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Moral de la Empresa
Selección de ContraPeso.info
22 marzo 2007
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta parte de un texto del Rev Robert A. Sirico. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de reproducción. El tema tratado por el autor es la vocación empresarial.

Hay una comprensible resistencia moral a la imagen de la empresa exitosa si uno presupone que el motor de tal actividad está animado por la ambición, el egoísmo, el deseo de poseer, o el orgullo.

El punto no es que algunos empresarios sean ambiciosos u orgullosos; sino si estas fallas en el carácter constituyen la norma en los empresarios exitosos. La intención aquí no es pasar por alto el hecho de que existen serias tentaciones asociadas con la riqueza y el éxito, sino llegar a una apreciación más balanceada del carácter moral de los empresarios.

Por alguna razón, los críticos morales a menudo se concentran en las ganancias personales de los empresarios­ como si la riqueza en sí misma fuera de algún modo injusta- pero pierden de vista los muchos riesgos personales con que cargan estos individuos.

Mucho antes de que los empresarios vean una retribución a su idea o inversión, deben entregar su tiempo y posesiones a un destino desconocido. Pagan impuestos altos aún antes de saber si su predicción ha sido acertada. No tienen ninguna seguridad de ganancias. Cuando las inversiones retornan con ganancias, muchas de ellas usualmente se reinvierten (y algo va a la caridad y a las instituciones religiosas).

Algunas veces los empresarios cometen errores de juicio y malos cálculos, y el negocio sufre pérdida financiera. La naturaleza de la vocación es tal, que los mismos empresarios deben aceptar la responsabilidad por sus pérdidas sin poner el peso de la culpa en el público. De manera que la persona con una verdadera vocación para ser un agente de cambio, debe permanecer vigilante, ya que las condiciones económicas están siempre cambiando.

Cuando un riesgo económico falla, los profesionales religiosos deberían considerar si no es mejor alentarlos que condenarlos. ¿O las pérdidas económicas sufridas por los capitalistas deberían ser vistas como lo que justamente merecen? ¿Por qué no mejor hacer de tales ocasiones oportunidades para demostrarles simpatía o cuidado pastoral?

Ya sea que ellos ganen o pierdan, poniéndose ellos mismos y su propiedad en peligro, los empresarios hacen del futuro algo un poco más seguro para el resto de nosotros.

Lo que es único sobre la institución de la actividad empresarial es que ésta no requiere la intervención de un tercer partido ya sea para establecerla o mantenerla. No requiere ningún programa gubernamental o manuales gubernamentales. No requiere préstamos de bajos intereses, un trato especial de impuestos, o subsidios públicos. Ni siquiera requiere de una educación especializada o un título universitario prestigioso.

La actividad empresarial es una institución que se desarrolla orgánicamente de la inteligencia humana situada en el contexto del orden natural de la libertad. Aquellos con el talento, el llamado, y la aptitud para la creatividad económica están compelidos a entrar a la vocación empresarial con el propósito de producir bienes y servicios y proveer trabajos.

Verdaderamente, los dones que los empresarios ofrecen a la sociedad en toda su extensión se encuentran más allá de lo que ellos u otros puedan comprender plenamente. Los empresarios son la fuente de más bien social y espiritual que lo que generalmente se reconoce.

Este hecho, sin embargo, no contradice el papel propio de la dirección espiritual de un pastor, refiriéndose no solamente a fallas morales, sino también a prioridades desubicadas, rechazo a la familia, e inatención al desarrollo espiritual debido al exceso de trabajo.

El clero debe recordar a cada uno de la seriedad del pecado y convocar a la virtud, lo cual significa que debe, de la misma manera, desafiar a los empresarios cuando siguen un rumbo equivocado. Para ser auténtica, esta dirección espiritual debe estar cimentada en un entendimiento de lo que el judaísmo y el cristianismo han tradicionalmente entendido como pecado, no en alguna ideología políticamente correcta disfrazada como teología moral.

Ésta es una difícil transición para muchos líderes religiosos, especialmente porque el marco moral que han heredado para entender la productividad económica fue desarrollado en un mundo pre-capitalista.

Es una ardua tarea traducir y aplicar la doctrina social cristiana pre-moderna al ambiente dinámico de un mundo post-agrario, post-industrial, y ahora, post-comunista. Es especialmente difícil porque, mientras la naturaleza humana no cambia, el contexto socio-económico en el cual la naturaleza humana existe es radicalmente diferente de aquellas culturas y sociedades donde los principios de la teología moral se desarrollaron primero.


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