Empresas de empleo privadas abrirían oficinas en países extranjeros para facilitar este proceso—chequear el perfil y el pasado de los trabajadores, conectar trabajadores con puestos de trabajo, producir tarjetas de identificación sofisticadas, monitorear a trabajadores, asegurar el cumplimiento de las leyes, y que el sistema sea ventajoso para empleados y empleadores.

Esta política reduciría grandemente los costos y facilitaría los controles fronterizos, ya que la mayoría de la gente entraría en forma legal. Una vez que el sistema es puesto en marcha y los temores disminuyan, los inmigrantes ilegales e informales podrían abandonar y entrar nuevamente al país y empezar a recibir los beneficios del estado de derecho en lugar de vivir al margen de la ley.

Sabemos que el sector privado ya provee soluciones similares de chequeo y control casi inmediato en el campo de la banca y el crédito. Compañías como USIS (United States Information Services) hacen chequeos de personas por razones de seguridad nacional mejor que el gobierno. Lo único nuevo de esta propuesta es su aplicación al fenómeno migratorio.

Algunos conservadores seguirán teniendo dudas de este sistema: ¿Qué hacemos si Al-Qaeda o algún grupo terrorista trata de entrar al país a través de estos medios?

A ellos les respondería con un principio que siguen las agencias de inteligencia más desarrolladas de que es más fácil infiltrar y monitorear redes y organizaciones autorizadas que redes subterráneas e ilegales. Los organismos de seguridad pueden muy bien complementar su tarea, ahora facilitada por la reducción en el flujo migratorio, con su propia tarea de, previos permisos judiciales, monitorear alguna de estas amenazas.

Liberales a favor de restricciones

Creo también que es importante que los políticos liberales conozcan el pensamiento de una corriente liberal que se opone a la actual política inmigratoria de muchos países. La oposición de reconocidos liberales (libertarios en el lenguaje de Estados Unidos) a la inmigración irrestricta, cobró un gran impulso luego de una presentación de Murray N. Rothbard durante la reunión regional de la Sociedad Mont Pelerin en Brasil, a comienzos de los años 90.

En síntesis, su postura era que en una sociedad basada completamente en la voluntariedad, donde toda la propiedad es privada, las fronteras no serían totalmente abiertas. Muy por el contrario, cada dueño podría admitir o no a quien quiera a su propiedad. Los liberales deberíamos tratar de avanzar a una sociedad que se acerque cada vez más a tal arreglo.

El marco legal debería facilitar tales arreglos, y el gobierno, encargado de la propiedad pública, no de la privada, debería tener la misma responsabilidad de decidir a quien recibir o no. Esta concepción “libertaria” no nos lleva, necesariamente, a una inmigración irrestricta.

Otros liberales acusaron a Rothbard de haberse pasado al campo contrario y de haber cambiado su posición. Rothbard mismo aclaró que comenzó a reflexionar más sobre el tema cuando vio cómo cuando la Unión Soviética empezaba a desmoronarse, el gobierno ruso alentó la emigración masiva hacia Estonia y Latvia con el objetivo de destruir la cultura y el lenguaje de estos pueblos.

Fue allí donde comenzó a atacar el régimen relativamente abierto de Estados Unidos, como reflejo de una apertura forzada por el estado, que es el que está a cargo de los aeropuertos, las calles, y todas las zonas públicas, por encima de la voluntad de los propietarios y los ciudadanos.

Hace unos pocos días, hablando con amigos liberales de Estonia, les pregunté acerca del hecho que alarmó a Rothbard. Rusia impulsó la migración masiva de 250,000-300,000 personas, a este pequeño país que tenía en ese momento 1.300,000 personas. Aproximadamente el 20% de la población.

Esa migración, por suerte, no fue un fenómeno negativo suficiente, por el momento, para impedir que las reformas realizadas por el Primer Ministro Mart Laar, conviertan a este país en uno de los milagros económicos de nuestro tiempo. En menos de una generación, las reformas liberales transformaron a esta ex colonia soviética en una de las economías más prósperas y libres del mundo. Rothbard murió antes de poder evaluar este fenómeno.

Otro libertario, Lew Rockwell, describió así la postura de Rothbard: “él mantuvo la misma posición durante toda su vida: no hay derecho a la inmigración (como Rothbard escribe en su libro la Ética de la Libertad), la inmigración, en cambio, debería ser por invitación, no invasión, esto es lo consistente con los dictados de una economía basada en la propiedad privada. Aplicando una política opuesta a las de mercado, el estado impide inmigrar a los invitados, pero permite que vengan las masas no invitadas”.

Aquí creo que Rockwell pasa por alto el hecho de que lamentablemente son muchos los que han emigrado sin poder esperar la invitación del país de destino. Es cierto, sin embargo, que para formalizar esta inmigración, las autoridades de una sociedad civil tienen que decidir si aceptan o no (más que invitar) el pedido de asilo o de residencia del inmigrante.

Rockwell y algunos de sus colegas liberales parecen desafiar no sólo tradiciones liberales sino también algunas de las tradiciones religiosas. Comparto con él mi pertenencia a la Iglesia Católica, y la defensa del inmigrante tiene una fuerte y antigua tradición.

Simplemente basta recordar la historia de María antes del nacimiento de Jesús, así como los peregrinajes de los apóstoles y misioneros. ¿Qué hubiese sido de ellos si necesitaran pasaportes o visas de entrada? Fue sin embargo Pío XII, el primer Sumo Pontífice que declaró que toda persona tiene el derecho natural a emigrar o inmigrar y que estos no pueden ser negados o anulados por actos de gobierno, que deben ser reconocidos en su totalidad, protegidos y promovidos por la nación o por la comunidad de naciones.

En una carta dirigida a los obispos americanos el 24 de Diciembre de 1948, Pío XII declaró “la ley natural en sí misma, no menos que la devoción a la humanidad urge que se abran caminos de inmigración para la gente necesitada.

Porque el Creador del Universo hizo todas las cosas primeramente para el bien de todos. Si por ende, en una localidad, la tierra ofrece la posibilidad de sostener a un grupo numeroso de personas, la soberanía del Estado, aunque debe ser respetada, no lo puede ser en forma exagerada a tal punto que el acceso a su tierra fuera negado por razones insuficientes e injustificadas a la gente necesitada y decente de otras naciones . . .” pero Pío XII termina el párrafo diciendo “siempre y cuando, desde ya, que el bien público (public wealth) considerado cuidadosamente, no lo prohiba”.

De esta forma, parece devolver el tema de la inmigración al campo de lo prudencial, más que al campo de un derecho que deber ser respetado en toda circunstancia.

Otro argumento que los liberales no pueden evadir, es el del impacto del estado benefactor. La historia que viene a mi mente es la visita que tuve hace más de 15 años, de una persona muy relevante del mundo liberal de Estados Unidos. En ese momento, la fundación que dirijo tenía unas oficinas muy pequeñas. Algunos de ustedes quizás lo recuerdan. Este abogado importante de la empresa de petróleo Atlantic Richfield (ARCO), venia a intercambiar ideas con amigos liberales.

Cuando vio que uno de los líderes de Atlas era un hispano-americano (yo) sin que le preguntara me confesó, “tengo una impureza (leak en inglés) en mi postura liberal.” Le pregunté cuál era esta, y el me respondió. “Mira, yo vivo cerca del borde con México. Mientras tengamos el estado benefactor como el de hoy, pienso que no podemos tener una frontera totalmente abierta”.

Recién en ese momento, me di cuenta que la persona que decía esto había sido, solo unos años antes, el candidato a presidente del partido libertario de Estados Unidos, Ed Clark. Esta conversación tuvo lugar casi dos décadas atrás. Clark, si mal no recuerdo, estaba o está, casado con una mexicana, hermana o parienta muy cercana del economista liberal Luis Pazos. El tema de la inmigración en Estados Unidos, como vemos, no es nuevo, aunque ahora ha cobrado una importancia aún mayor.

La mayoría de los liberales concuerdan que los inmigrantes que no viven del bienestar social no están agrediendo o causándole un perjuicio a nadie. Por tal motivo no deberíamos preocuparnos por ellos e impedirles su entrada a un país seria un acto de coerción.

Don Boudreaux, el decano del departamento de economía de la Universidad de George Mason, en Estados Unidos, argumenta que como el estado tiene el poder de coerción, es peligroso darle el mismo poder discrecional que los liberales le otorgan al propietario privado.

Un propietario privado que discrimina por motivos raciales a quien invitar a su casa, violaría un principio de caridad, pero no cometería una injusticia legal. Pero ¿podemos decir lo mismo de un gobierno que discrimina del mismo modo, para permitir la entrada a un parque público, o a un país?

En las reuniones que tendremos en estos días durante la Liberal Internacional trataremos temas difíciles. ¿Cual debe ser la postura liberal ante los inmigrantes ilegales que se aprovechan del sistema de bienestar social? ¿Que hacer ante casos en que una corriente migratoria es iniciada por un estado pare desestabilizar a un vecino?

También tocaremos el tema de la seguridad y seguramente analizaremos propuestas como las soluciones que ofrecen algunas de nuestras estrellas liberales (desde el premio Nobel Gary Becker hasta el gran pensador español Lorenzo Bernaldo de Quirós) como la de rematar las visas de entrada y aquellos que más pagan para entrar a un país, adquieren el derecho de entrada.

Pero no podremos escondernos de la pregunta ¿que sucede si la familia Bin Laden es la que más ofrece para entrar? Varios países han adoptado la política de requerir una fuerte inversión como requisito para darle la residencia legal a una persona. Pero el gobierno se reserva el derecho de monitorear los pedidos de residencia por motivos de seguridad.

Conclusión

En esta charla introductoria les he dado un pantallazo de la inmigración global mostrando como la misma afecta a casi todas las regiones, pero de un modo muy distinto. Empecé hablando del tema genético, y dejé para el final uno de los temas más relevantes del mismo. Ese mismo gen D4-7, que hace más fácil a alguno de nosotros emigrar, es el que predomina en los empresarios y comerciantes, otro grupo dispuesto a tomar riesgos grandes como los inmigrantes.

Los inmigrantes que no se acogen al estado benefactor, como bien lo demuestran los trabajos de Thomas Sowell, incluso cuando son de raza negra, han progresado más que la ciudadanía blanca nativa. Muchos se han convertido en empresarios muy exitosos y han refrescado el espíritu empresarial norteamericano.

Otro de los temas que los liberales deberemos contribuir es el de estudiar si nuestra defensa por la libertad de asociación nos puede permitir discriminar en la provisión y acceso de los inmigrantes ilegales e informales los bienes (¡y males!) provistos por el estado.

Les ofrecí tres puntos que pueden ser importantes para sus posturas políticas liberales:

a) la posibilidad de usar un lenguaje más apropiado al liberalismo, usando más el término inmigrante “informal” que el de “ilegal,”

b) la posibilidad de contemplar una propuesta de trabajadores temporales adecuada a las nuevas tecnologías, desafíos, y oportunidades del siglo XXI, y

c) una descripción de las ideas de una corriente liberal importante que se opone a las corrientes de inmigración que resultan de las actuales políticas estatistas de hoy en día.

Las posturas liberales en el tema migratorio pondrán más distancia con nuestros amigos conservadores, y quizás hará más difícil la formación de alianzas. F. A. Hayek, en su ensayo Porqué no soy un Conservador, mostró algunas de las diferencias entre los conservadores y los liberales. Una de estas diferencias es el temor al cambio. Otra es la oposición conservadora al internacionalismo. Ambas características se ven afectadas especialmente por la inmigración.

Los liberales estamos mucho más de acuerdo, y a la avanzada, en la promoción de la libertad de comercio, y de las libertades económicas y políticas a nivel nacional, que en el debate migratorio. Sabemos que políticas que tienden hacia un mayor respeto por la libertad y la dignidad humana pueden llevar, en muy poco tiempo, como en Irlanda, a que un país se convierta en tierra de inmigración en lugar de emigración. Tendremos que abordar con seriedad el tema de la inmigración y espero que mis sugerencias les hayan servido.

Seguramente habrán encontrado algunos errores en mi presentación y ustedes cometerán algunos errores si tratan de implementarlas. Pero, como liberales, espero que los errores que cometan, sean por darle más campo a la libertad, y por defender este valor tan importante que nos une a los liberales hoy aquí presentes en tierra mexicana.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.





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